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7 de marzo 2006 - 00:00

Encrucijada judicial del diario y la benefactora

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Cocina de la Fundación Felices Los Niños. La perfección de las instalaciones quita el sueño a quienes ambicionan con apropiársela. Traman contra su creador hace 12 años, el sacerdote Julio Grassi, pero se les derrumban las pruebas, se les rebelan los chicos a quienes les armaron declaraciones para que acusen. Por eso usan ahora a figuras de prestigio, tipo Estela de Carlotto, y presionan a los jueces que actuarán.

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Se sabe que el abogado Juan Gallego dirige una de las tantas organizaciones que preside Carlotto.

Gallego está iracundo por no tener ya patrocinante para estar en el juicio contra el religioso el 3 de julio al desistir «Gabriel» como «particular damnificado» (igual podrá ser citado por el fiscal como testigo). De esa desilusión viene este traspié de imagen pública como autoritaria y presionadora de jueces de Carlotto.

Pero también está la necesidad de esta mujer de congraciarse un poco con el monopolio «Clarín» y su directora, a quien tiene arrinconados en un fallo en la Corte Suprema, tribunal que, a su vez, no sabe cómo decidir porque ambas partes gozan de especial simpatía del presidente Néstor Kirchner. Y se sabe que esta Corte fue elegida directamente por Kirchner.

El caso se resume así según la información que consiguió la revista «Edición i» que dirige Edgar Mainhard: Las Abuelas de Plaza de Mayo, que preside Estela de Carlotto, denunciaron al entonces juez Roberto Marquevich, de San Isidro, que le dio acogida (otros jueces capitalinos se sacaron el tema de encima), que los hijos adoptivos de la señora Ernestina de Noble podían ser de desaparecidos.

Falsedades en declaraciones atribuidas a testigos y fallas en actas motivaron que Marquevich dispusiera dos medidas: la detención que llegó a 3 días por presunta culpabilidad de la señora de Noble, invocando riesgo de que saliera del país y, aparte, un examen irrenunciable de ADN a los menores que, en estos casos judiciales de desaparecidos se hacen oficialmente en el Banco Nacional de Datos Genéticos del hospital municipal Durand en la Capital Federal.

Los abogados de «Clarín» apelaron de inmediato la detención de la directora del diario, pero en el apuro se olvidaron de apelar también el examen de ADN obligatorio, que era el segundo punto.Cuando en la presentación de defensa, por un principio judicial insuperable, si una parte de la acusación no es apelada queda firme inexorablemente porque se descuenta que el imputado la da por cierta o acepta, si no la incluyó en su escrito de oposición. La Cámara de San Martín, entonces, revocó la detención de la señora de Noble como exclusivamente se pedía, pero no la obligación de que sus hijos adoptivos se sometieran al examen de ADN (se llama «análisis de histocompatibilidad»).

Por su peso, «Clarín» logró que a Marquevich le hicieran juicio político y lo destituyeran, porque casi nadie quiere problemas con el monopolio y le temen. Por tremenda omisión, aquellos primeros abogados de «Clarín» fueron automáticamente despedidos por el diario contratante, obvio.





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