21 de octubre 2003 - 00:00

Caso de ajusticiado por la prensa más notorio del país

El padre Julio César Grassi, en la Fundación Felices Los Niños. Pese a la infamia, la obra sigue desarrollando tareas para proteger a los menores (arriba). María L. Santillán y  F. Nieva Woodgate (abajo).
El padre Julio César Grassi, en la Fundación Felices Los Niños. Pese a la infamia, la obra sigue desarrollando tareas para proteger a los menores (arriba). María L. Santillán y F. Nieva Woodgate (abajo).
El sacerdote Julio Grassi tenía mucha esperanza, en definitiva es un hombre de fe. Los padres de una asociación que representa a varios miles de ellos, con chicos criados, educados y salvados de la calle por la Fundación Felices Los Niños, personas muy simples, lo creían firmemente. Lo creían los jóvenes ya egresados de ese hermoso instituto; el personal, las monjas. Igualmente los donantes dudaban. Con el pesimismo de un hombre curtido por los años de ejercer el periodismo, en un país tan difícil como la Argentina, se los había anticipado: las presiones corporativas y el haber sido planteado el caso con una repercusión de prensa lo suficientemente grande como para ya imponer condena, hacía imposible que la maniobra contra el sacerdote encontrara en la Justicia de Morón quién se arriesgara a enfrentarla y dispusiera lo que correspondería en cualquier país del mundo. El disparatado procesamiento del padre Grassi debía ser anulado y archivado por falta de pruebas, parcialidad y alevosía en los estrados judiciales intervinientes, prejuzgamiento y falta de garantías en juicio. Pero en Morón se dispuso que sea enviado a juicio oral.

Aunque evidentemente en ese departamento provincial muchos conocen las anomalías y hasta tropelías que se han concretado en este proceso, era previsible que nadie arriesgara y que -en el mejor de los casos- un tribunal de tres miembros valore toda la prueba y quizá disponga la inocencia. Y si no el Tribunal de Casación. Y si no la Suprema Corte de la provincia. Y si no la Corte Suprema de la Nación, pero no las instancias inferiores entrelazadas y comprometidas de Morón.

Es el largo calvario que como prueba a su fe le espera a este simple sacerdote, que sólo cometió un gran pecado: hizo la obra asistencial de chicos más importante del país, más valorada y respetada en el exterior que no era ni estatal ni de inspiración progresista. Pecado casi mortal en la Argentina de estos días.

La obra de Grassi es directamente una quijotada. En la provincia más rica y más grande de la Argentina, donde el Estado no tiene lugar suficiente para alojar a los chicos de la calle, ¿cómo va a venir un simple sacerdote a utilizar unas tierras públicas abandonadas, a erigir guarderías infantiles, escuelas primarias, politécnica, dormitorios para niños de la calle alojados, gabinetes de idioma y computación (en ex containers del puerto adaptados que le cedió el ex titular de la AFIP Carlos Silvani, tras incautarlos del contrabando) y hasta un minihospital? ¿Cómo tremenda osadía de la iniciativa privada y de una religión, que es el catolicismo pero pudo ser cualquiera, iba a extenderse a cinco provincias, inclusive con sede de esa Fundación en el barrio Chacarita en la Capital Federal? Además de recibir en donación la propia quinta privada del ex presidente Eduardo Duhalde para dar de comer y asistir a chicos carenciados o que el actual presidente Néstor Kirchner le facilitara la construcción de una casa asistencial similar en Santa Cruz?

Lo peor es que tremendo logro de la iniciativa privada y del esfuerzo individual sobre el estatismo por parte de un religioso (si no lo hubiera sido no lo habrían atacado así) se dio en el único distrito grande bonaerense manejado por el frepasismo con tendencia asistencial populista, aunque el actual intendente Martín Sabatella es un moderado muy querido en la zona y que ganó democráticamente por alto porcentaje.

• Jibarismo

Los hombres de la Justicia de Morón que planearon la maniobra contra Grassi junto a productores, matrimonios y periodistas de «Canal 13» y «Clarín» fueron designados en la época del caudillaje local del legislador justicialista Horacio Román.

En ese contexto de jibarismo de los derechos individuales en Morón, la Cámara de Apelaciones obviamente otorgó el juicio oral que no correspondía. «Clarín» desde ya lo agranda. Para herirlo más llama siempre «cura» al sacerdote. Le adjudica cuatro acusaciones para el juicio oral cuando en realidad es solamente una (del denominado «Gabriel») por presunto intento de abuso sexual aunque hay en contra de esta sola acusación numerosas irregularidades como: el intento de extorsión contra el mismo Grassi, por «Gabriel», presentándose ante testigos en la Fundación; el error de fechas del acusador (atribuye el intento cuando ya no estaba en ese instituto); las cartas manuscritas del propio Oscar Aguirre («Gabriel», hoy de 22 años) explicando los motivos reales de su alejamiento por enemistad con los otros internos; el testimonio escrito de las psicólogas que lo atendieron y de la mujer que lo recibió en su casa y lo crió. Además, está probado que Aguirre o «Gabriel» es un activista de izquierda que participó en los desmanes y saqueos del 20 de diciembre que precedieron al golpe institucional contra Fernando de la Rúa. Igualmente está comprobado y admitido que el «asesor» espiritual de Aguirre o «Gabriel», el psicólogo Enrique Stola, es también un activista como lo reconoció, con orgullo, públicamente.

Como un único testimonio acusador -y tan endeble- no bastaba para un juicio oral, la Cámara de Apelaciones (aquí sí en actitud más deplorable que el solo actuar solidariamente con colegas) «aumenta» las menciones que «Clarín» transforma en «acusaciones».

«Ezequiel», el otro menor, no es un caso de presunto abuso en su persona, sino que dice que vio un supuesto abuso en otro menor que nunca identificó; dijo que con «el otro» estaban en clases y cumplía años en pocos días, el 20 de enero, cuando ya no había clases, contradicción que visualizó la jueza de Garantías López Osornio pero que no se atrevió a citar en su resolución por una actitud similar a la de la actual Cámara de Apelación de no hacer caer el juicio oral, aunque no declaró la validez de los dichos de «Ezequiel».

«Clarín» necesita imperiosamente la condena de Grassi tras haber lanzado la ignominiosa campaña falsa contra el sacerdote. Si no lo logra, le pueden sobrevenir no menos de siete juicios civiles adversos y unos cinco penales iniciados contra periodistas y productores (alguno de los cuales, como Miriam Lewin, ya separó de su personal). No olvidemos nunca que el caso Grassi lo toma «Clarín» en represalia contra el sacerdote de la Fundación porque no fue a declarar en el juicio que ganó Oscar Salvi a favor de Rodolfo Galimberti, Jorge Rodríguez y Juan Born por una colecta de Susana Giménez. Con toda la deformación en prensa que hay en la Argentina y sustitución de la Justicia en condenas, «Clarín» había atacado a ese trío empresario porque Susana Giménez no quiso pasar de «Canal 11» a «Canal 13». No declara Grassi, se pierde el juicio que alentaba «Clarín». En esos momentos aparecen los productores ofreciendo el caso Grassi que originalmente fue una simple intriga entre juezas de menores de Morón en disputa por puestos judiciales, apoyadas por otros jueces amigos y todo rodeado de oscuros anónimos contra Grassi sin prueba alguna.

Servía, sin embargo, para ajusticiar dentro de la soberbia del diario monopólico al sacerdote. A esto se sumaban los sobornos comprobados a testigos falsos y el accionar de semanarios de Morón con rencor por los éxitos del joven jesuita. La izquierda sabe que, históricamente, nunca ha podido manejar la economía ni el bienestar de los pueblos cuando han caído bajo su égida. Por lo menos, entonces, quiere que el asistencialismo provenga sólo del Estado, no de particulares. No admite la ideologización (el materialismo histórico de Marx) que haya hombres buenos que sacrifiquen consumos y donen.

Decidido a condenarlo «Clarín» y «Canal 13» suman como «cargos» contra Grassi las presuntas amenazas para que el menor «Ezequiel» moficara su testimonio. Si fuera cierto, correspondería al juzgamiento de otros, pero no abultar con más falsedades el juicio Grassi.

Recuérdese que ante jueces tan reconocidos por su trayectoria como Ricardo Oyama, más un asesor de Menores, el citado «Ezequiel» declaró que en «Canal 13» «me habían hecho la cabeza» para que declarara contra el padre Grassi. Hasta el titular de una Cámara Civil y Comercial de Morón quitó al menor de la custodia lógica otorgada a la misma hermana por un juez de menores para dársela a Aníbal Vera, quien fue el que lo llevó a Mar del Plata de paseo, antes de presentarlo como «denunciante» en «Canal 13» programa «Telenoche Investiga» dirigido por María Laura Santillán en su rentrée con búsqueda de casos de repercusión alentada por su esposo, empleado de «Clarín».

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