8 de octubre 2003 - 00:00

En diálogo con el Presidente

(Presentamos aquí la última parte de la nota obtenida en Casa de Gobierno, donde el periodista conversó con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; y luego, más extensamente, con el presidente Néstor Kirchner.)

En diálogo con el Presidente
Otra respuesta importante del primer mandatario fue que «el manejo racional de la economía no es propiedad del centro, de la derecha o de la izquierda», tal como señaló en su momento el ministro brasileño de Hacienda, Antonio Palocci.

Es indudable que el uso de la racionalidad puede ser realidad o argumento de la izquierda, porque tiene diferente significación. Eran racionales los gross plan del marxismo en la Unión Soviética, pero el resultado es un desastre económico.

Pasó así a otro momento que también me sorprendió bien, porque habló de cosas más propias de economistas, como los desagregados del Presupuesto nacional.

«El Presupuesto es todo»,
me dijo sincero. No será «todo», pero sí lo más importante en un país que necesita controlar el gasto y generar un superávit creciente. Me dio a entender que su visión de gobernante estaba número a número en su primer presupuesto (para 2004), que elaboró y que ciertamente es correcto. Pero mientras escuchaba el entusiasmo por administrar bien del Presidente, recordaba que ya se gestionan pedidos de aumento en el sector público, por ejemplo de $ 200 fijos para los judiciales, cuando en ese Presupuesto existe congelamiento de salarios en el sector público.

También habla con autoridad -a nivel de no haber conocido antes algo similar en el estamento presidencial- de ítem del balance de comercio exterior. Por caso destaca -es también muy correcto y no al alcance de cualquier político- el incremento en el rubro importaciones de bienes de capital e insumos industriales. Agradable hablar de Economía en alto nivel con un presidente.

También el diálogo sirve para detectar otros aspectos. Noté que lo afecta el «síndrome de llegada». Lo había percibido en Kirchner cuando conversé con él en su época de gobernador y está acentuado como presidente. Consiste en pensar ante sí mismo -e inevitablemente dejarlo traslucir- que «si llegué aquí es porque soy el mejor». Lo padecen muchos mandatarios -empezando por George Bush-, quienes deducen de su arribo al pináculo una mayor inteligencia que todos o igual que unos pocos que no están en su competencia, y también mayor capacidad de mando, de gestión, de captación, etcétera. Empíricamente no toman en cuenta que en la política no compiten la mayor parte de las mentes privilegiadas de una nación, y menos con las bajezas y anormalidades de la política en países emergentes como el nuestro. Luego me dice: «Yo he visto la pobreza en mi provincia. Pero allí el de abajo tiene por lo menos una simple casita, extremadamente precaria si se quiere, pero la pobreza que vi en Tucumán desde un tren me impactó, no la suponía en tal grado». Es importante que no le falte sensibilidad. Quizá llegue a entender bien que desde la Presidencia de una nación emergente es una lucha desigual, porque no se gana nunca: en la medida en que un mandatario tuviera medios para ir superándola, iría aumentando más de lo que cesa porque ante la buena nueva vendrían millones de pobres de países vecinos.

Uno medita esto después, con la esperanza de que un hombre sin duda inteligente no se compre la dialéctica izquierdosa que sostiene que el capitalismo es explotación y el marxismo es solución, porque 75 años de vigencia de éste con la formación de la Unión Soviética llenaron de miseria a los pueblos pretendiendo que no hubiera ricos, además de haber costado más de cien millones de personas sacrificadas con violencia. Pienso que estamos frente al primer gobierno de centroizquierda argentino y uno aspira a que sea del tipo del presidente Lagos de Chile, cuanto menos.

• Sacrificio

Claro, Néstor Kirchner me acepta que su actual turno correspondía al presidente que debía ir al sacrificio y pagar todos los costos políticos que Eduardo Duhalde no asumió en su breve interinato. El bonaerense no pesa sin «caja» porque en definitiva sólo perdura quien fue o intentó ser eficiente. No me parece nuestro actual presidente un sacrificado total que vaya a afrontar todo para acondicionar el país para su sucesor.

Lo demás fue miscelánea. Le dice al periodista que
Ambito Financiero sólo es lectura permanente de su esposa Cristina y de su ministro clave y mano derecha, el propio Alberto Fernández, allí presente. Le amplía la sonrisa el hecho de que el periodista lo llame «pícaro» por cómo operó con Carlos Rovira en Misiones, aunque allí le ofrecía más «materia prima» que en la Capital Federal. «¿Pícaro yo?», expresa casi riéndose.

También da a entender que valoriza más algún reconocimiento desde el lado de los que no le son obsecuentes. Me pareció amable, sin «fórceps» conmigo.

Mi último pensamiento fue que me gustaría que mantuviera el equilibrio, que lograra una estrategia más allá del corto plazo, que por ahora no se nota que tenga, y que lograra algo casi imposible, como hacerse acompañar por derechas e izquierdas. Meditando fuera de la Casa de Gobierno y lejos de sus personajes centrales, creo que debo reestudiar la tesis de que la «transversalidad» es la institucionalidad de la izquierda siempre opositora y con odio en el país, después pero también antes de la represión de los '70. Pienso que esto de «institucionalizar a la izquierda», sumándola por lo menos al populismo peronista y a sectores libreempresistas, es la imagen que al gobierno le agrada que se difunda. Por supuesto -y el gobierno lo dice- sin perder tiempo intentando incluir los extremos del espectro político, desde Luis Zamora hasta el anarquismo de Osvaldo Bayer. Pero aprovechando al máximo cada palabra, cada gesto espontáneo, cuando uno está en una entrevista difícil de obtener con actores decisivos del momento actual argentino, se empieza a creer que lo que se está gestando en realidad es una «nueva alianza», como aquella del ala derecha radical y el Frepaso de 1999, pero corregida por la izquierda tras ver su fracaso, con la ideología de izquierda ahora en primer término y pretendidamente los sectores liberales libreempresistas y el neopopulismo tipo Duhalde detrás. ¿Tendrá éxito? Hoy no se lo podría decir al lector.

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