El PAMI sigue poco serio. Ayer la obra social de los jubilados alimentó la crónica policial. El interventor del PAMI, Juan González Gaviola, denunció ante la Justicia a seis sindicalistas y empleados porque lo habrían secuestrado para firmar un acta donde se compromete a efectivizar personal contratado. Según González Gaviola, a la tarde cuando estaba por subir al ascensor, lo llamaron de una oficina del primer piso. -Doctor ¿cuándo nos va a venir a visitar? - dijo un empleado.
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González Gaviola, fue hacia allí y, según su relato, «se metieron a la oficina personas ajenas a PAMI central, que empezaron a amenazar con matarme, a insultar a mi familia y a advertirme que debía arreglar algunos temas para poder salir de allí».
A esta altura, empleados de ATE llaman al secretario del gremio, Rubén Grimaldi, que estaba comiendo un lechón en el CEAMSE con Hugo Moyano y otros sindicalistas, como lo hacen cada 15 días. -Rubén -le dijeron del otro lado del teléfono- vení porque lo matan a Gaviola. Grimaldi pensó en una broma y les dijo: «Hagan lo que quieran». Pero escuchó gritos, golpes e insultos. Todo anormal y decidió abandonar el lechón en Castelar e ir hasta el PAMI, en el centro.
El edificio estaba atestado de policías. Uno de ellos lo acompañó hasta el ascensor que lo condujo a la oficina donde estaba el acosado, por 30 personas, firmando un acta. Le piden que efectivice a la gente del plan Probienestar. Gaviola dice que son 37 y que lo va a hacer en dos partes. Grimaldi, sin saludar, lo corrige: «Son 47 con los 10 que despidieron en Rosario, incorporálos a todos». -Está bien, pero en dos partes en noviembre y diciembre.
-¿Querés que lo firme? -preguntó Grimaldi. -Dale, firmalo -asintió el mendocino. Grimaldi se ofrece: -Si querés salir, salí conmigo. Juntos van hasta el ascensor, Gaviola enfila hacia el piso 12 y Grimaldi baja con un comisario. -Menos mal que salió todo bien -le dijo el oficial.
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