Siguen las protestas en Egipto mientras Mubarak negocia su salida del poder
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Miles de personas se convocan en el centro de El Cairo para pedir la salida de Mubarak.
"Se acabó el juego", decía otra pancarta, en inglés como favor a las cadenas internacionales de televisión que cubrían el acto en directo. Efigies de Mubarak colgando del cuello se veían por la plaza.
La participación en todo el país parecía ser de algo más del millón de personas, quienes salieron el martes a la calle en lo que calificaron como el "día de la partida", una semana después del "día de la ira" del pasado viernes para alzar la voz en contra de la pobreza, la represión y la corrupción.
Algunos egipcios, cansados del desorden, sienten que Mubarak hizo lo suficiente esta semana prometiendo renunciar en septiembre y temían más violencia por parte de los seguidores del presidente, pero otros estaban resueltos a forzar su renuncia y marcar el comienzo de un nuevo capítulo de la moderna historia de Egipto.
A pesar de las protestas callejeras multitudinarias y concesiones por parte del Gobierno, el destino de Mubarak reside ahora en los acuerdos entre los generales dispuestos a mantener la influencia y los dirigentes occidentales preocupados por no ver a un aliado clave hundirse en el caos o en manos de islamistas.
El papel del Ejército, venerado en Egipto en comparación con la policía y otras fuerzas de seguridad a las que se teme, es vital para determinar el futuro de la nación más poblada del mundo árabe.
Los líderes de la Unión Europea hicieron eco de las peticiones desde Estados Unidos para que Mubarak haga algo más que prometer que no se presentará a las elecciones de septiembre: "Este proceso de transición debe empezar ahora", dijeron.
No obstante, tratando de desviar las críticas de injerencia en los asuntos de Egipto, el presidente estadounidense, Barack Obama, dijo: "El futuro de Egipto será determinado por su pueblo".
El presidente Mubarak de 82 años dijo el jueves que estaba "harto" pero que no dimitía por no sumir en el caos a Egipto.
El vicepresidente de Egipto se reunirá el sábado con un grupo de personalidades destacadas para examinar una propuesta de solución a la crisis del país, en la que él asumiría los poderes presidenciales durante un periodo transitorio, dijo uno de los miembros del grupo.
Con los manifestantes infringiendo el toque de queda durante otra noche en la plaza de Tahrir, el primer ministro Ahmed Shafiq prometió: "No utilizaremos la fuerza para dispersar a los manifestantes en Tahrir".
Anteriormente, el ambiente era festivo, con una mezcla de profesionales laicos de clase media y miembros religiosos y generalmente más pobres del multitudinario movimiento islamista Hermandad Musulmana, cantando y gritando bajo pancartas y banderas egipcias por todas partes. Miembros de la minoría cristiana también participaron en la movilización.
Lejos de la plaza, grupos de seguidores de Mubarak acosaban e intimidaban a periodistas.
Otros intentaron detener a gente de la manifestación. Pero hubo mucha menos violencia que el miércoles y jueves, cuando se oyeron disparos y se utilizaron barras de hierro y palos.
Algunos manifestantes dijeron que comprendían la necesidad de ser pacientes, pero mantendrían la presión: "Está obligado a irse ahora, la única cuestión es cuándo", dijo Jaled al-Jamisi. "Creo que el Ejército no quiere verlo humillado", señaló.
También se produjeron concentraciones en Suez, Ismailia y Port Said, todo el este de El Cairo, así como en ciudades desde el Delta del Nilo hasta el norte como Mansura, Damanhur y Qalyubia. Muchos protestaron en el sureño Assuán.




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