Machismo también en México: toda la culpa buscan endilgársela a una mujer
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Rosario Robles, la dirigente del PRD a la que se pretende atribuir la mayor responsabilidad en el escándalo de corrupción que amenaza con alterar todo el escenario político mexicano. Junto a ella en la foto de portada de ayer del diario «El Universal», el «arrepentido» Ramón Sosamontes.
Según una encuesta, a cinco días del estallido del escándalo, la imagen de honestidad de AMLO cayó 29 puntos en todo México, 13 puntos su intención de voto y 20 puntos el apoyo electoral entre los jóvenes de hasta 30 años.
Por tanto, Imaz se curó en salud. Como bien dice la columnista Carmen Aristegui, «¿de qué tamaño es la videoteca de Ahumada Kurtz, a quién más grabó y en qué condiciones?; ¿cúantos hoy en México están temblando?». Imaz dice que el dinero lo recibió en la oficina del empresario como «donativo» y que luego Ahumada, en presencia de Rosario Robles (la mujer a la que tratan de echar toda la culpa), le exigió dos cargos administrativos en la delegación del barrio de Tlalpan y la adjudicación de la obra pública que hubiera en ese lugar.
Imaz dice que se negó a estos requerimientos y que el empresario sobornador -hoy desaparecido, pero no con orden de detención sino de comparecencia como testigo y sin constancia migratoria de haber salido del país- lo transformó en «préstamo» exigible.
• Suspendidos
Por si todo esto fuera poco, hay un tercer miembro del PRD, Ramón Sosamontes, que acusó a Imaz porque «recibió los 50.000 dólares, no dijo nada, ni protestó, ni preguntó y lo obtuvo en la misma oficinita a la que acudió Bejarano». Los tres: Imaz, Rosario Robles y Sosamontes han sido suspendidos como afiliados del partido y están en un proceso político aparte del que lleva a cabo la Justicia.
El PAN, partido de derecha hoy en el gobierno con el presidente Vicente Fox, se relame de placer por el destrozo de los perredistas. Más aún, el secretario general del PAN, Manuel Espino, declaró condescendiente que «El PRD es una instancia muy distinta de la del gobierno del DF que gobierna Andrés Manuel López Obrador». Es lógico que se guarden los ataques para las vísperas electorales, sabiendo a su rival AMLO herido de muerte. Por otro lado, el PAN y el PRD fuera de la capital de México han ganado gobernaciones provinciales unidos contra el PRI, partido que durante setenta años -con un régimen disfrazado de democracia- impuso los presidentes en México hasta 2000, cuando hubo elecciones realmente libres. Allí no ganó el PRI, aunque sigue siendo el principal partido político de México, el que tiene las mayores bancadas en el congreso nacional y el que más gobernaciones y municipios domina.
López Obrador no es Bill Clinton, que aceptó, aunque lo hizo tardíamente, el affaire con Monica Lewinsky. Da una conferencia de prensa todas las mañanas -como hacía Carlos Corach en la Argentina- y sólo le anunció al pueblo mexicano que en días se sabrá «quién está detrás de la difusión de los videos comprometedores». Tanto los que afectan a su secretario de Hacienda, Gustavo Ponce, como a su ex secretario privado y principal operador político, Bejarano. Pero en ningún momento dio explicaciones sobre el contenido indisimulable de los videos en cuanto a coimas, y eso decepcionó a los mexicanos.
Peor todavía es que haya mandado al mismo coimero Bejarano a atacar frontalmente a Rosario Robles, con un machismo que sorprende, aunque para los argentinos no es desconocido porque hemos triturado prácticamente, por un motivo u otro, con culpa o sin ella, a casi todas las mujeres que han sobresalido públicamente, llámense Graciela Fernández Meijide, Adelina de Viola, Matilde Menéndez, Isabel Martínez, María Julia Alsogaray, Nina Aragonés, Zulemita Menem, en los últimos días Amalita Fortabat, entre otras.
Cuando el «niño verde» (Jorge Emilio González, senador y líder de los ecologistas) fue sorprendido en un videotape pidiendo 2 millones de dólares a empresarios canadienses para favorecer un proyecto en el estado de Benito Juárez, pidió licencia como legislador y, aunque nunca habló del tema de la coima que mostraba el video, sí acusó al secretario general del gobierno, Santiago Creel, de auspiciar la difusión televisiva de su cohecho. Dejó mala impresión y también AMLO, porque éste no habla del contenido del video sino que acusa a quienes presuntamente lo difundieron: «Su villano favorito es Carlos Salinas de Gortari», como dicen los periodistas de México, y, por supuesto, al gobierno nacional. Como si esto fuera poco, el secretario de seguridad de AMLO, Marcelo Ebrard, salió a buscar compasión para su jefe y preguntó: «¿Qué quieren, otro Colosio por su popularidad?». Se refería al popular candidato a presidente del PRI en los años '90, asesinado por un mercenario detenido y confeso.
Pero nada ayuda porque se descubrió que Gustavo Ponce (el secretario de Hacienda desaparecido tras borrar todas las cifras de su computadora, ya que lo habían mostrado en un video jugando fuertes sumas en el hotel Bellagio de Las Vegas) y René Bejarano eran demasiado propios de López Obrador como para que éste pueda salir airoso. Se acaba de anunciar desde la Justicia que hay indicios de colaboración de Ahumada con el intelectual de izquierda Alberto Hijar, pero también con el mismo Ponce, con el cual se habría hecho pagar por obras no realizadas en el barrio de Madero.
Sosamontes es un «arrepentido» y por tanto hablador. Dijo que el PRD había creado un «Frankenstein» en Carlos Ahumada y colocó al partido en una debilidad extrema. Señaló, nada menos, que vía René Bejarano, Ahumada dominaba «con donativos» los distritos barriales de la Ciudad de México de Alvaro Obregón (con Rosario Robles), Cuajimalpa, Azcapopzalco, Tlahuac, Xochilmilco y Coyoacan, o sea que tenía influencia en seis de los barrios independientes de la ciudad, además del gobierno de toda la ciudad. Debemos sumarle Madero, donde le pagaron 3 millones de dólares de más y donde detuvieron a tres directivos de las empresas de Ahumada.
• Desazón
«Estos actos de corrupción hechos públicos están llevando a la clase política mexicana a una situación similar a la que vivió la Argentina», dijo el arrepentido Sosamontes para desazón nuestra, porque a Ahumada no lo llaman « empresario mexicano» sino «aventurero argentino». Para ser sinceros, salvo que nuestra tendencia criolla a la corrupción sea genética, nuestra culpabilidad no existe.
Efectivamente, Carlos Ahumada nació en Córdoba en 1964, pero a los 11 años su familia emigró a México. En 1983, ya nacionalizado mexicano, ganó el Premio Nacional de la Juventud de México por la creación de una compañía en la colonia La Nopalera, en Tláhuac. El premio se lo dio el mismo presidente de México de ese entonces, Miguel de la Madrid. En 1994 estuvo acusado de fraude y permaneció 29 días detenido. Esto ocurrió dos años después de haber fundado el grupo Quart, con el cual habría hecho todas las estafas de que se lo acusa. En consecuencia, sin caer en patriotismos, no es justo que nos adjudiquen a los argentinos a este dominador de la obra pública en México desde 1998.
¿Por qué, entonces, el afán de acusar de todo a Rosario Robles, una mujer? Recordemos que esta señora era secretaria de la jefatura de gobierno de la Ciudad de México cuando la ocupaba Cuauhtémoc Cárdenas, quien la dejó a cargo de la ciudad cuando pasó a ser candidato a presidente en la elección presidencial que en el año 2000 ganó Vicente Fox. Esta mujer admite haber sido amiga de Carlos Ahumada, pero públicamente desafió a que se investigue si durante su paso por el gobierno de la ciudad el empresario mexicanoargentino fue beneficiado en licitaciones de obras. Sus adversarios dicen que sí, que era operadora de Ahumada.
Lázaro Cárdenas, hijo de Cuauhtémoc y gobernador del estado provincial de Michoacán, es casi el único que defiende a la Robles. Claro, Cárdenas dio licitaciones públicas por 44 millones de dólares en su estado a Ahumada. Además, el subdirector de Obras Públicas que hacía esas adjudicaciones es Tito Torres, quien fue anteriormente colaborador de Ahumada.
Cárdenas lo destituyó ante los rumores que circulaban. Pero la adjudicación o no era del dominio de Sosamontes, por lo cual no se sabe cuánto de México dominaba el sobornador de Bejarano.
• Deportes
Pero no sólo el mundo político y el futuro de las elecciones presidenciales están en juego con esta sensacional coima, sino también el deporte, ya que Ahumada es dueño de los clubes de fútbol Santos Laguna y León. Eliseo Martínez Pérez, candidato de León, declaró que Ahumada y la Robles le ofrecieron 2 millones de dólares para su campaña, el apoyo del diario «El Independiente» y partidos amistosos del club León a cambio de obtener un terreno al lado del estadio Nou Camp, donde juega el equipo León de Ahumada. El equipo de fútbol Lagartos de Tabasco (donde nació López Obrador) denunció ahora a raíz de los escándalos que el club León ponía en los vestuarios de los equipos visitantes cámaras de videos y micrófonos (el video parece ser un fanatismo de Carlos Ahumada) para enterarse de las instrucciones de sus directores técnicos, algo que podría inspirar a muchos dirigentes argentinos, ya que es mucho más efectivo que regar la cancha para embarrarla, por ejemplo. Algo más hacía el club León de Ahumada en el vestuario de los visitantes: les ponía la calefacción elevada a 50 grados. Sin comentarios.
Miguel Angel Cantón, vicepresidente del club Lagartos, dijo que igual no va a protestar el partido de cuartos de final del Torneo Clausura 2003 que ganó el equipo de León 3 a 0. Alberto De La Torre, presidente de la Federación Mexicana de Fútbol y otros dirigentes dijeron que pueden ser desafiliados los clubes de Ahumada si se comprueban fraudes como los señalados, y lanzaron cantidad de palabras para separar el fútbol como deporte de multitudes de negocios turbios que pueda haber en la política o contrataciones de obras públicas oficiales. Mucho más escueto y terminante había sido Diego Maradona cuando dijo en su homenaje en la cancha de Boca: «La pelota no se mancha».




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