Desde la fila de los feligreses, contemplan los saludos con el Presidente los propietarios de "Canal 9", Daniel Hadad y Raúl Moneta.
«El banquero Raúl Moneta asistió a la ceremonia de la firma del contrato para la ejecución de obras de restauración y puesta en valor de la fachada principal de la Basílica de Luján, con su propio fotógrafo para tratar de retratarse junto al presidente Néstor Kirchner.» Este fue el epígrafe con que la agencia oficial «Télam» acompañó una foto en la que Moneta camina frente a la basílica hablando por teléfono celular y con un fotógrafo al lado. Más que un epígrafe, la del organismo parece una aclaración. Como si quisieran decir: cualquier foto de Kirchner con Moneta corre por cuenta de Moneta, no la sacamos nosotros.
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Como mensaje, el de la foto de Moneta sacada por «Télam» podría tener varios significados. El más inmediato es de corte laboral: el fotógrafo de la agencia oficial parece querer cubrirse, mostrando al colega presuntamente contratado por el ex banquero, de que lo acusen de sacar alguna foto inconveniente para el gobierno. En pos de ese objetivo, su foto casi se convierte en una especie de «escrache» de su colega fotógrafo, autor de la foto inconveniente. Se trataría de un gesto de autocensura llevado al extremo. ¿Habrá en la agencia oficial un clima tan opresivo que activa estos mecanismos?
Desde este punto de vista, lo que importa es quién sacó la fotografía de Kirchner con Moneta. Pero ¿qué importancia tiene la foto? ¿Kirchner y Moneta estuvieron juntos en un acto? ¿Sí o no? De existir algo reprochable, está en el orden de los hechos no de sus representaciones.
Pero, aun así: ¿importa el hecho?, ¿es lógico que el Presidente se desvele por identificar a quiénes se invita o deja de invitar en un acto protocolar que ni siquiera organizó, cuando quienes participan de la reunión no son prófugos de la Justicia ni tienen delitos pendientes de sanción? Se podrá decir que, cuando se posee determinada investidura, hay ciertos reparos «estéticos» que tener en cuenta. Aunque también es cierto que la Presidencia es una institución pública y que, por lo tanto, quien la ejerce no tiene derecho a discriminar públicamente según sus gustos personales, dejando que lo privado se inmiscuya en lo público cuando no existen razones legales para hacerlo. Salvo que se esté ante un caso de autoritarismo.
Finalmente, hay algo que resulta obvio por lo práctico: ni Kirchner, con toda su minuciosidad, podría evitar compartir un acto con alguien que no resulta de su agrado. ¿O acaso no le sucedió ya al Presidente participar de un meeting junto a Rodolfo Galeliano, aquel funcionario de Moreno (provincia de Buenos Aires) que fue pescado por una cámara oculta pidiendo «la platita-la platita». En aquel momento no hubo aclaración alguna de «Télam». Claro, tampoco hubo foto.
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