El nuevo jefe de Gabinete sigue haciendo curso acelerado de protocolo para el nivel del cargo que tiene ahora. Sentado ayer en el Palacio San Martín en la mesa principal junto a Cristina de Kirchner y Lula da Silva, no pudo reprimir su afición a sonreír ante las cámaras. Aunque estuvieran a sus espaldas, cada vez que oía el «click », se daba vuelta, así fuera tarde y eso motivase que el registro resultara, todas las veces, como nunca debe verse un ministro: fuera de foco. Deberá templar su ánimo y resistir con firmeza los fogonazos, aunque piquen cerca de su espalda.
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