Polémico: EE.UU. deportó a una mexicana sin su hijo
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Elvira Arellano y su hijo
Saúl, en una foto
reciente. La mujer, que
estuvo un año atrincherada
en una iglesia
de Chicago resistiendo
su deportación, se
convirtió en un símbolo
de los inmigrantes
hispanos.
«Este es un golpe más a la comunidad hispana», declaró el sacerdote católico Luis Angel Nieto, uno de los dirigentes del Movimiento Nuevo Santuario, en Los Angeles. «No vamos a tolerar esto y vamos a radicalizar nuestro llamamiento», anunció el prelado.
Ayer, desde Tijuana, la activista dijo que sus planes son regresar a su natal estado de Michoacán, oeste del país, y que estaba esperando la visita de Saúl para preguntarle si quiere quedarse en Estados Unidos, o si se queda con ella en México. Elvira no quiso dar más detalles, aunque adelantó que si su hijo decide permanecer en EE.UU. quedará a cargo de su madrina, Emma Lozano.
«Ya estoy en mi país, estoy en México y aquí nada me pueden hacer», dijo Arellano, quien afirmó sentirse tranquila, tras su detención y deportación, y añadió que fue devuelta a México porque se convirtió en «una amenaza para Estados Unidos». La Cancillería mexicana solicitó a las autoridades norteamericana una explicación sobre la detención de la activista y de cómo se le informó sobre su derecho a la asistencia consular, informó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
Asimismo, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), José Luis Soberanes, pidió que el gobierno mexicano, a través de la Cancillería, proteste de manera enérgica por la deportación de Arellano. El caso, dijo Soberanes a la prensa, «abona el clima de confrontación que existe entre ambos países y es un capítulo más en la larga historia de desencuentros en materia migratoria».




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