Las ciudades fantasma de la zona ex comunista
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La llamaban «la ciudad más joven de la República Democrática Alemana». O también «la capital del lignito», el carbón barato que hacía funcionar las fábricas, calentaba las casas y emitía el olor característico de las calles de muchas ciudades de aquel país. En los últimos 15 años, Hoyerswerda perdió casi la mitad de la población. La media de edad es ahora de 42 años y hay poco más de 40.000 habitantes. Los más jóvenes, sin expectativas de encontrar trabajo, se van a las regiones más prósperas de Alemania occidental, como Baviera o Baden-Württemberg. Los que se quedan no tienen hijos o tienen pocos. En las afueras, la vieja central energética, que llegó a emplear a 18.000 personas, funciona ahora con 350. La desindustrialización, tras la reunificación, significó el fin de esta ciudad como paraíso industrial socialista.
No sólo los departamentos se derrumbaron. También escuelas y guarderías. Con la emigración, barrios enteros tuvieron que replantearse su organización. El desempleo supera 20%, por encima de la media de Alemania oriental.
Una posibilidad que muchos evocan es que Hoyerswerda acabe convirtiéndose en una ciudad-asilo. Para otros, este lugar no es más que la imagen de lo que les espera a Alemania y a Europa en las próximas décadas: ciudades con muchos ancianos, sin niños, sin industria y con miles de departamentos vacíos.
El presidente de la bancada socialdemócrata, Franz Müntefering, un aliado fiel de Gerhard Schröder, enseña un gráfico que, gracias a la curiosa alquimia de separar a las dos formaciones democristianas, CDU y CSU, muestra a su partido como el más votado en los comicios del domingo.



