En diálogo con el Presidente
(Presentamos aquí la última parte de la nota obtenida en Casa de Gobierno, donde el periodista conversó con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; y luego, más extensamente, con el presidente Néstor Kirchner.)
-
Javier Milei en el homenaje por Malvinas: "Quiero reforzar nuestro derecho pleno a las islas"
-
Axel Kicillof en la vigilia por Malvinas: "La Patria, la memoria y el territorio nacional no se venden"
«El Presupuesto es todo», me dijo sincero. No será «todo», pero sí lo más importante en un país que necesita controlar el gasto y generar un superávit creciente. Me dio a entender que su visión de gobernante estaba número a número en su primer presupuesto (para 2004), que elaboró y que ciertamente es correcto. Pero mientras escuchaba el entusiasmo por administrar bien del Presidente, recordaba que ya se gestionan pedidos de aumento en el sector público, por ejemplo de $ 200 fijos para los judiciales, cuando en ese Presupuesto existe congelamiento de salarios en el sector público.
• Sacrificio
Claro, Néstor Kirchner me acepta que su actual turno correspondía al presidente que debía ir al sacrificio y pagar todos los costos políticos que Eduardo Duhalde no asumió en su breve interinato. El bonaerense no pesa sin «caja» porque en definitiva sólo perdura quien fue o intentó ser eficiente. No me parece nuestro actual presidente un sacrificado total que vaya a afrontar todo para acondicionar el país para su sucesor.
Lo demás fue miscelánea. Le dice al periodista que Ambito Financiero sólo es lectura permanente de su esposa Cristina y de su ministro clave y mano derecha, el propio Alberto Fernández, allí presente. Le amplía la sonrisa el hecho de que el periodista lo llame «pícaro» por cómo operó con Carlos Rovira en Misiones, aunque allí le ofrecía más «materia prima» que en la Capital Federal. «¿Pícaro yo?», expresa casi riéndose.
También da a entender que valoriza más algún reconocimiento desde el lado de los que no le son obsecuentes. Me pareció amable, sin «fórceps» conmigo.
Mi último pensamiento fue que me gustaría que mantuviera el equilibrio, que lograra una estrategia más allá del corto plazo, que por ahora no se nota que tenga, y que lograra algo casi imposible, como hacerse acompañar por derechas e izquierdas. Meditando fuera de la Casa de Gobierno y lejos de sus personajes centrales, creo que debo reestudiar la tesis de que la «transversalidad» es la institucionalidad de la izquierda siempre opositora y con odio en el país, después pero también antes de la represión de los '70. Pienso que esto de «institucionalizar a la izquierda», sumándola por lo menos al populismo peronista y a sectores libreempresistas, es la imagen que al gobierno le agrada que se difunda. Por supuesto -y el gobierno lo dice- sin perder tiempo intentando incluir los extremos del espectro político, desde Luis Zamora hasta el anarquismo de Osvaldo Bayer. Pero aprovechando al máximo cada palabra, cada gesto espontáneo, cuando uno está en una entrevista difícil de obtener con actores decisivos del momento actual argentino, se empieza a creer que lo que se está gestando en realidad es una «nueva alianza», como aquella del ala derecha radical y el Frepaso de 1999, pero corregida por la izquierda tras ver su fracaso, con la ideología de izquierda ahora en primer término y pretendidamente los sectores liberales libreempresistas y el neopopulismo tipo Duhalde detrás. ¿Tendrá éxito? Hoy no se lo podría decir al lector.




Dejá tu comentario