La suite del piso 3, del hotel De Crillon en el 10 de la Place de la Concorde, se convirtió por un instante en una peña rosarina donde no entraban los libros que había escrito cada uno de los allí reunidos. Rafael Bielsa juntó al novelista y crítico Héctor Bianciotti, al narrador hermético Juan José Saer y al ensayista Juan Archibaldo Lanús para agasajar a los dos primeros por su aporte a la cultura. Este canciller fue saludado por Lanús, embajador acá, como el ministro más intelectual que ha tenido el país desde Estanislao Zeballos. «Exageran un poco», admite Bielsa, que como todo intelectual cuando no rinde homenajes, los recibe. Esa pasión por el incienso que tiene la gente de letras -compensación por otros reconocimientos que creen les niega la vida-se completó con que todos los concurrentes, salvo Lanús, eran santafesinos de la zona de Rosario, incluyendo a otros dos asistentes, el vocero Oscar Feito y la pintora Julieta Hanono, que vive aquí hace diez años. Subido cada uno a su pedestal dialogaron:
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Bielsa: Usted es académico de la francesa. Bianciotti: Sí.
Bielsa: ¿En qué silla se sienta? Bianciotti: No me acuerdo. Bielsa: Recuerdo que su novela «Sin la misericordia de Cristo» es muy francesa, pero a la vez muy argentina.
Bianciotti: Sí, yo nací en un pueblo entre Córdoba y Santa Fe. Insoportable. Un día me subí a un caballo, saludé a mi padre, le dije que nunca iba a volver, me fui y nunca volvía.
Bielsa: ¿Qué pueblo? Bianciotti: Calchín Oeste. Los visitantes cumplieron con el rol intelectual de hablar bien del gobierno. Bianciotti dijo que le interesaba Kirchner porque «es el bueno en la lucha con los malos». Por eso prometió que viajará más al país. Saer fue invitado en noviembre a la prometida condecoración de Augusto Roa Bastos por el gobierno argentino, condición que puso el novelista paraguayo.
«Kirchner destila racionalidad», depositó Saer en la ranura. El canciller hizo su aporte analítico al recordar la amistad de Bianciotti con el fallecido escritor Herbé Guibert, admirado por Bielsa y amigo íntimo de Bianciotti. Este aprovechó para recordar sus costumbres y sus dichos. Guibert fue amigo además de otra celebridad, el pensador Michael Foucault. El recuerdo inspiró una reflexión de Bielsa. «En psicoanálisis todo lo que no se dice aparece después como síntoma. Eso es lo que queremos hacer en este gobierno, que salgan los temas tapados», dijo el ministro y relató su visita a Roa en Paraguay. Glosaron la vocación intelectual del canciller francés Jacques de Villepín, que ha publicado una antología de los poemas que recuerda su infancia. «Me lo mandó dedicado», relató Bielsa. «Villepín es un cuadrazo», elogió el canciller con jerga militante. Pasaba el reloj y el funcionario abrió los brazos: «La verdad es que me pasaría todo el día hablando de libros con ustedes», Saer: No, mejor es que ahora vaya a trabajar. Kirchner, Bielsa y Jorge Taiana (h) tuvieron más de un sofocón para consolar a visitantes del Presidente a quienes éste obligó a largos plantones, pese a la nobleza de sus pretensiones. Primero ocurrió el martes en la Maison de l'Amerique Latine donde se hizo un megacóctel en homenaje a Néstor Kirchner, pero que también fue un gesto de adhesión al confirmado embajador Juan Archibaldo Lanús, que viene de un infarto con angioplastia. Una carta colectiva que firman todas las celebridades argentinas en París de todos los colores, sexos e ideología piden por la continuidad de Lanús en el cargo, pese a haber sido ya confirmado.
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