17 de julio 2003 - 00:00

Chirac a Kirchner: "Franceses no se van"

París (enviado especial) -Jacques Chirac le dijo ayer aquí a Néstor Kirchner que la decisión estratégica de su gobierno es que las empresas francesas con inversiones en la Argentina permanezcan en el país. La expresión la había adelantado un representante del Parlamento, pero el gobierno la festejó como el principal logro de su visita de 48 horas, que anoche terminaba Kirchner y partía con su comitiva hacia Madrid, donde estará un día.

Los dos presidentes conversaron junto a un puñado de funcionarios de ambos gobiernos, en el despacho que fue de Charles De Gaulle, de François Mitterrand y ahora de Monsieur Chi-Chi, como llaman sus hinchas al mandatario francés. Durante una hora y cuarto cruzaron opiniones sobre la responsabilidad del FMI en la crisis de la Argentina. Kirchner se negó a adelantar cuál será su decisión sobre el pedido de extradición de militares que son reclamados por otros países para someterlos a juicios por delitos cometidos en la represión clandestina del terrorismo en los '70. Confirmó además que una ley del Congreso permitirá la renegociación de las tarifas, reclamo que los franceses pusieron en torno de una mesa a la que se sentaron, además de los mandatarios, los cancilleres Jacques de Villepin y Rafael Bielsa, los embajadores Francis Lott y Juan Archibaldo Lanús y Roberto Lavagna, quien permaneció en silencio durante toda la tenida. Un tercio de la charla la ocupó Kirchner en el recitado de su explicación sobre lo que cree que pasó, pasa y pasará con el país (Menem malo, FMI responsable, reactivación, sustitución de importaciones, seguridad jurídica para los dos lados del mostrador, etc.). Chirac, que no es cándido a la hora de responder al rap, le dijo: «Presidente, mon ami, estoy de acuerdo en todo, menos en que el FMI estaba de acuerdo en lo que hacía el gobierno de Menem».

Kirchner:
Claro que sí... Chirac: Ecoutez-moi (le traducen; cada cual habla en su idioma, por eso, de tiempo aprovechado, no pasaron de la media hora). Yo sé cómo criticaron el tipo de cambio fijo. Yo mismo hablé muchas veces con gente del FMI para decirles que la Argentina iba al desastre con esa política con el argumento de que si para mí era algo claro, algo estaba pasando que debían explicarme. ¿No lo ve nadie eso? Decía yo. Y después pasó.

Kirchner:
Mi querido presidente, el propio Horst Köhler me confesó que las políticas del Fondo estaban equivocadas. Pero le digo más, le voy a mandar un video para que vea el acto cuando a Menem lo mostraron en la asamblea del FMI del '98 como el alumno perfecto, hasta estaba Clinton. Pero, en todo caso, o el Fondo tiene doble discurso o yo tengo razón y en las dos alternativas es algo grave.

•Anécdota

El Presidente venía embalado por una anécdota que le había contado en el auto Lavagna cuando iban a la cita en el Palacio del Elíseo en la que el año pasado recibió la oferta de funcionarios de línea del FMI de estudiar un plan hiperinflacionario para licuar más deudas y salarios en la Argentina. El ministro dijo que se había negado y que, cual aplicado alumno de la última fila, entregó a esos funcionarios a Köhler con la frase: «Mire en lo que anda su gente, Horst». Con testimonios así alimenta Kirchner esas batallas que no se sabe con claridad contra quién son. En la respuesta Chirac puso fecha a una mejor relación en el futuro con la Argentina y la región.

«Durante mucho tiempo -gesticuló- hemos estamos desentendidos de la Argentina, un poco porque no nos gustaban los regímenes que tenían, otro poco por nuestros propios problemas. Pero ahora -miró a los Kirchner-todo cambia; tienen que aprovechar la asociación con Brasil para su supervivencia misma como país».
Tal dramatismo le llamó la atención al sector argentino de la charla y gatilló anoche en el avión presidencial que iba a Madrid una hipótesis: la carrera que corre Francia contra Estados Unidos para cerrar una relación con el Mercosur y ser la puerta de entrada al mundo desarrollado de los países de la región -algo que pelean también Italia (lo vio Daniel Scioli hace dos semanas) y España (lo verá hoy el Presidente cuando esté con José María Aznar y con el rey).

«Somos el principal proveedor de América latina, somos el principal cliente. ¿Por qué no avanzar a relaciones más permanentes?», propuso el carnal Chi-Chi, que ha echado fama de varón perenne por deslices que se cuentan por ahí. Kirchner, que se tenía todo bien leído, le regaló esta rosa: « Mire presidente, leo que cuando lo critican a usted porque el déficit de Francia es del doble del permitido por el sistema monetario europeo, usted responde muy bien. Que el pacto es estabilidad con crecimiento, no sólo estabilidad».

Chirac
simula agradecimiento, pero lo interrumpen. «Entonces, presidente, aplíquennos a nosotros la misma respuesta. Déjennos crecer y no nos fuercen sólo a la prolijidad fiscal», dijo el Presidente y festejó con una sonrisa su propio hallazgo verbal. Este Kirchner se va viendo como un fraseador formidable de la política. Ya se dijo que es un semiólogo nato cuya principal habilidad es advertir el impacto en el público de los mensajes. Eso explica también la pasión por acuñar frases que sirvan como títulos noticiosos. Es común escuchar decirle a un ministro cosas como: « Mirá qué buena idea se me ocurre; déjennos crecer para pagar» y en el curso de los días va redondeando la expresión como un redactor publicitario. Villepin estaba apurado porque tenía que tomar un vuelo hacia México. Por eso adelantó los dos temas esperados. Primero tarifas: hay que buscar una solución para empresas endeudadas y provistas en dólares, pero que cobran pesos devaluados y además no tienen reglas de juego claras. Kirchner recordó que ya entró una ley en el Congreso que va a analizar la situación de la empresa a la luz de tres variables: inversiones hechas, utilidades que tuvieron hasta ahora y las pérdidas que han tenido desde diciembre de 2001. De ahí en más se revisan todos los pliegos para nuevos contratos donde haga falta, en realidad todos porque los servicios privatizados tienen cláusula dólar. Chirac asumió el mensaje más claro de la reunión: «Nuestra decisión como país es seguir en la Argentina, nuestras empresas no se van, tenemos mucho allí, además de la identidad cultural. Pensemos ahora cómo lo vamos a hacer», dijo. Una respuesta en el nivel que es más útil a la rabieta antinegocios que está en un pelo de hacerle perder al país otra generación. El otro tema por el cual se interesó Villepin fue la situación de los juicios por la desaparición de franceses en la Argentina durante la década del '70. Kirchner repitió lo mismo que dijo ayer a un grupo de activistas de causas humanitarias, a los que recibió antes de la entrevista en el Elíseo. «En la Argentina vuelve la vigencia de la Justicia para todos.» Chirac -mientras orejea un impreso con nombres de desaparecidos franceses-, insistió con que viene preocupando hace mucho que haya leyes de dudosa legalidad que hacen escapar situaciones. « Hay comprometido, creo un señor Astiz.» Kirchner no respondió y se remitió a medidas que dice no va a tomar mientras esté fuera del país. Bielsa buscó distender el clima citando que venía de firmar acuerdos con la UNESCO para declarar patrimonio de la humanidad el Camino del Indio y con la agencia espacial francesa para prospección satelital. Lo aprovechó Villepin para despedirse rumbo a México.

Chirac: Acá envidio a mi ministro que se va a México donde va a comer en los mejores restoranes de carne del mundo
.

Kirchner:
No le permito, cuando vaya a la Argentina lo voy a llevar a ver el Glaciar Perito Moreno y también le voy a hacer llegar un cordero patagónico y va a ver que es el mejor del mundo.

Chirac:
Le tomo la palabra.

Bielsa
acompañó a Villepin a la puerta para agradecerle el envío del libro de poemas e inspiración escrito por el canciller francés y regresó a la mesa. Sentados todos sin Villepin, Chirac dio una respuesta a uno de los cuestionamientos del rap de Kirchner, los subsidios al campo. Alzando las manos y agitando la cabeza confesó que «es cierto, es un problema en que los hemos dejado solos pero también nosotros necesitamos tiempo para que nuestros productos agrarios sean más competitivos y terminar con esos subsidios que distorsionan todo. ¡Ya lo vamos a hacer!». La salida fue lenta hacia el playón de pedregullo que sirve de entrada al Elíseo, donde esperaba una fanfarria militar para la diana de despedida. Más gesticulador que nunca, Chirac les indicó a los Kirchner el camino -extiende el brazo hacia los movileros y cronistas que esperaban bajo el cielo gris de París rezando para que no cayese otro chaparrón-. Besa la mano de la dama, abraza al «chéri ami» que se sumerge entre los micrófonos antes de partir pitando hacia el hotel De Crillón, de ahí a Orly y de ahí a Madrid.

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