El jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, admitió ayer que está analizando el nuevo Código Contravencional, votado la semana pasada por la Legislatura, y si bien aún no se pronunció acerca de posibles vetos, dijo que la eventual creación de una «zona roja» para que sea ejercida allí la prostitución «es una opción». Como es una atribución del gobierno de la Ciudad, «veremos si es viable», dijo Ibarra al ser consultado acerca de la posible creación de una zona roja.
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Además, y en sintonía con la opinión de penalistas como el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni, se mostró en desacuerdo con el aumento de las penas o con la disminución de la edad de imputabilidad en los menores. «El delito más severamente castigado en la Argentina es el secuestro seguido de muerte ¿no? Desde hace bastante tiempo, ¿y dejó de haber secuestros? No dejó de haber», afirmó.
También coincidió con la desconfianza de Néstor Kirchner hacia la Policía Federal, porque afirmó que darles algunos temas «sabemos que a veces es espacio para algunas tentaciones de acuerdos en algún sector policial».
Desde la oposición están convencidos de que Ibarra terminará vetando partes del Código, no por convicción, sino por conveniencia política. Aunque si lo hace, reglamentariamente la totalidad de la norma volverá a la Legislatura. Y todo comenzará a rodar otra vez. Jorge Mercado, macrista de Compromiso para el Cambio, afirmó estar convencido que «va a vetarlo, despedazando a Mauricio (Macri), porque necesita oxígeno político y el Código puede dárselo».
Con parecido tono crítico se manifestó Juan Carlos Lynch, macrista vicepresidente del bloque Juntos por Buenos Aires, quien calificó al Código como «un producto del ideologismo de Ibarra más el aporte anárquico de la izquierda. Un Código legislado por quienes tienen manías persecutorias, que preservan los derechos de los menos en contra de los más».
Acerca de posibles vetos al Código, Ibarra admitió que pondrá la lupa sobre «la oferta de sexo en la calle y los cortes de la vía pública por parte de manifestantes». Dos temas que el Código defiende. En ambos casos, el jefe de Gobierno de la Ciudad criticó el hecho de que la norma votada por los legisladores porteños le «tiró la pelota» a él.
Mercado, opositor y apuntando al resultado final aprobado, dijo que «nosotros queríamos un código que no persiguiera a los pobres, pero la necesidad de reunir 31 votos (sobre 60) obligó a negociar». Lynch fue más terminante: «No es lo que nosotros queríamos; donde insólitamente todo termina siendo derechos humanos, preservando los derechos de las minorías; de allí la protección a la prostitución y a los piqueteros».
• Aplicación difícil
Enfrentado a la ejecución de un Código que puede terminar resultando un pesado lastre político frente al electorado porteño, Ibarra afirmó que «la herramienta que votó la Legislatura, tal como está, es muy difícil de aplicar», sentenció. Recalcó que si con la sanción de una ley «fuera suficiente para resolver los conflictos que tiene la Ciudad», la solución sería «muy fácil».
Preparando el terreno para evitar crear falsas expectativas, el jefe de Gobierno de la Ciudad dijo que «no alcanza con tirarle a la Policía la ley y que ella la vaya a cumplir». Agregó que no sirve con «escribir una ley como uno quiere si después no se puede aplicar». «Vamos a analizar todo. Que tenga diferencias serias con algunas cosas no significa que vaya a vetar todo, pero que quede en claro mi postura: los que creen que con una sanción de una ley se transforma mágicamente la realidad, están muy equivocados», insistió.
Sobre la oferta de sexo en la vía pública, el mandatario porteño reconoció que la Legislatura cedió a la iniciativa de crear «zonas rojas», algo que analiza si veta o no. Al definir su posición, Ibarra reiteró que es proclive a la « regulación» de la actividad ya que no se puede ofrecer sexo en la vía pública «en cualquier lado».
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