18 de diciembre 2000 - 00:00

Alvarez apurado porque De la Rúa le explique blindaje

Fernando de la Rúa desactivó ayer las expectativas por la demorada cumbre con Carlos Chacho Alvarez, al anunciar a los periodistas que «no está prevista todavía». Según la agenda presidencial, el encuentro quedará postergado, al menos, hasta que el jefe de Estado regrese de Chile, pasado mañana.

En la víspera, el ex vice quiso acelerar los plazos al remitirle un mensaje a De la Rúa, a través del correo habitual. Aunque fracasó. En Olivos, el dueño de casa recibió de manos de Darío Alessandro una carta que, entre otras cosas, sugiere la conveniencia de que se reúnan «cuanto antes». La excusa sigue siendo la misma: discutir las propuestas de Chacho incluidas en la «carpetita».

Obviamente, el jefe de Estado no quiere aparecer recibiéndolo por presión y, en consecuencia, frenó las especulaciones durante la conferencia de prensa que ofreció tras la presentación del salvataje financiero. En público actúa como si no estuviera intrigado por los planteos no escritos que le llevará Alvarez, y que sólo él conoce.

De la Rúa
relató que el lunes de la semana pasada le envió una carta a Alvarez en respuesta a las propuestas políticas, económicas y sociales que el frepasista le hizo llegar. «Estamos estudiando los puntos. Muchos se están cumpliendo o están previstos en acuerdos como los que firmamos con las provincias», dijo en referencia al paquete de medidas impulsado por su ex vicepresidente. Delante de los movileros, el primer mandatario confesó que los problemas políticos dentro de la Alianza, especialmente la renuncia de Alvarez, «tuvieron influencia» en la desconfianza de los mercados internacionales sobre el futuro de la Argentina.

En secreto, el Presidente envió una misión exploradora hasta la Casa del Frente para conseguir, por anticipado, detalles de las inquietudes chachistas. No tuvo demasiado éxito. El viernes pasado, Chrystian Colombo se entrevistó con el mismísimo líder frepasista, pero apenas pudo sacarle una versión oral -y ampliada-de la «carpetita». Nada más.

Recorrida

Mientras espera turno, Chacho comenzará hoy a recorrer el espinel de los denominados «socios chicos» del Frepaso. Luego de desempolvar el Frente Grande, esta tarde cerrará la última reunión del año de sus incondicionales amigos del socialismo popular (los «democráticos» de Alfredo Bravo se tornaron indomables desde que rompieron con el bloque Alianza en el Congreso). Se tratará de un encuentro casi terapéutico con el diputado nacional Rubén Giustiniani, el intendente rosarino Hermes Binner y la legisladora porteña Clori Yelicic, en la sede de Entre Ríos al 1000, a metros del comité central del PC.

El visitante intentará mantener en el redil a los herederos de
Guillermo Estévez Boero, algo desencantados con el gobierno. Alvarez cuenta a su favor que los anfitriones están comprometidos a criticar con sordina porque han colado varios funcionarios, entre ellos Dante Caputo y el sindicalista Carlos Nivio, secretario de Ciencia y Técnica y colaborador de Patricia Bullrich en Trabajo, respectivamente.

Para homenajearlos, repetirá su explicación -ya memorizadasobre el contenido de la famosa
«carpetita». Sabe que lo aplaudirán, ya que Giustiniani le anticipó las coincidencias surtidas con las propuestas que le acercó a De la Rúa.

Inquietud

Lo único que puede quebrar tanta armonía progubernamental es una extravagante -aunque loable-inquietud del PSP para establecer un blindaje social. Giustiniani y compañía presentaron un proyecto de ley destinado a garantizar un ingreso mínimo, estimado en $ 180, para todas las familias en situación de indigencia. Al mismo tiempo fija un control de calidad de la atención sanitaria y la educación que reciben los niños y jóvenes de esos hogares.

Según cálculos propios, la iniciativa no aumentaría el déficit fiscal. Basta con concentrar las partidas sociales -alre-dedor de $ 450 millones-para cumplir con este blindaje populista. Mañana le acercarán la idea a quien debería ponerla en marcha (siempre y cuando prospere), Graciela Fernández Meijide.

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