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La fiesta internacional de Los Caligaris

Martín Pampiglione: Bajás cargado de energía. Te cuesta dormir después de un recital así. El choque de fuerza es muy grande. Te agarra un bajón, pero demorás cinco horas en poder cerrar los ojos. Por suerte, ni bien terminamos nos fuimos a brindar para terminar un trabajo que no sabíamos que era tan difícil. De haberlo sabido, quizá no lo hacíamos. Fue algo que trabajamos más de una año. Durante el show no pudimos ni tomar agua para no manchar la alfombra y que no se vean errores que podían llegar a quedar plasmados en el dvd.

M.P.: Lo disfruto un montón. Me gusta verlo en familia para que sientan lo que dejamos grabado. Llevé a mis padres para que lo vivan en directo y los vi en el camarín haciendo puchero. Orgullos. Es una alegría muy grande. Algo que también surge de la gente. Y es que la alegría tiene mucho que ver con nosotros. Todo lo que sea feliz, es nuestro. Y pasa lo mismo en todos lados. Lo presentamos en más de quince países y este año ya tenemos diez show cerrados en España y quizá podamos seguir por Holanda y Alemania.
Además de cantar, Martín se encarga de algunas de las acrobacias que lleva a cabo la banda durante sus shows. Y tiene lógica. Su crianza fue en el circo de los Hermanos Muñoz, donde su abuelo era uno de los dueños. Pero la vida del circense tiene sus vueltas y cada vez que la formación salía de gira, los estudios eran un problema.
P.: La vida rodante no parece sencilla.
M.P.: Mi vieja siempre me decían que nos discriminaban, pero yo no me daba cuenta. Nos decían gitanos como algo despectivo. Y es que en los pueblos que no eran grandes, el circo solía quedarse dos semanas y, en ese tiempo, quizá tenía que ir a un colegio y cuando levantábamos campamento a otro. Y así todo el año. Pero no todos nos aceptaban.
P.: ¿Por qué?
M.P.: Porque no había una ley para eso. Y los colegios públicos podían no aceptarte por cuestiones de cupo. Pero en una de esas oportunidades, mi vieja se cansó y le mandó una carta a Alfonsín, cuando era presidente. Y no solamente le respondió, sino que también se hizo cargo de esa cruzada. Se presentó un proyecto que luego se hizo ley y hoy todos los chicos del circo, por suerte, deben ser aceptados en las escuelas. Todo un logro.


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