Reapareció ayer Gustavo Béliz; hasta se fotografió con quien tiene denunciado en la Justicia, Aníbal Ibarra. Claro que, para ellos, estas diferencias son menores y lo que importa, en todo caso, es mostrar la unidad en la administración Kirchner. Como se sabe, Béliz había casi desaparecido de los medios por la elección en la Capital: no parecía oportuno afirmar que apoyaba al jefe de Gobierno cuando eran públicas sus disputas del pasado y hasta las causas en la Justicia. En rigor, el ministro de Justicia y Seguridad ya se había mostrado en cámara el día anterior: viajó a Misiones para apoyar la candidatura de Carlos Rovira, lo máximo que pudo enviarle (en presencia física, obvio) el Presidente al gobernador de Misiones en su contienda contra Ramón Puerta (el que hoy, por otra parte, recibe en su casa y como compañía de campaña a Eduardo Duhalde).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero interesa lo que ocurre con Béliz, ya que ese período de reserva, meditación y ocultamiento sirvió para tejer versiones e historias. Desde una confrontación entre el ministro y el Presidente, hasta enfrentamientos con otros pares del gabinete (siempre alguien se pelea con Alberto Fernández y, por supuesto, jamás se llevará bien Béliz con Rafael Bielsa porque uno casi no llevó a nadie al ministerio mientras en Cancillería, se afirma, ingresaron asesores varios, seguramente imprescindibles para la gestión). Si la desaparición y el silencio abrieron la compuerta de la intriga, otras cuestiones aumentaron ese cotilleo.
Béliz, por más que se fotografíe con Ibarra, ha quedado ahora entre esa pinza y la de Fernández, con quienes no comparte criterio sobre el control de la Capital (ni en lo político, menos en lo administrativo). No en vano, entonces, avanzan los comentarios sobre su salida de Justicia y se lo menciona, cargo que no rechazaría, como posible reemplazante en el Vaticano del embajador Ricardo Espeche Gil, a quien se le vence presuntamente el mandato antes de fin de año. En la Cancillería pensaban en otros hombres para el reemplazo de este diplomático (Ortiz de Rozas o Estrada Oyuela), pero esta consideración técnica poco tiene que ver con los intereses políticos, sean los de Bielsa, Fernández o el propio Kirchner. Hay quienes se atreven a sostener que, a la vuelta del mandatario de los Estados Unidos, se resolverá el destino de Béliz -quien, si quiere serembajador, deberá sortear el tamiz del Senado, tarea no sencilla para una figura siempre controversial con el Congreso-, aunque tal vez este nubarrón de versiones sólo sea parte de una campaña en su contra. Por supuesto, esa campaña no proviene de la oposición.
Dejá tu comentario