3 de julio 2006 - 00:00

Bolivianas contra Evo y contra el Che

Un grupo de activistas del feminismo boliviano salió a desmentir el presunto espíritu revolucionario de la presidencia de Evo Morales en su país. Lo acusaron de promover un espíritu machista y buscar la restauración de los partidos tradicionales de su país para lograr el control de las organizaciones civiles. La organización se llama De Mujeres Creando y se hace conocer a través de Internet con un documento de María Galindo titulado «Evo Morales y la descolonización fálica del Estado boliviano», del cual reproducimos algunos pasajes.

Evo Morales
Evo Morales
Hoy en Bolivia tanto el indigenismo como el izquierdismo se repiten y se encuentran con el neoliberalismo en la misma postura fálica y patriarcal, postura que ratifica la confusión entre proyecto social y proyecto de «poder», el control de la sociedad, el sometimiento del «otro» y de la «otra», como el único interés en torno del cual deben girar la historia y la política.

Como feministas no queremos estar ni debajo, ni encima de nadie, por eso no hallamos un lugar propio en este proceso. Inquilinas cuasi indeseables de la candidatura que postulamos usamos ese espacio para afirmar que no es posible la descolonización del Estado sin su despatriarcalización. Afirmamos que el «pacto social» descansa sobre un contrato sexual que nos ha expropiado a las mujeres la soberanía sobre nuestros cuerpos. Y que ése es un fenómeno de todos los sistemaspolíticos, de todas las ideologías y de todas las culturas. La renovación de ese pacto social que no ponga en cuestión el contrato sexual que lo sostiene reitera formas de sometimiento colonial y patriarcal al mismo tiempo. Y no es la mirada sobre culturas « supuestamente» originarias el mecanismo que nos permita descolonizar nuestra sociedad ni hacerla más plena, más vivible y más libre.

La reivindicación de «lo originario» como lo puro, como la cultura que construye nación, proyecto de poder y luego nacionalismo nos conduce a la renovación patriarcal y colonial del poder. Donde el poder ejerce simplemente poder con un mero cambio de actores. Una de esas muestras es hoy el andinocentrismo con el que se pretende reinterpretar la sociedad boliviana. Nuestra sociedad no es una sociedad de indígenas originarios puros versus mestizos blancoides indeseables. Es harto más compleja que eso, es una sociedad donde, como en todas las sociedades del mundo, no hay culturas puras, ni estáticas, ni territoriales. Es una sociedad como todas las sociedades del mundo de mezclas y mestizajes, muchos de ellos inclusive mestizajes forzosos. Es una sociedad de desobediencias y mutaciones culturales donde la revolución tecnológica es uno de los almíbares para todos los jóvenes y las jóvenes que gracias a la piratería la conquistan para su cotidiano chatear y navegar con el mundo. Es una sociedad como todas las sociedades del mundo, donde también los y las actoras sociales construimos cultura y podemos hablar así de una cultura de jóvenes, de una cultura urbana, de una y otra y otra cultura, de una cultura de maricones y de una cultura de la calle y las ambulantes que transforman culturalmente el sentido de la calle y del espacio público, por ejemplo.

No somos «originarias obedientes» y por eso y porque ponemos en cuestión los mandatos culturales empezando por la ropa y terminando en los placeres. Por eso y gracias a esa desobediencia que nos hace felices planteamos un proyecto societal descolonizador y despatriarcalizador que tiene como cuestionamiento principal el surgimiento de nacionalismos. Quieren sustituir el proyecto de Estado Nación unitario por un proyecto de plurinacionalismos autónomos para abrir la pugna eterna por tierra, por recursos, por poder y por control. No queremos estar encima ni debajo y por eso impugnamos ese proyecto con nuestro cuerpo y nuestra piel sensible, sensual y abierta al pecado.

(...) El Che y el Evo son lo mismo, Padres Irresponsables: la sociedad les ha expropiado a las mujeres su maternidad, se valora y protege la reproducción, al mismo tiempo que se impone la maternidad como sentido de vida a las mujeres. Sin embargo, se subordina la maternidad a la existencia de un padre que le dé legitimidad. Mientras las mujeres dan la vida, los padres tienen el poder de otorgar el lugar social convirtiendo así al hecho de dar la vida en un acto secundario. Allí es que surge el concepto de madre soltera al cual se le otorga una carga de condena en algunos casos, en otros una carga de una suerte de madre abandonada. La recuperación de las madres de su maternidad es un tema cultural, pero pasa también por el hecho jurídico del apellido paterno que en nuestra sociedad es el primero, es el que cuenta y es al mismo tiempo el mecanismo de reconocimiento o desconocimiento que tiene cada hombre respecto de los hijos y las hijas. Por ello proponemos la filiación materna, es decir que los niños y las niñas lleven por primero el apellido de sus madres. Esto recupera el lugar de las madres donde las mujeres pasamos de ser objetos de la reproducción a sujetos de la maternidad.

Recupera también el lugar de las hijas en la familia, lugar que todas las cifras nos demuestran que es desvalorado respecto de sus hermanos varones. Este hecho también tendría consecuencias en toda la jurisprudencia de familia en cuanto a lo que se llama la patria potestad, que es un concepto de autoridad patriarcal sobre los hijos y las hijas.

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