26 de abril 2018 - 22:22

La fiesta internacional de Los Caligaris

La fiesta internacional de Los Caligaris
Si suenan Los Caligaris, es el mejor momento de la fiesta. Nadie lo duda. Y si el lugar de encuentro tiene la capacidad de contener a 25 mil personas en una misma sintonía, ya se puede hablar de magia. Y para eso, nada mejor que un circo. De esos en los que sólo cabe la alegría. De eso se trata "El show más feliz del mundo", el cd/dvd que la banda cordobesa editó hace una semana y que refleja lo vivido en El Palacio de los Deportes de México.

A través de un recorrido multicolor y multisensorial, la banda se muestra como múltiplo común de todas las emociones que tienen que ver con el placer. Un punto de unión que impacta desde la pasión que se cruza en ese momento en el que el grupo se relaciona con su gente.  

El recital (agotado cuatro meses antes de llevarse a cabo) refleja el espíritu rodante de una empresa sin dueño. "Creo que ni siquiera nuestra familia toma verdadera dimensión de lo que vivimos", le asegura a AGENDATE Martin Pampiglione, cantante de la agrupación que mezcla ska, pop, rock, cuarteto y circo. Razones no le faltan. Lo conseguido por Los Caligaris es algo que lograron muy pocas bandas locales como Soda Stereo, Los Fabulosos Cadillacs, Los Enanitos Verdes y Los Auténticos Decadentes, el grupo con el que tienen una sinergia más palpable. "Ellos siempre nos dicen que nosotros logramos en cuatro años lo que a ellos le llevó quince. Pero ellos fueron los primeros que confiaron en nosotros", expresa Pampiglione antes de contar lo que se viene: "El crecimiento es exponencial. Sacamos a la venta para octubre el Auditorio Nacional, que es el lugar más mítico que tiene México. Entran 10 mil personas, pero se ve de todos lados. Ya tenemos lleno dos y el tercero ya está al 70 por ciento cuando todavía faltan más de cinco meses".

Periodista: ¿Cómo se baja de un escenario luego grabar el dvd de un show al que asistieron 25 mil personas en el extranjero?
Martín Pampiglione: Bajás cargado de energía. Te cuesta dormir después de un recital así. El choque de fuerza es muy grande. Te agarra un bajón, pero demorás cinco horas en poder cerrar los ojos. Por suerte, ni bien terminamos nos fuimos a brindar para terminar un trabajo que no sabíamos que era tan difícil. De haberlo sabido, quizá no lo hacíamos. Fue algo que trabajamos más de una año. Durante el show no pudimos ni tomar agua para no manchar la alfombra y que no se vean errores que podían llegar a quedar plasmados en el dvd.



P.: ¿Cómo vivís el recital a la distancia?
M.P.: Lo disfruto un montón. Me gusta verlo en familia para que sientan lo que dejamos grabado. Llevé a mis padres para que lo vivan en directo y los vi en el camarín haciendo puchero. Orgullos. Es una alegría muy grande. Algo que también surge de la gente. Y es que la alegría tiene mucho que ver con nosotros. Todo lo que sea feliz, es nuestro. Y pasa lo mismo en todos lados. Lo presentamos en más de quince países y este año ya tenemos diez show cerrados en España y quizá podamos seguir por Holanda y Alemania.

Además de cantar, Martín se encarga de algunas de las acrobacias que lleva a cabo la banda durante sus shows. Y tiene lógica. Su crianza fue en el circo de los Hermanos Muñoz, donde su abuelo era uno de los dueños. Pero la vida del circense tiene sus vueltas y cada vez que la formación salía de gira, los estudios eran un problema.

P.: La vida rodante no parece sencilla.

M.P.: Mi vieja siempre me decían que nos discriminaban, pero yo no me daba cuenta. Nos decían gitanos como algo despectivo. Y es que en los pueblos que no eran grandes, el circo solía quedarse dos semanas y, en ese tiempo, quizá tenía que ir a un colegio y cuando levantábamos campamento a otro. Y así todo el año. Pero no todos nos aceptaban.

P.: ¿Por qué?

M.P.: Porque no había una ley para eso. Y los colegios públicos podían no aceptarte por cuestiones de cupo. Pero en una de esas oportunidades, mi vieja se cansó y le mandó una carta a Alfonsín, cuando era presidente. Y no solamente le respondió, sino que también se hizo cargo de esa cruzada. Se presentó un proyecto que luego se hizo ley y hoy todos los chicos del circo, por suerte, deben ser aceptados en las escuelas. Todo un logro.

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