A 61 años de la bomba atómica sobre Hiroshima
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El estallido a 600 metros de altura de la bomba de uranio lanzada por Estados Unidos sobre Hiroshima causó la muerte de 140.000 personas en el momento de la explosión y en los meses siguientes.
El 9 de agosto, era arrojada una segunda bomba en Nagasaki, también en el suroeste de Japón, donde murieron otras 130.000 personas.
Seis días después, el 15 de agosto de 1945, Japón se rendía incondicionalmente a Estados Unidos y terminaba la II Guerra Mundial.
Las quemaduras y enfermedades derivadas de la radiación a la que resultaron expuestos cientos de miles de personas han elevado a lo largo de los años la cifra de fallecidos por el lanzamiento de estas bombas atómicas a cerca de 300.000.
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, envió un mensaje de paz que se encargó de leer en la ceremonia conmemorativa el subsecretario general del organismo, Nobuaki Tanaka.
"Un mundo sin armas nucleares puede parecer aún lejano, pero no es un sueño. El fin de la Guerra Fría hizo posible una reducción considerable de los arsenales atómicos. Ese progreso debe ahora acelerarse y ser consolidado", dijo Annan.
También estuvo presente en la ceremonia el primer ministro nipón, quien reafirmó el compromiso de Japón de "no producir, no poseer y no permitir" la presencia de armas atómicas en su territorio.
"Debo subrayar de nuevo que continuamos estando en la vanguardia de la defensa de la abolición de las armas nucleares y de la consecución de la paz permanente", dijo Koizumi.
Sin embargo, el primer ministro volvió a provocar la polémica cuando señaló que estaba dispuesto a visitar el templo de Yasukuni "en cualquier momento".
Ese santuario situado en Tokio es considerado por pacifistas y en los países vecinos como un símbolo del militarismo japonés que llevó a la expansión armada de este país en los albores de la II Guerra Mundial y a invadir buena parte del este de Asia.
Dos de las víctimas de Japón de entonces, China y Corea del Sur, han acusado a Koizumi de renovar ese espíritu ultranacionalista con sus repetidas visitas a Yasukuni, donde se rinde homenaje a 2,5 millones de caídos en combate y a 14 criminales de guerra de clase A.
El temor expresado por organizaciones pacifistas estos días es que Koizumi vuelva a visitar Yasukuni el próximo 15 de agosto, con motivo de la celebración del fin de la guerra.
Koizumi ha reiterado, en las cinco ocasiones en que ha acudido a Yasukuni desde que es primer ministro, que sus visitas son a título personal y no vulneran el precepto constitucional de separación de religión y Estado.
"No hay problema alguno en pedir que no haya más guerras y a la vez expresar condolencias por los muertos en combate", dijo Koizumi.
Esta semana se avivó la polémica al conocerse que también visitó Yasukuni en abril pasado el actual ministro portavoz del Gobierno, Shinzo Abe, principal candidato a suceder a Koizumi el mes próximo, cuando deje el poder y la Presidencia del gubernamental Partido Liberal Demócrata (PLD).
Esta noticia recibió la reacción airada de China y Corea del Sur, cuyo ministro de Exteriores, Ban Ki-moon, pidió hoy a Abe que se comprometa a no visitar más Yasukuni e impulse un cambio en la actitud del Ejecutivo japonés en su valoración de las atrocidades cometidas por Japón en el pasado.




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