13 de octubre 2004 - 00:00
Preocupante
Un abogado porteño, víctima de un secuestro que terminó en una villa del conurbano bonaerense, se negó ayer a hacer ante la Policía un relato de lo que vivió. Teme que sus captores consigan la declaración y vayan tras de él en venganza. Acusó, además, a los jueces de «no tener cojones» para combatir a los delincuentes y dar la protección que necesitan los ciudadanos. Comprensible esa actitud, pero abre perspectivas tenebrosas, porque es un triunfo de la delincuencia por sobre los poderes del Estado, la única chance que tiene el país de frenar la imparable ola criminal. Ayer, además, mataron a un testigo de un crimen en Quilmes, horas antes de que declarase, lo que refuerza la intimidación colectiva. Patricia Nine cumplió ayer dos semanas en cautiverio.
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«Voy a declarar ante el juez que no recuerdo absolutamente nada, si bien recuerdo absolutamente todo. Creo que si los jueces no tienen cojones para terminar con todo esto no pueden pretender que un particular, como soy yo, juegue de Superman», manifestó el abogado Pablo García.
García aseguró que mientras estuvo secuestrado en la Villa 18 de San Martín, todos los habitantes, del primero al último, sabían lo que estaba pasando allí.
«Si me preguntan cuántos son los secuestradores, yo puedo decir cinco, pero era toda la villa; del primero al último conocían la situación: la señora, los nenes...», agregó el letrado, quien dijo que está pensando en irse del país.
«Lamentablemente estamos en un país donde no hay decisión, no política, porque la Justicia no tendría que ver con la política, pero no hay decisión judicial, no hay jueces con cojones y la Justicia no tiene independencia o no tiene fallos justos», añadió la víctima.
García dijo que si por él hubiese sido, no hubiera realizado denuncia policial, sino que hubiera pagado directamente el rescate sin dar aviso a las autoridades.




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