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18 de agosto 2024 - 00:00

Milei quiere destruir el Estado, pero hay un pueblo que lo defiende

¿Qué rol tienen los Estados para la economía?

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Javier Milei

Una de las marcas más identitarias de La Libertad Avanza es profanar el fin del Estado. La frase más célebre de Javier Milei en este sentido se remonta a principios de junio de este año cuando afirmó sin escrúpulos: “Soy el topo que destruye el Estado desde adentro”. ¿Pero qué rol tienen los Estados para la economía?

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El Estado-Nación es el modelo de organización política caracterizado por un territorio delimitado, una población estable, un Gobierno efectivo y soberanía propia. Aunque antes había sociedades organizadas, la base del Estado moderno fue la Paz de Westfalia en 1648, la que permitió acabar con la guerra de los Treinta Años y dio pie a que el Estado fuera el primer sujeto de derecho internacional, entendido como la organización política de un territorio. El concepto de “nación”, por su parte, se refiere al conjunto de personas que comparten historia, geografía y cultura. Europa como América vieron nacer sus Estados nacionales en el transcurso del siglo XIX, en un período donde sucedieron dos procesos paralelos que serían vitales para la revolución económica global: la conformación de los Estados nacionales y la transición al capitalismo. Si bien este último tuvo sus inicios mucho tiempo atrás en el caso de los países centrales, es recién en el siglo XIX donde puede desarrollarse y expandirse, viéndose América Latina inserta en este proceso de transformación de las estructuras económicas como consecuencia de su situación novel de ex-colonias.

Históricamente la primera función que asume el Estado es la de proveer paz y seguridad, es decir, la de conseguir el tan ansiado orden necesario para que pueda ponerse en marcha la maquinaria capitalista. Su segunda función que es la de proveer ciertos derechos ciudadanos como el hábeas corpus y la propiedad privada, en una primera instancia (donde sobresale la figura de John Locke) y, posteriormente, la adquisición de los derechos civiles por parte de todos los individuos. En la segunda mitad del siglo XIX, el Estado comienza a arrogarse la función de proveer y promover derechos activos de ciudadanía, o sea, los individuos adquieren los derechos políticos -participación y representación- ampliando el concepto de ciudadanía. Esta etapa coincide con lo que podríamos llamar la tradición pluralista, basada en la apertura democrática del Estado liberal. En la cuarta etapa, el Estado adopta la función interventora, participando activamente en la educación, el nivel de salarios, la salud, la vivienda, el bienestar general. Los ciudadanos adquieren los derechos sociales, conformando esta etapa lo que dio en mal llamarse el "Estado Benefactor". Las reformas propagadas por el economista Keynes luego de la crisis financiera de 1929, para evitar el colapso del capitalismo y la virtual arremetida del comunismo, terminan configurando un rol polifuncional del Estado.

Ese Estado con múltiples funciones de promoción económica directa y de consolidación de un entramado de empresas estatales, fue erosionándose por el avance del capitalismo financiero global a partir de los 70s. Retorna en los ochenta la idea de un Estado Mínimo que sea garante del orden y la propiedad privada, donde se vive un retroceso importante de derechos sociales principalmente. Hoy quizás estemos en un momento de transición tecnológica y del modelo de producción y acumulación del capital tan radical como la de la primera revolución industrial marcado por la Inteligencia Artificial, la digitalización y los datos, pero ese tema lo abordaremos en una próxima nota.

Volviendo, este brevísimo relato de las modificaciones del Estado diluye los procesos internos, los vaivenes y las múltiples diferencias. En los estudios comparados se analizan las heterogeneidades internacionales, nacionales e institucionales desde una amplia corriente de variedades de capitalismo, donde Hall y Soskice construyeron una de las tipologías más conocidas. Identifican allí dos tipos ideales de “variedades de capitalismo” según la mayoría de dichos ámbitos institucionales genere patrones de mercado (economías de mercado liberales, EML) o de coordinación estratégica (economías de mercado coordinadas, EMC).

La Argentina no es ajena a este proceso y a lo largo de la historia podemos encontrar cómo se han expresado esas etapas del capitalismo global en nuestra economía y por tanto en la conformación del Estado Nación. Así, en términos del rol del Estado encontramos a grandes rasgos dos miradas: una visión tradicional-ortodoxa que asigna las funciones de regulación al mercado, a partir del cual se garantizaría la mejora del conjunto de la sociedad y del conjunto de dimensiones subalternas de la economía. Por el otro lado, una visión alternativa que sostiene e integra las instituciones (incluyendo al Estado) al funcionamiento económico, donde la coordinación y la regulación entre las distintas áreas que son el resultado de elecciones sociopolíticas.

De alguna manera, estas dos perspectivas ideológicas antagónicas se han expresado distinto a lo largo del tiempo: librecambistas vs. proteccionistas, campo vs. industria, neoliberal vs. progresista, colonia o patria, y hoy mercado o estado. Obviamente los antagonismos no permiten comprender las profundas sinergias positivas que hay realmente detrás de cada uno de esos actores, sectores o instituciones de la economía política de un país, pero sí han reflejado a lo largo de la historia la lucha política entre dos opciones políticas totalmente opuestas. Y aquí es indispensable comprender la contradicción fundamental: Si Milei sitúa la arena política como Estado NO, debemos comprender que la defensa a ultranza del Estado y sus instituciones son elementos fundamentales para permitir el resurgimiento de una Argentina que tenga sostenga equilibrios institucionales hacia quienes no disponen de una billetera que los proteja.

Economista, Directora del Banco Ciudad.

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