Un equipo de astrónomos detectó GJ 523b, un planeta rocoso ubicado a unos 87 años luz de la Tierra que tiene 23,5 veces la masa terrestre y un radio 2,55 veces mayor.
El cuerpo se encuentra a 87 años luz de la Tierra, tiene una edad estimada de 169 millones de años y completa una vuelta alrededor de su estrella cada 17,75 días terrestres.
El nuevo planeta fue identificado por TESS, el telescopio espacial de la NASA.
Un equipo de astrónomos detectó GJ 523b, un planeta rocoso ubicado a unos 87 años luz de la Tierra que tiene 23,5 veces la masa terrestre y un radio 2,55 veces mayor.
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El objeto fue identificado por TESS, el telescopio espacial de la NASA, y luego estudiado con el telescopio WIYN, en Arizona. Los datos obtenidos indican que se trata de un sistema extremadamente denso, con muy poca presencia de hidrógeno y helio.
El hallazgo plantea un problema para las teorías actuales sobre la formación de planetas. Un cuerpo con esas características debería haber atraído grandes cantidades de gas y evolucionado hacia un objeto similar a Neptuno o Júpiter.
La nueva "Mega-Tierra" tiene una edad estimada de 169 millones de años y completa una vuelta alrededor de su estrella cada 17,75 días.
El descubrimiento comenzó con observaciones del Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS) de la NASA. El telescopio espacial busca pequeñas disminuciones periódicas en el brillo de las estrellas que pueden producirse cuando un planeta pasa por delante de ellas desde la perspectiva de la Tierra.
Ese método permitió detectar a GJ 523b como candidato. Después, el equipo lo analizó desde la superficie terrestre para determinar si efectivamente se trataba de un nuevo planeta y calcular su masa.
Para esa segunda etapa utilizaron el telescopio WIYN, de 3,5 metros, ubicado en el Observatorio Nacional de Kitt Peak, en Arizona, junto con el instrumento NEID. Las mediciones de velocidad radial permitieron registrar los pequeños movimientos provocados por su gravedad.
Los hallazgos determinaron que es un exoplaneta, es decir, que gira alrededor de una estrella diferente del Sol. Está asociado a la estrella GJ 523, una enana de tipo K ubicada aproximadamente a 87 años luz de nuestro planeta.
Su principal particularidad está en la relación entre su tamaño y su masa: tiene un radio de 2,55 veces el de la Tierra, mientras que concentra una masa equivalente a 23,5 Tierras, con un margen de incertidumbre de aproximadamente 3,3 masas terrestres.
La densidad calculada es de aproximadamente 7,8 gramos por centímetro cúbico, frente a los 5,5 de la Tierra. Pero, aunque su tamaño es mucho mayor, la composición general del planeta parece estar dominada por materiales mucho más densos que los que caracterizan a los planetas con grandes envolturas gaseosas.
De esa incógnita parte el trabajo dirigido por Maxwell Kroft, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison, y cuenta con la participación de científicos de distintas instituciones, entre ellas NASA Ames Research Center, Penn State y Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics.
Generalmente, los planetas comienzan a formarse a partir del material existente alrededor de una estrella joven. Los núcleos sólidos pueden crecer mediante la acumulación de rocas, metales y otros materiales y, cuando alcanzan suficiente masa, pueden comenzar a atraer grandes cantidades de gas.
Para uno como GJ 523b, los modelos tradicionales hacen esperar una atmósfera importante compuesta principalmente por hidrógeno y helio. Ese proceso puede llevar a la formación de planetas similares a Neptuno y, en condiciones determinadas, de gigantes gaseosos como Júpiter.
Sin embargo, este parece haber seguido otro camino. Su elevada densidad y su posición en el diagrama de masa y radio indican una fracción atmosférica muy baja. El estudio señala que todavía no existen datos suficientes para determinar cómo llegó a tener esas características.
GJ 523b completa una vuelta alrededor de su estrella cada 17,75 días terrestres y el equipo calculó una edad de aproximadamente 169 millones de años. La Tierra, por su parte, tiene unos 4.540 millones de años.
El estudio también encontró indicios de que GJ 523b podría presentar una inclinación orbital muy elevada respecto del eje de rotación de su estrella. Los cálculos apuntan a una oblicuidad orbital mínima de aproximadamente 71 grados.
Los científicos consideran diferentes respuestas para la problemática, aunque ninguna fue confirmada todavía.
Una opción es que GJ 523b haya perdido gran parte de su atmósfera después de formarse. Al tratarse de un sistema joven, la actividad de su estrella pudo ser muy intensa y sometió al planeta a una fuerte radiación capaz de erosionar parte de sus capas gaseosas.
Otra posibilidad es la existencia de una o varias colisiones durante las primeras etapas de su creación. Estas podrían haber eliminado su envoltura y dejaron un cuerpo dominado por roca y otros materiales pesados.
También queda abierta la hipótesis de que el planeta se haya formado bajo condiciones diferentes a las contempladas por los modelos más utilizados.
Para determinarlo será necesario estudiar su composición con mayor precisión y buscar otros astros que presenten una combinación similar de tamaño, masa y densidad.