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Caso de ajusticiado por la prensa más notorio del país
El padre Julio César Grassi, en la Fundación Felices Los Niños. Pese a la infamia, la obra sigue desarrollando tareas para proteger a los menores (arriba). María L. Santillán y F. Nieva Woodgate (abajo).
Los hombres de la Justicia de Morón que planearon la maniobra contra Grassi junto a productores, matrimonios y periodistas de «Canal 13» y «Clarín» fueron designados en la época del caudillaje local del legislador justicialista Horacio Román.
En ese contexto de jibarismo de los derechos individuales en Morón, la Cámara de Apelaciones obviamente otorgó el juicio oral que no correspondía. «Clarín» desde ya lo agranda. Para herirlo más llama siempre «cura» al sacerdote. Le adjudica cuatro acusaciones para el juicio oral cuando en realidad es solamente una (del denominado «Gabriel») por presunto intento de abuso sexual aunque hay en contra de esta sola acusación numerosas irregularidades como: el intento de extorsión contra el mismo Grassi, por «Gabriel», presentándose ante testigos en la Fundación; el error de fechas del acusador (atribuye el intento cuando ya no estaba en ese instituto); las cartas manuscritas del propio Oscar Aguirre («Gabriel», hoy de 22 años) explicando los motivos reales de su alejamiento por enemistad con los otros internos; el testimonio escrito de las psicólogas que lo atendieron y de la mujer que lo recibió en su casa y lo crió. Además, está probado que Aguirre o «Gabriel» es un activista de izquierda que participó en los desmanes y saqueos del 20 de diciembre que precedieron al golpe institucional contra Fernando de la Rúa. Igualmente está comprobado y admitido que el «asesor» espiritual de Aguirre o «Gabriel», el psicólogo Enrique Stola, es también un activista como lo reconoció, con orgullo, públicamente.
Como un único testimonio acusador -y tan endeble- no bastaba para un juicio oral, la Cámara de Apelaciones (aquí sí en actitud más deplorable que el solo actuar solidariamente con colegas) «aumenta» las menciones que «Clarín» transforma en «acusaciones».
«Ezequiel», el otro menor, no es un caso de presunto abuso en su persona, sino que dice que vio un supuesto abuso en otro menor que nunca identificó; dijo que con «el otro» estaban en clases y cumplía años en pocos días, el 20 de enero, cuando ya no había clases, contradicción que visualizó la jueza de Garantías López Osornio pero que no se atrevió a citar en su resolución por una actitud similar a la de la actual Cámara de Apelación de no hacer caer el juicio oral, aunque no declaró la validez de los dichos de «Ezequiel».
«Clarín» necesita imperiosamente la condena de Grassi tras haber lanzado la ignominiosa campaña falsa contra el sacerdote. Si no lo logra, le pueden sobrevenir no menos de siete juicios civiles adversos y unos cinco penales iniciados contra periodistas y productores (alguno de los cuales, como Miriam Lewin, ya separó de su personal). No olvidemos nunca que el caso Grassi lo toma «Clarín» en represalia contra el sacerdote de la Fundación porque no fue a declarar en el juicio que ganó Oscar Salvi a favor de Rodolfo Galimberti, Jorge Rodríguez y Juan Born por una colecta de Susana Giménez. Con toda la deformación en prensa que hay en la Argentina y sustitución de la Justicia en condenas, «Clarín» había atacado a ese trío empresario porque Susana Giménez no quiso pasar de «Canal 11» a «Canal 13». No declara Grassi, se pierde el juicio que alentaba «Clarín». En esos momentos aparecen los productores ofreciendo el caso Grassi que originalmente fue una simple intriga entre juezas de menores de Morón en disputa por puestos judiciales, apoyadas por otros jueces amigos y todo rodeado de oscuros anónimos contra Grassi sin prueba alguna.
Servía, sin embargo, para ajusticiar dentro de la soberbia del diario monopólico al sacerdote. A esto se sumaban los sobornos comprobados a testigos falsos y el accionar de semanarios de Morón con rencor por los éxitos del joven jesuita. La izquierda sabe que, históricamente, nunca ha podido manejar la economía ni el bienestar de los pueblos cuando han caído bajo su égida. Por lo menos, entonces, quiere que el asistencialismo provenga sólo del Estado, no de particulares. No admite la ideologización (el materialismo histórico de Marx) que haya hombres buenos que sacrifiquen consumos y donen.
Decidido a condenarlo «Clarín» y «Canal 13» suman como «cargos» contra Grassi las presuntas amenazas para que el menor «Ezequiel» moficara su testimonio. Si fuera cierto, correspondería al juzgamiento de otros, pero no abultar con más falsedades el juicio Grassi.
Recuérdese que ante jueces tan reconocidos por su trayectoria como Ricardo Oyama, más un asesor de Menores, el citado «Ezequiel» declaró que en «Canal 13» «me habían hecho la cabeza» para que declarara contra el padre Grassi. Hasta el titular de una Cámara Civil y Comercial de Morón quitó al menor de la custodia lógica otorgada a la misma hermana por un juez de menores para dársela a Aníbal Vera, quien fue el que lo llevó a Mar del Plata de paseo, antes de presentarlo como «denunciante» en «Canal 13» programa «Telenoche Investiga» dirigido por María Laura Santillán en su rentrée con búsqueda de casos de repercusión alentada por su esposo, empleado de «Clarín».


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