La resolución veloz de un caso humanitario por parte de la Corte Suprema de Justicia desnudó otra singularidad del tribunal en su nueva constitución: atendió la queja de un abogado en favor de un enfermo de sida cual una oficina de reclamos, tomó medidas sin que resolviera nada un tribunal inferior y encima pidió el enjuiciamiento de un juez por creer que había actuado con lentitud. La Corte Suprema es un tribunal de excepción al que se llega en reclamos por violación de garantías constitucionales si lo habilitan instancias inferiores. Es polémico incluso que apele al llamado «per saltum» para analizar un caso que esté a estudio de un escalón más bajo. Pero esta vez actuó como una oficina de reclamos y decidió sin que ni el propio abogado peticionante pueda dar una justificación solvente de tamaño apartamiento de las normas, aunque fuera en beneficio de una causa urgente y humanitaria.
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Enrique Petracchi
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Es el segundo aspecto que le interesa analizar. Fundamentalmente, porque la Corte
La historia tiene su comienzo en la audacia del abogado Ese expediente se encontraba en la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial y llevaba allí un buen tiempo (ingresó en setiembre de 2004) producto de artilugios legales. El 25 de noviembre pasado recayó en la vocalía del doctor
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