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12 de julio 2007 - 00:00

El consumidor está destinado a perder

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El ex presidente de Estados Unidos Richard M. Nixon pasó a la historia por haber sido removido de su puesto después del famoso escándalo Watergate. A nivel económico, pocos recuerdan que fue él quien ordenó el quiebre del sistema de Bretton Woods en el cual los EE.UU. garantizaban la convertibilidad del dólar en oro para cualquier Banco Central que lo pidiera. Este hecho representó una devaluación de facto de la moneda norteamericana. Si antes alcanzaban u$s 35 para comprar una onza de oro, hoy se necesitan más de u$s 650 -un incremento de 1.800%-. En otras palabras: el dólar de ese entonces hoy vale 5 centavos. Pero eso no es todo.

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Fue a Arthur Burns, presidente de la Fed en la época de Nixon, a quien se le ocurrió introducir una nueva fórmula para el cálculo de la inflación. Enfrentado con la crisis petrolera de los años 70, el mundo occidental asistió a un fuerte incremento de los precios. Burns era de la opinión de que ese brote inflacionario no podía ser atribuido a un mal manejo de parte de la Fed; por lo tanto, les pidió a sus técnicos que calcularan una tasa de inflación excluyendo las fluctuaciones del costo de la energía. A los pocos meses, el mismo año 1973, les pidió que excluyeran también la evolución del costo de los alimentos, porque la Fed no podía hacerse responsable de los eventos climáticos.

  • Inflación estadounidense

  • Desde entonces, todo el mundo observa la llamada «core inflation», o sea, la tasa de inflación norteamericana menos energía y menos alimentos. Si este dato tuvo algún valor en cierto momento, hoy ya no es así. El galón de gasolina como el galón de leche en EE.UU. vale más de 3 dólares, cuando hace un par de años valían la mitad o menos. La tasa de inflación real, por lo tanto, está entre 7% y 9% por año. La noticia no confirmada del «Financial Times» es que la Fed tiene la intención de comenzar a considerar estas tasas como verdaderas, lo que no será fácil porque -para ser coherente- tendría que acompañar la decisión con relevantes incrementos de las tasas de interés para contener la inflación. Así es como lo más probable es que nada cambie; que el problema no se resuelva, que la inflación existe y que el poder adquisitivo de los consumidores está cayendo paralelamente al fortalecimiento del precio de los commodities.

    El valor del barril de petróleo, líder de este mercado, está destinado a aumentar aún más. El primer objetivo de 70 dólares ha sido alcanzado fácilmente, el próximo es la barrera del precio récord de 78 dólares, que fue pagado el año pasado. También este nivel será superado, por causa de problemas de abastecimiento y de un consumo que no da señales de disminuir en todo el mundo. El precio actual representa un múltiplo del precio de 16 dólares alcanzado hace sólo pocos años atrás, pero -ajustado por inflación- no es más de 50% del valor récord alcanzado a comienzos de los años 80. Los problemas políticos en el Oriente Medio no dan señal de disminuir, al contrario. No cabe duda que China y Rusia están haciendo todo lo posible para que EE.UU. no logre mantener un control firme de la zona de más producción de petróleo y no llama la atención el hecho de que los talibanes disponen de armas chinas. Los fabricantes de armas en ese país pertenecen todos al gobierno central; por lo tanto, no se puede asumir que el gobierno ignore este hecho, por el contrario, lo está dirigiendo.

    La guerra fría que pensábamos se había alejado está más viva que nunca. Hoy se habla menos de ideología y más de recursos naturales: los países que los controlan son los que saldrán ganadores en los años por venir, y la carrera está abierta. EE.UU. y Europa están apareciendo como unos potenciales perdedores: en sus continentes respectivos las materias primas se han acabado o se están acabando y nuevas fuentes pueden ser logradas sólo a través de actividades bélicas (EE.UU.) o acuerdos políticos (Europa).

    China, por el momento, está comprando este acceso; no llamaría la atención si algún día se mueve también militarmente en dirección a Siberia. Rusia parece estar encabezando la carrera. Gane quien gane, el consumidor será el perdedor.

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