20 de septiembre 2007 - 00:00
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Greg Hicks (Don Quijote) yTony Bell (Sancho Panza)
Esa idea se sintetiza en el cartel de la obra: una carretera que atraviesa el agreste paisaje manchego junto al rótulo de neón "Welcome to fabulous La Mancha, Spain" ("Bienvenido a la fabulosa La Mancha, España") bajo la mirada lejana de un toro de Osborne.
La adaptación al inglés del clásico cervantino, que se representará -también en la lengua de Shakespeare, aunque con subtítulos en español- en el próximo Festival de Otoño del Teatro de Madrid, corre a cargo de un elenco de diez actores.
El reparto está encabezado por el británico Greg Hicks, un actor muy prestigioso en el Reino Unido como pilar de la Royal Shakespeare Company que asume, por primera vez en treinta años de carrera, el reto de meterse en la piel del Caballero de la Triste Figura.
"Se trata de un gran desafío porque interpretas a un mito, a parte de la conciencia colectiva de toda una nación", dijo a Efe Hicks, que confiesa practicar la capoeira -el famoso baile brasileño rayano en el arte marcial- antes de ensayar su nuevo papel.
En el escenario, unos espejos donde se proyectan imágenes del paisaje manchego -"dorado, metafísico", como "una nada en conexión con el cielo", en palabras de Ley- sirven de trasfondo a un intenso espectáculo en el que realidad e imaginación pugnan sin tregua.
Al igual que en la novela de Cervantes, Don Quijote enloquece leyendo libros de caballería que, ahora en pleno siglo XXI, escupe una máquina expendedora de coca-cola, y lucha contra gigantes que ya no son molinos de viento, sino meros ventiladores convencionales.
El ingenioso hidalgo también decide armarse caballero medieval en una venta que le parece un castillo, pero que en 2007 se ha tornado en un bar de carretera donde sensuales señoritas de compañía tientan al héroe cervantino, si bien él aún suspira por Dulcinea del Toboso.
No falta tampoco la burla cruel en la que el duque, convertido en un rico socarrón que juega al golf, y la duquesa otorgan una ínsula a Sancho, que luce gafas de sol y encarna el actor Tony Bell, cuya complexión delgada rompe con el tópico del escudero gordinflón.
Uno de los momentos más divertidos es la llegada de Don Quijote a Barcelona, donde es recibido como una estrella por periodistas y acaba bailando, pese a su armadura, en una discoteca llena de chicas guapas al ritmo de la conocida canción "Like a prayer", de Madonna.
A semejanza del texto original, el gran manchego encuentra la "muerte espiritual" -como dice Galindo- en la playa de Barcelona, en cuya arena es vencido por el Caballero de la Blanca Luna y se ve obligado, muy a su pesar, a abandonar la caballería andante.
Se trata, en fin, de un montaje que derrocha humor y emoción y que, según Hicks, "puede ser muy interesante para las audiencias de 2007", pues "la inocencia y el heroísmo imaginario" de Don Quijote son cualidades que se dan hoy día con "muy poca frecuencia".



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