El Senado convalidará hoy los ascensos de los jefes del Ejército, Roberto Bendini, y de la Fuerza Aérea, Carlos Alberto Rohde. Aprobarán en el recinto la promoción de ambos a general de división y brigadier mayor, respectivamente. Ayer, curiosamente, el general retirado Ricardo Brinzoni rompió el silencio para señalar que «siento tristeza y dolor, no por mi carrera, que ya estaba terminada, pero sí por muchos generales muy valiosos, ya que no había necesidad de un escarmiento tan grande», dijo en alusión a la purga que provocó la coronación de Bendini. Brinzoni se quejó de que «hay una regresión a 20 años atrás» y apuntó respecto a la habilitación de extradiciones de militares por supuestas violaciones a los derechos humanos que «ya hubo condenas en la Argentina y no hay motivos para que sean convocados por otros países».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tras el alejamiento de 12 generales (incluido Brinzoni), 6 brigadieres y 8 contraalmirantes, apenas asumió el nuevo presidente, Néstor Kirchner designó a Bendini y Rohde, a pesar de que no cumplían con requisitos de antigüedad exigidos por ley.
La situación, conflictiva desde el punto de vista político y legal, obligó a una solución salvadora en el Senado (pues el Ejecutivo se limitó a enviar los pliegos, sin ajustarse al marco vigente): la sanción de una norma que franqueara al Presidente, ahora y en lo sucesivo, la posibilidad de ascender a oficiales superiores a la conducción del arma, sin mínimos temporales en ejercicio del rango, siempre y cuando fuera sólo para acceder al cargo siguiente en la escala jerárquica.
Bendini y Rohde no cumplían con los requisitos de antigüedad establecidos por la Ley 19.101 -3 años de antigüedad-para moverse al grado inmediato superior: de general de brigada a general de división, en el caso de Bendini; y de brigadier a brigadier mayor, en el de Rohde.
•Acuerdos pendientes
La sanción de una iniciativa (elaborada por el riojano Jorge Yoma y convalidada por todos los bloques) permitió la promoción a la conducción de las fuerzas de tierra y aire, si bien dejó pendiente en la Comisión de Acuerdos de la Cámara alta, el ascenso a los grados siguientes de Bendini y Rohde.
Ayer, la dependencia que comanda el peronista entrerriano Jorge Busti emitió dictamen favorable y, anoche, se incorporó al temario de la sesión de esta tarde, aunque faltaba una firma para contar con mayoría suficiente (se descuenta que esa rúbrica y otras más se sumarán al despacho). La Cámara perfeccionará así el primer trámite desprolijo de la gestión Kirchner, ya que se pretendía vulnerar la ley vigente. El Ejecutivo se entusiasmó con el insólito atajo que le proveyeron los oficialistas: primero, una modificación de la norma, con una lógica votación en ambas alas parlamentarias, y luego, hecha la salvedad, sí el acuerdo propiamente dicho con la intervención exclusiva de la comisión respectiva y del Senado en plenario, tal cual establece la Constitución.
El gobierno, en primera instancia, había enviado al Congreso un proyecto que incluía un pedido de autorización para incumplir, por única vez, la ley y, en el mismo paquete, los pliegos de promociones que deben ser aprobados sólo en Acuerdos del Senado. Esto hubiera derivado en una situación inédita: que el oficialismo pidiera facultades para violar reglas y, por el otro, impusiera un trámite similar al de una ley, con sanción en ambas alas legislativas, de diplomas castrenses que requieren la única intervención senatorial.
Existía un antecedente: en 1983, con el advenimiento de la democracia, Raúl Alfonsín también reclamó al Parlamento una excepción a la ley para poder llevar al almirante Ramón Arosa a la cúpula de la Armada, a pesar de que no contaba con el mínimo de 3 años en el grado inmediato inferior.
Sea como fuere, se trataba de una situación objetable desde el punto de vista jurídico porque, entre otras cosas, violaría el principio de igualdad ante la ley al pedir permiso para no cumplir con lo que establece el marco legal, en un caso puntual.
Dejá tu comentario