Comprar ropa, tecnología, productos de belleza o cualquier objeto que llame la atención forma parte de la vida cotidiana. Para muchas personas, darse un gusto puede ser una experiencia agradable y ocasional, pero existe una diferencia cuando el impulso empieza a ser difícil de controlar. La ciencia y la psicología estudian desde hace años qué ocurre detrás de determinadas conductas de consumo.
Qué significa comprar compulsivamente, según la psicología
Una conducta que puede pasar inadvertida entre ofertas, redes sociales y tiendas virtuales puede estar vinculada con el manejo de emociones.
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Una conducta frecuente puede tener distintos motivos y no siempre está relacionada con la necesidad de adquirir un producto.
En algunos casos, la adquisición de productos no responde tanto a la necesidad de tener aquello que se compra, sino a un intento de aliviar emociones como el estrés, la tristeza o la ansiedad. El problema puede resultar difícil de reconocer porque comprar está completamente integrado a la rutina.
Las tiendas online funcionan durante todo el día, las redes sociales muestran productos de manera permanente y las promociones generan una sensación de oportunidad que puede volver más difícil frenar a tiempo. En ese contexto, distinguir entre un gusto ocasional y una conducta problemática no siempre resulta sencillo.
Cómo son las personas que compran de forma compulsivas
La compra compulsiva, también conocida como oniomanía, se caracteriza por una necesidad persistente de comprar que puede escapar del control de quien la experimenta. No se trata simplemente de gastar de más durante una salida, aprovechar una liquidación o comprar algo que no estaba previsto.
La diferencia aparece cuando la conducta comienza a repetirse y la persona sigue comprando incluso cuando sabe que puede traerle consecuencias económicas, familiares o personales. Según los especialistas, el comportamiento puede convertirse en una forma de responder ante determinados estados emocionales.
Los expertos aseguran que comprar puede convertirse en una manera de gestionar emociones como el estrés, la ansiedad o la tristeza. El momento de adquirir un producto puede generar una sensación pasajera de bienestar, pero ese alivio no necesariamente permanece una vez terminada la operación.
También pueden aparecer dificultades vinculadas con la autoestima, el perfeccionismo o la comparación con otras personas. En esos casos, ciertos objetos pueden adquirir un significado que excede su utilidad: comprar determinada ropa, por ejemplo, puede estar relacionado con la búsqueda de aceptación o con el deseo de proyectar una determinada imagen.
Las fases y los motivos de las compras compulsivas
Las compras compulsivas pueden seguir un ciclo repetitivo. Según IPSIA Psicología, el proceso puede dividirse en cuatro momentos: anticipación, preparación, compra y una etapa posterior marcada por el gasto y la decepción.
La primera fase es la anticipación. Aparecen pensamientos recurrentes sobre un producto o sobre la idea misma de comprar. La persona puede comenzar a imaginar qué quiere adquirir y concentrar su atención en esa posibilidad.
Después llega la preparación. Se buscan precios, se comparan productos, se revisan páginas web o se piensa cómo concretar la compra. En la actualidad, las aplicaciones y tiendas digitales hacen que esta etapa pueda desarrollarse en pocos minutos y desde cualquier lugar.
La tercera instancia es la compra. Allí aparece una intensidad emocional que puede estar relacionada con la expectativa y la sensación de recompensa. El atractivo no necesariamente está en el producto en sí, sino en todo el proceso que conduce a conseguirlo.
El último momento puede traer culpa, frustración, enojo o arrepentimiento. La persona observa cuánto gastó, descubre que aquello adquirido no era realmente necesario o se preocupa por las consecuencias económicas. El inconveniente es que esas emociones negativas pueden volver a activar el deseo de comprar y reiniciar el ciclo.
Entre los posibles factores vinculados con esta conducta también aparece el sistema de recompensa del cerebro, ya que la participación de sustancias como la dopamina y las endorfinas, asociadas con sensaciones de placer y bienestar. Ese efecto, sin embargo, es momentáneo y no implica que el objeto comprado sea la verdadera fuente de satisfacción.
También pueden intervenir distintos factores de riesgo, como antecedentes de ansiedad, depresión u otros problemas relacionados con el control de impulsos, aunque no todas las personas que presentan estas condiciones desarrollan compras compulsivas. La existencia de antecedentes familiares vinculados con otras adicciones también puede tener algún peso.
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