17 de septiembre 2003 - 00:00

Duhalde y Solá, forzados a negociar una "cohabitación"

El domingo, Felipe Solá festejó mientras Eduardo Duhalde, recluido en Lomas de Zamora, miraba por TV. Pero la pasividad, casi ostentosa del ex presidente, fue un gesto: más temprano que tarde, el reelecto tendrá que definir -no necesariamente mostrar-su juego en el póquer bonaerense.

En poco tiempo, habrá dos indicios: cuando Solá defina su nuevo gabinete y cuando, en paralelo, revele cuánto hará cotizar su cachet de gobernador con «votos propios» (referencia de la que se enamoró) cuando reparta el Poder en el Parlamento de Buenos Aires.

A la hora de llenar los casilleros de la cuadrilla de gobierno, el reelecto marcará su tendencia. La elección de sus nuevos ministros permitirá entrever cuál es su intención: construir un eje de poder propio, quizá junto con Néstor Kirchner, o consolidar su perfil de buen administrador.

En el escenario legislativo ocurre lo mismo: pujará por imponer jefes de Cámara y bloques que le sean fieles o cederá, quizá por antojo de Duhalde, el control de esos sillones y cajas a caciques que históricamente juramentaron su fe política en Lomas de Zamora.

Parco, Solá no expone su postura. Pero, como ángeles y demonios, a su alrededor suenan coros que le arriman sugerencias. Hay, como en todo mix, un ala dura y otra moderada. Ninguna, en el círculo íntimo, propugna la sumisión a Duhalde que postula el ultraduhaldismo.

Ciertas o no, días atrás en una entrevista con este diario, Solá deslizó señales: dijo, por un lado, que no armará una estructura propia -no al menos en el sentido tradicional, punteril, del PJ-y aseguró, por otro, que apostará a mejorar su gestión vía una reforma constitucional.

Esa idea desempolvó, de inmediato, el fantasma de un intento prematuro de retocar las leyes para habilitar otra reelección en 2007 como hizo, sin éxito,
Antonio Cafiero en 1999. Pero, rápido, Solá -por entonces, joven cafierista-negó que esté pensando en esa posibilidad.

De todos modos, esa opción figura entre los planes que en voz baja le arriman al gobernador. Conduce, como todas las estrategias, a «retener» el poder que, avanzado su mandato, comenzará a diluírsele a Solá por el simple hecho de tener fecha de vencimiento.

¿Cuánto tiempo tardarán en aparecer postulantes a sucederlo que le hagan sombra? Chiche Duhalde confesó que su hora de gobernar podría ser 2007. Igual intención puede atribuirse a
Aníbal Fernández, Alfredo Atanasof, Juan José Alvarez o Julio Alak, que lo voceó pocas horas atrás.

Hay, además, un plazo futuro clave: falta mucho tiempo, pero en dos años se renovará media Legislatura, 35 diputaciones nacionales y 2 senadores.
¿Puede Solá, como ocurrió este año, delegar casi totalmente el diseño de esas listas a la mano todopoderosa de Duhalde?

Las posturas, todavía en proceso de gestación, son las siguientes. Solá todavía no compró ninguna.

• La alternativa de armar tropa propia tiene algún adepto, pero en general choca con una observación:
Solá no quiere, ni sabe, construir poder del modo clásico. La variante que le acercan es «usar» el poder que otorga el Estado. «Para los que están con nosotros todo, pero a los que petardean hay que hacerles sentir el rigor.» El gobernador es quien abre y cierra el grifo de las transferencias a los municipios y eso no es poca cosa para imponer «rigor».

• El criterio, por ahora, con más aprobación apunta a consolidar el rol de utilidad del gobernador.
«La elección no la ganó el PJ, la ganó Solá como candidato del PJ.» Eso presume que el reelecto sería, ahora y en el futuro, un factor clave para el destino electoral del peronismo.

Pero eso iría acompañado de una construcción política sin que implique romper con Duhalde. «Juego propio, pero sin confrontar.» De esa manera, Solá preservaría el control del Estado y podría aspirar a tener margen de decisión en la mesa del PJ bonaerense y en los repartos futuros: por caso, nominar legisladores provinciales y nacionales siquiera para pagarles a sus fieles.

• La espera y una actitud mística de confiar en la
«buena estrella» que acompañó a Solá en los últimos años (en el '99 fue vice «sin una unidad básica», reproche que repetía José María Díaz Bancalari por entonces, y luego gobernador), lo que, más allá de los golpes iniciales, lo llevó a la reelección. Difícilmente hubiese sido candidato sin poder mostrase como administrador. En definitiva, dicen algunos, quién sabe qué pasará en el país en dos años: por ahí, antes de tiempo, el PJ bonaerense tiene que hacer otro «esfuerzo» y encargarse de la Nación.

Duhalde
completó anoche, con la tropa top del peronismo de Buenos Aires como auditorio selecto, lo que su esposa Chiche anticipó el jueves pasado sobre un escenario de La Matanza: la entrega pública, aunque informal, de la jefatura del PJ a Kirchner.

«El que gobierna es quien debe conducir»
, dijo el ex gobernador y apuntó contra «algunos» que pretenden generar fricciones entre él y el patagónico. «Eso apunta a meter cuña entre nosotros y el gobierno nacional», se enojó el ex presidente sin identificar a los maledicentes.

Incluso, prometió que se dedicará a explicar por TV ese presunto malentendido: «Voy a ir a dos o tres programas de televisión para aclarar que estamos apoyando al Presidente. Yo estoy entusiasmado con Kirchner», dijo el bonaerense. Comenzó anoche con una rutina en «América». Hasta fue más lejos: habló de la posibilidad de nominar a Kirchner para que sea designado como presidente del PJ nacional.

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