En un país presidencialista como el nuestro, donde ejercer la primera magistratura ya asegura poder, se considera cada día más exagerada y hasta perjudicial la permanente búsqueda para acrecentarlo por parte de Néstor Kirchner. Inclusive alarma porque está la acechanza observada desde hace 6 meses: el riesgo de derivar en autoritarismo o «riesgo de hegemonía», como dice fuerte Elisa Carrió. Si el empresario Francisco de Narváez, para obtener supermercados Disco se volvió kirchnerista, tras haber sido el último incitador de que Carlos Menem enfrentara en perdida segunda vuelta al actual presidente, alarma que en la Argentina algún gobernante manifieste tendencias omnímodas. Somos un país que nos preocupamos por la ley de «obediencia debida» pero no por la tradición de «obsecuencia debida» -incluida la prensa- que inspiró a aquélla.
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Sin embargo, para cualquier país hay problemas graves que se crean desde el entorno de una figura máxima obcecada por más poder. Los adláteres se creen libres de responsabilidad para excesos y arbitrariedades, suponiendo -quizá tengan razón- que agradarán y serán acariciados por el jefe.
Así se explica, sólo con la observación de los últimos días, que un médico lanzado para la política por Eduardo Duhalde, como José Pampuro, por ser ministro de Kirchner haya atacado a su inventor como lo hizo. O que otro ministro de la misma forja duhaldista, Aníbal Fernández, haya denostado a la prensa como lo hizo, pese a que la mayoría de los medios es orientada desde el gobierno, también de rápida adaptación a la «obsecuencia debida». O que Horacio Verbitsky, de consejero influyente con formación marxista haya pasado a delantero de punta lanzándose nada menos que contra una de las figuras máximas, aunque atemperada y razonable, de la misma izquierda como es Estela de Carlotto, de la respetada Abuelas de Plaza de Mayo. No sólo eso sino que el mismo Verbitsky también arremete con afán decapitador -de ahí su enfrentamiento con Carlotto- contra el gobernador bonaerense, Felipe Solá, que no está, al menos hoy, en la mirada de su jefe Kirchner. Lo hace, además, apadrinando a falsificadores de firmas y el uso indebido de fondos públicos, del mismo gobierno de Solá, para atacarlo, editando revistas casi inexistentes pero costosas como «Puentes» dirigida con cobro de honorarios por Gabriela Cerrutti -ex furibunda antimenemista- que también percibe haberes simultáneos de Aníbal Ibarra.
Fijémonos, por último, en el ministro que más aprovecha la búsqueda hegemónica del Presidente, Gustavo Béliz, ministro de Justicia, que interesa más a este relato. Como todo agresivo reprimido moverse en un gobierno con iracundias lo desahoga. Las conexiones telefónicas entre edificios públicos -Casa de Gobierno incluida- y hechos delictivos no se investigan (la Justicia parece que sí) simplemente porque no fue denuncia de Béliz sino de un alto funcionario judicial bonaerense, el procurador Eduardo De la Cruz.
Ministros como Béliz están para decapitar policías o jueces, pero desbocándose. El ex jefe Roberto Giacomino de la Federal puede ser condenado por la Justicia, desde ya, pero para satisfacer su morbo Béliz exageró los números del negociado. No se puede negar que debía sacar a Giacomino, pero como agresivo se extralimitó y perjudicó a la sociedad en temas tan decisivos como la seguridad en su momento de más debilidad.
• Homenaje
Tuvimos oportunidad de conocer la despedida a un policía mal arrastrado a su baja por los empecinamientos del ministro Béliz. Es el comisario mayor Angel Francisco «Gato» Vázquez, director general de Investigación de Tránsito Ilícito de la Policía Federal. En el restorán Broccolino lo despidieron con un homenaje por su injusto pase a retiro siendo el policía que más sabe de estupefacientes en el país. Dirá el lector, «claro, lo de siempre, lo despidieron otros policías compañeros». No. Lo homenajearon jueces federales (Carlos Ferreyra Pella, Patricio Santamarina); jueces en lo Penal Económico (Marcelo Aguinski, Guillermo Tiscornia, Claudio de la Cárcova, Luis Losada); el fiscal federal Miguel Blanco García Ordas y otros. También altos diplomáticos como Mike Cavannagh de la Embajada de Gran Bretaña, Massimo Salsi de la de Italia y otros.
Sorpréndase el lector, pero en la cena estaba también Tony Greco, el representante norteamericano de la DEA (lucha contra el narcotráfico) y varios agentes de ese organismo que operan desde la Argentina.
¿Cómo se explica tan importante calidad de agasajantes a un comisario víctima de la discrecionalidad inmadura del gobierno vía un ministro? ¿Cómo entender que el discurso lamentando su alejamiento lo haya pronunciado el estadounidense Greco de la DEA (además le entregó un obsequio), el brindis lo haya ofrecido el juez Gutiérrez de la Cárcova y que el diplomático inglés Cavannagh le haya acercado otro presente en nombre de Inglaterra? Bastaría, para entender, cómo jueces, investigadores y diplomáticos sin prejuicios ni ceguera juzgan estos datos conocidos allí, en la mesa: con la colaboración destacada del comisario «Gato» Vázquez sólo en este año 2003 la Policía se incautó de 200 kilos de heroína, 24 toneladas de marihuana y 700 kilos de clorhidrato de cocaína (en la frontera norte).
Vázquez llevaba 34 años en la Policía Federal, casi todos ellos en narcotráfico para lo cual hasta se especializó en el exterior (en Alemania, por caso, estuvo un año).
• Descapitalización
En las «razias de uniformados» como le gusta hacer al gobierno y tanto placer personal da a Béliz ¿cómo se justifica ante las familias desguarnecerlas nada menos que en tema droga, privando a las fuerzas del orden de policías experimentados en tal nivel y con estos contactos y conocimientos con quienes luchan en el mismo campo?
No seamos infantiles y dejemos de descapitalizarnos de hombres que luchan contra el tráfico de drogas. No olvidemos que acabamos de incorporar a la Corte Suprema a un letrado que declaró que no consume más marihuana sólo porque «me deprime»? Además, ¿queremos hacer como en la provincia de Buenos Aires donde se separó en este momento crucial de crecimiento del delito al que más sabía del tema Seguridad, Juan José Alvarez, anteponiendo a la necesidad de la gente la enemistad particular del presidente Néstor Kirchner con él por eventual falta de apoyo político en algún momento del pasado?
Eso y curar desde el Estado traumas, también particulares, del ministro Béliz es poco serio para dirigir el país.
En esa mesa del homenaje se agregó este dato: el alejamiento forzado por Béliz interrumpe una averiguación que venía desarrollando el comisario Vázquez: el porqué de ciertos movimientos de migración. Es éste: en el año 2000 viajaron de la Argentina a Uruguay 800 ciudadanos colombianos; en 2001 ese tránsito se elevó a 1.900 colombianos; en 2002 se elevó enormemente hasta 8.000 colombianos en tránsito a Uruguay. Del año actual no se sabe, Vázquez no estará investigando.
Puede ser que el derrumbe del peso argentino haya incitado también al turismo colombiano. Si no fuera así mejor esperar que eventuales narcotraficantes autolimiten su circulación por difusión de datos. En la Argentina sacamos de sus funciones a todo experimentado. Por último: este comisario, comentaban, es sólo dueño del departamento donde vive. Modesto, además.
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