29 de octubre 2003 - 00:00

Domingo negro para encuestas

Los resultados de las elecciones de Mendoza y La Pampa fueron letales para los encuestadores. Ya devaluados por las presidenciales del 27 de abril, los pronosticadores no sólo erraron cifras. También confundieron ganadores y perdedores. Un verdadero papelón para expertos de la talla de Julio Aurelio o Hugo Haime, por mencionar a los más renombrados.

En Mendoza, hubo coincidencia en la equivocación. Todos los profesionales -incluso los que estuvieron a sueldo del ganadoraseguraron antes de los comicios que iba a triunfar el aspirante del PJ, Guillermo Amstutz. Deslumbrados por el denominado «efecto K», no pudieron realizar un relevamiento certero.

El personal de Alberto Isuani, que trabaja para el gobernador Roberto Iglesias y colaboró en la campaña de su delfín, Cobos, adelantó que Amstutz se impondrían con más de 32 puntos, seguido de Cobos.

Haime, encuestólogo de alcance nacional, vaticinó que el peronista obtendría 46% de adhesiones, superando por 6 puntos a quien salió victorioso, aventuró que el diputado del PJ le sacaría 4 puntos al segundo.

En jurisdicción pampeana, los encuestólogos contaban con un privilegio que les permitió reducir el margen de error. Nadie dudaba de la victoria de Carlos Verna como sucesor del mandatario saliente, Rubén Marín.

Aquí, como en Mendoza, el principal afectado por los fallos de apreciación fue el gobierno nacional, que esperaba hacer un papel decoroso con Néstor Ahuad (aun con un perfil bajo desde la Casa Rosada), y, por lo menos, ubicarlo a espaldas de Verna y hacerlo senador nacional por la minoría, dada la doble nominación de Ahuad.

Todas las encuestas cumplieron a pies juntillas este deseo gubernamental y colocaron a Ahuad como número 2 en la cosecha de votos, postergando al frente electoral que lideró la UCR. En la realidad de las urnas, el sueño se hizo trizas y el hombre del oficialismo terminó detrás de la alianza radical.

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