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6 de diciembre 2005 - 00:00

Chávez I

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Hugo Chávez

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Los populismos de nuestro continente en el ciclo alto de la bonanza de dinero en un país -por el empinamiento del precio del petróleo, de la soja, de cualquier otro primario o por acumulamiento de divisas por guerra, como
Los populismos en nuestro continente perduran en la medida en que haya fondos para repartir subsidios y tienen características también comunes: no pueden disminuir la pobreza (80% en Venezuela y casi 40% en la Argentina, por caso, mientras que Chile, con socialismo racional de lo económico la bajó de 38% en 1990 al 16% actual) porque no encauzan la riqueza imprevista a crear un futuro que cambie al subsidiado por empleado.

Los populismos latinoamericanos fanatizan masas con dinero y hombres fuertes, generalmente uniformados, algo que agrada a la mayoría de la población. Uniformados de como Juan Perón, de izquierda como Chávez o de ultraizquierda como
Los viejos populismos, como
Los hay agresivos, como Kirchner y Chávez; los hay respetuosos (como era Duhalde quien, además, inventó el reparto permanente sin tener riqueza acumulada. Claro, eso fue lo peor y llevó al país al estallido de 2001, obvio).

Los ciudadanos moderados y democráticos se desesperan frente a los populismos. En parte tienen razón en desesperarse: el auge argentino hoy proviene del campo y se reparten subsidios vía retenciones sobre un dólar sobrevaluado. Pero el campo no pasó a estrella por una sequía en Rusia o por un granizo sobre una cosecha de Estados Unidos, que sería algo circunstancial, sino por una demanda sostenida (de alimentos) de los países asiáticos, lo único que no podrán producir en escala por carencia de territorio para sus enormes masas poblaciones. O sea que estamos ante una demanda sostenida en el tiempo, como la que tiene Hugo Chávez, que vio para su suerte erupcionarse extraordinariamente el precio del petróleo a los 4 meses de haber asumido. Como Néstor Kirchner con la soja y los granos en general.

Con este panorama mundial de abundancia, de demanda sostenida en el tiempo, la posibilidad de desplazar democráticamente a un populismo instalado se torna difícil por años, aun cuando esté manejando mal la economía y no le consolide un futuro estable al país.

Esto es así y seguirá así. Probablemente otro centroizquierda duro surja pronto en Bolivia con

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