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7 de octubre 2005 - 00:00

Hacia un final casi anunciado

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El gasto estatal en obras y repartos en vísperas de cada elección, para mejorar la perspectiva propia en las urnas, es una realidad de la política argentina pero también internacional. Desde ya, en países donde hay democracia y urnas. La novedad de estos próximos comicios del 23 de octubre es que no hay antecedentes en la historia política del país de tanto dinero público repartido desde un gobierno para ganar una elección y predominar en el próximo Congreso. Basta pensar que en Corrientes, hace una semana, cada uno de los diputados que prácticamente ya se aseguró la Casa Rosada costó anuncios de gastos del gobierno nacional allí por 300 millones de dólares -600 millones de dólares en total-. Aparte está la sorpresa que provocó que el radicalismo ganador en esa provincia le haya dejado a gente de Néstor Kirchner elegir sus dos primeros nombres en la lista, por lo cual en cualquier conflicto federal Corrientes podría no tener legisladores que la protejan en el Parlamento argentino dado que responden al gobierno central.

Y no es el único caso que sucederá con provincias y legisladores del interior. Los habrá en muchas provincias que responderán primero a la Casa Rosada, en Buenos Aires, que a su terruño. Hay algunos que ni votan en la provincia que representarán, como es el caso de la primera dama de la Nación que lo hará en el padrón de Río Gallegos, Santa Cruz, para representar luego a la provincia más extensa del país. Hay otros que hace años dejaron de vivir en el suelo que los vio nacer pero por estrategias políticas lo representarán igual porque se acordó con el gobierno nacional.



Depende de la honestidad con que se haga. En las democracias consolidadas, también es cierto, no se teme tanto a gobernar con cámaras legislativas adversas. Bill Clinton lo hizo en Estados Unidos recientemente. Aquí se requiere «ceder poderes legislativos», «asumir emergencias económicas» y otros mecanismos insólitos por lo cual es más difícil gobernar con minoría en el Congreso. Legisladores «canjeadores» de medidas con el Poder Ejecutivo -en Nación o en cada provincia, sobre todo la bonaerense- crean corrupción y degradan la democracia. De ahí que en los gobiernos argentinos sea mayor el empeño por dominar los cuerpos legislativos.

Hay que entender algo que midió bien el economista Ricardo Arriazu: desde 1953 -hace 52 años- el cuerno de la abundancia del sector externo nunca se volcó tan a raudales sobre la vida argentina como en estos dos años de Néstor Kirchner, un hombre de particular suerte. Llegó a la presidencia como tercer hombre predilecto del caudillo Eduardo Duhalde porque éste, arbitrariamente, anula la interna peronista para que las bases populares no decidieran. Su primer candidato (Carlos Reutemannno se animó, entrando en deuda histórica con el país) y el segundo, el hombre de Córdoba José Manuel de la Sota (el más dotado), sorprendió al no rendir en aceptación de imagen en un país donde Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa habían agobiado la paciencia popular sobre oriundos de esa provincia.

La designación sin tener antecedentes, el triunfo desde la minoría inicial y casi sin votos propios -todo junto a esa excepcional y coincidente inclinación al derrame del cuerno internacional de la abundancia provocarán un triunfo oficial descontado al 23 de octubre. Esta bonanza, que hubiera salvado «hasta al gobierno de Fernando de la Rúa con todos sus males», según es común escuchar, por azar beneficia a un gobierno de centroizquierda no moderno sino ideologizado a la antigua imprevistamente encaramado en el poder.







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