27 de febrero 2003 - 00:00

Empresarios oyeron al Menem de siempre

Empresarios, banqueros, algunos diplomáticos querían verlo, saber cómo estaba físicamente, si mantenía su humor, su agudeza. Por eso la concurrencia ayer a la reunión del CICyP (Consejo Interamericano del Comercio y la Producción) que preside el hoy también titular de la Bolsa de Buenos Aires, Julio Werthein, logró una concurrencia mayor a la habitual (no menos de 260 comensales) si el invitado era Carlos Menem. Todo sucedió ayer al mediodía, en el Alvear Palace.

El hombre de La Rioja no los defraudó. Los llenó de humor (chispazos reproducidos aparte), de respuestas rápidas. Principalmente querían compararlo con el Menem de años pasados, y salieron satisfechos. Vieron al Menem de siempre, que incluye: improvisando mucho mejor que leyendo los discursos que le acercan; alguna cifras erradas (ubicó el actual PBI per cápita argentino en u$s 1.300 cuando está casi al doble; habla de u$s 30.000 millones en manos de los argentinos y no se cree hoy que sean menos de $ 130.000 aquí y en el exterior). Pero también el que lo precedió ubicó las reservas en 1999 en u$s 35.000 millones cuando rozaban los 30.000. No habló de dolarizar (aunque debe conocer un fallo dolarizador próximo sobre San Luis) pero sí de eliminar las retenciones al agro. «Son injustas, en 1989 cuando asumí eran de 3% y las eliminé y ahora lo haré con las de 20%», aseveración imprudente frente a la actual realidad argentina, salvo que piense en un dólar de $ 2,50 con todo lo que eso significa en menor recaudación y superávit que exige el Fondo Monetario.

Pero esos hombres activos de la producción escucharon lo que verdaderamente querían oír de Menem: «Nuestras prioridades externas son reformulación del Mercosur y unión con Estados Unidos vía ALCA».

Invocó una frase de Perón de los años '70 que decía que «una política con pensamiento exclusivamente nacional es de provincias».

Menem suele guiarse en sus discursos por quien lo acompaña a los actos, y en este caso fue Jorge Castro, que tiene una sólida formación internacional, por lo cual sus propuestas exteriores fueron más sólidas que las de tipo local. También invocando a Perón dijo que en 1949 el entonces presidente habló de un mercado común del Artico al Antártico. Mencionó que el ingreso de China al comercio mundial y al desarrollo de su mercado interno es un hecho tan importante como en los finales del siglo pasado la caída del Muro de Berlín, en 1989.

Elogió el acuerdo de libre comercio entre Chile y Estados Unidos y luego pronunció su frase en política internacional más fuerte en la jornada: «El de Saddam Hussein es un régimen irresponsabl e ». Duro aquí, toda una definición.

Menos contundente fue cuando habló de planes políticos
dentro del país si gana la próxima elección. Dijo que iba «a devolver los depósitos en la moneda de origen» en referencia al «corralón». La misma frase que pronunció Eduardo Duhalde en enero del año pasado al asumir interinamente la presidencia. Claro que Menem está informado de la próxima redolarización que dispondría la Corte Suprema y sería obligación del próximo presidente hacerlo. Lo que interesa es saber cómo.

Fue simplista al decir que cuando baje el precio del oro -muy elevado hoy como consecuencia del riesgo de guerra con Irak- habrá más capitales a nivel mundial disponibles, algo nada asegurado para países emergentes. A nivel de interés anual -menos de 2%-, sobran capitales disponibles sin esperar que salgan del oro. Claro, hay que tentarlos con hechos.

Mencionó para la Argentina «una moneda fuerte sin importar el nombre» insinuando un cambio de denominación del peso nacional, cuando no hubo ninguna hiperinflación que justificara este tipo de medida.

Volvió a aventurarse más al afirmar que bajará la «insoportable presión impositiva actual» cuando no se condice en que en la Argentina sea 30%, mientras que en Brasil, con economía comprometida pero no tanto como la nuestra, está en 36%.

Muchas de estas afirmaciones son consecuencia de que hoy sobre el ex presidente coinciden no menos de 5 líneas que quieren representar su futura política económica.

Más sólido sin embargo cuando habla de lo que más domina, la política.
«Constituir un poder político fuerte y hacer coincidir esa fortaleza con la legitimidad es la manera de recuperar la Argentina. Brindar seguridad a personas físicas pero también jurídicas es clave de la recuperación. No se ha respetado el derecho en nuestro país últimamente. Queremos un país sensato que trascienda al mundo», dijo y también respondió así a lo que el auditorio quería escucharle. Mostró realismo al expresar que «no soy de los que cree que la filantropía es la esencia del capital y sí que quiere rentabilidad y seguridad. También sé que son las condiciones necesarias para que reinviertan aquí porque la inversión es la clave para bajar el desempleo y lograr el crecimiento», con lo cual lució más sólido y logró más cabezas asintiendo.

No formuló ningún ataque político. Sólo criticó las consecuencias económicas de lo que llamó «este gobierno de transición».

Prometió mejorar la capacidad adquisitiva de la gente reduciendo los aportes previsionales y dijo que no quería aventurar más afirmaciones porque «en días más van a conocer nuestra propuesta».

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