El derrumbe de un presidenciable
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Pero un video lo afectó a fines de febrero: su secretario de Hacienda, Gustavo Ponce, fue filmado jugando altas sumas en el casino del hotel Bellagio de Las Vegas. Bastó que eso sucediera para que se afectara la enorme imagen de «honestidad» que reflejaba AMLO en las encuestas. Esto se agravó mucho más cuando al comenzar marzo aparecieron dos videos más donde se muestra recibiendo coimas de manos del empresario Carlos Ahumada a quien fuera secretario privado, compañero de militancia y principal operador político del propio López Obrador en este momento, el ya famoso René Bejarano. Las encuestas reflejaron automáticamente una caída de 30 puntos en la imagen pública del candidato presidencial. Esto resultó todavía peor porque Ponce, desaparecido al día siguiente de difundirse el video que lo mostró jugando de a miles de dólares al blackjack en Las Vegas, habló por teléfono con el secretario general del gobierno de la ciudad y dijo que todos los asientos contables los hizo por orden directa del jefe de Gobierno, López Obrador.
Habrá que esperar las nuevas encuestas, pero se considera arruinado el prestigio de este político en niveles elevados. Tanto es así que desde el PAN, partido del Gobierno Nacional, y desde el otrora castigado pero hoy reverdecido PRI -por tanta corrupción de quienes lo sucedieron- han comenzado a insinuar que el hombre que tenía 85% de popularidad debería renunciar.
Se cree que AMLO va a pelear, inclusive pidiendo un plebiscito, tal es el comentario político. Pero tan enlodado está que el propio PRD suspendió las suspensiones -valga la redundancia- de Rosario Robles, de Carlos Imaz y de Ramón Sosamontes, a quienes se comprobó relación con Carlos Ahumada.
Hoy el PRD no sabe quién es culpable ni quién es honrado. La Robles se salvó pese a que la acusó un diario no de ser «amiga» sino amante de Ahumada (quien es casado). Esta mujer lucha con todas sus fuerzas y anunció que difundirá públicamente el estado de sus bienes. Dijo que vive en una casa alquilada y que su madre se gana la vida vendiendo galletitas. El derrumbe de AMLO la favorece.
Hay dos funcionarios administrativos detenidos, los que se suman a dos gerentes de empresas de Carlos Ahumada. Hay un político renunciado y que será juzgado (Bejarano). Hay dos funcionarios de alto nivel -el secretario de Hacienda Ponce y el subsecretario-desaparecidos pero confesos de realizar anotaciones fraudulentas en la Tesorería de la Ciudad de México. Hay cuatro funcionarios no desaparecidos pero sí vinculados a los dineros que repartió Ahumada. Hay otro legislador implicado, Jorge Emilio González -el «niño verde», porque no llega a los 30 años y preside el partido ecologista de México-.
Este González, sin embargo, no está relacionado con Ahumada sino que en el primero de los graves videos sobre coimas aparece pidiendo 2 millones de dólares a empresarios canadienses para favorecer una obra en Benito Juárez. Ahumada, además de tres barrios de la ciudad de México, involucró a por lo menos seis provincias. Pensemos que un «barrio» es una manera de decirle a cada una de las dieciséis delegaciones en que se divide una ciudad tan populosa como la capital de México. Nosotros tenemos en la Argentina provincias con 200.000 o 300.000 habitantes. En cambio un barrio o delegación de la Ciudad de México involucra a millones de habitantes. Lograr ser el mayor dominador, entonces, de las licitaciones de obras públicas en barrios de la ciudad, más gobernaciones o provincias, es muchísimo más que un Gualtieri en la provincia de Buenos Aires o un Gotti en Santa Cruz. Además Ahumada hacía negocios como éste: recibía en donación gratuita 47 hectáreas en el interior de México, inclusive con lagos artificiales y venados pastando, a cambio de construir una escuela para campesinos lindantes. La magnitud que tomó el empresario mexicanoargentino hace que México hoy viva una tremenda confusión.
Se habla hasta de la necesidad de preservar la democracia, rescatar la vigencia de los partidos políticos, de depurarlos, porque sólo llevan cuatro años de una democracia totalmente incipiente luego de setenta años de elecciones desfiguradas por la vigencia del PRI. Pero este partido único de México no se ha extinguido, domina más gobernaciones, municipios y estructura partidaria que cualquier otro agrupamiento político del país. Hoy muchos empiezan a añorarlo y la caída del principal candidato a presidente hace temer a todos por esa democracia aunque se sepa que si vuelve el PRI será un partido renovado dentro de la multiplicidad de otras fuerzas políticas.




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