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Eduardo Duhalde -aunque quizá hoy dude- inventó el uso de fondos del Estado para parar un triunfo de Carlos Menem. La misma táctica usó Néstor Kirchner y con más necesidad por ganar que Duhalde sobre el riojano que, en definitiva, fue una puja personal, aunque se la disfrazó de diferencias de enfoque «económico-sociales». A propósito de esto, a todo gobernante, a toda persona, le gusta el cariño del grupo que deriva siempre de «repartir». Pero lo que distingue al buen gobernante y lo puede empinar hasta estadista es saber Informate más
El uso de fondos públicos -en dádivas neopopulistas, en publicidad abierta o encubierta, en forzar inauguraciones o darle al candidato preferido lo que lo mejore; por ejemplo, el presidente Kirchner cedió tierras nacionales largamente discutidas al municipio porteñoes oportunismo y falta de objetividad que suele terminar afectando la credibilidad, así gane o pierda por su opción.
Una acción así de un gobierno -nacional o provincial- es más peligrosa que nunca para una democracia, porque es mucho más efectiva cuando un país está en crisis. Se vio en la última elección: con tanto desempleo, subempleo y hasta hambre, se desentendieron de votar 4 millones y medio de personas, más que las que sufragaron por el actual presidente de la Nación y en un porcentual (23%) como no se daba en el país desde la década de 1930, en la anterior gravísima crisis económica. Ayer se repitió el fenómeno en la Capital Federal. No votó 30% del padrón (superó el récord de 1937). O sea, 800.000 porteños ignoraron las urnas y ese grupo fue el «tercer triunfador».
Ante la apatía y abstención por la crisis, la única concurrencia asegurada es la del ciudadano politizado y del disputa y candidato.
Se exageraría si se dijera que el voto a Macri es esencialmente anti-Kirchner y a este diario le consta fehacientemente. Por encuestas propias (no pagas ni fraguadas), Macri en setiembre del año pasado ya reunía en Capital Federal 33%, tanta intención de voto a favor como 11 candidatos opositores juntos (32%), incluido Aníbal Ibarra, con un famélico 7,13%, por considerar la gente ineficiente su gestión. Podría decirse entonces lo contrario: Néstor Kirchner, con su apoyo abierto y aunque no justo desde el gobierno nacional, mejoró la performance del por ahora jefe de la Ciudad. También la elección nacional del 27 de abril, a decir verdad, benefició a Macri al retirar como candidatos a Gustavo Béliz y a Daniel Scioli. El paso a la esfera nacional de Rafael Bielsa, en cambio, benefició a Ibarra.
Si es malo el uso, también con fines electorales, de fondos públicos en gente hambrienta -el neopopulismo que inauguró Duhalde y continúa Kirchner-, es peor si eso se suma a los males argentinos clásicos, por ejemplo, la agresividad o anteponer siempre los intereses personales a los del país, por aquello que decía Borges de que
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