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En definitiva, el tema de fondo es económico, como le agradaría oír decir al barbado lanzador del Materialismo Histórico, pero Lavagna lo armó a su favor como hábil estratega político. Tanta habilidad que ayer uno de los diarios del gobierno tituló su tapa con «eyectado» ( desplazado con violencia como asiento de avión de combate), como un logro del progresismo criollo, cuando puede ser estertor.
Otro diario del gobierno, «Clarín», prácticamente destrozó al describir a la flamante ministra Felisa Miceli, como también citó la prensa independiente: la mencionó como ligada al estatista y retrógrado Plan Fénix y discípula del economista creador de «vivir con lo nuestro», Aldo Ferrer. Definiciones de por sí que no redimen los años pasados junto al propio Lavagna, aunque aún hay que esperar que actúe para no caer en el famoso «Teorema de Baglini» (la responsabilidad de las posiciones políticas o económicas es inversamente proporcional a la distancia que los separa del poder).
Felipe Solá ya había llegado a Mar del Plata pero terminó visitando sólo el puerto cuando recibió la tajante orden de Néstor Kirchner de que no concurriera ningún funcionario al coloquio de IDEA. El ministro de Educación, Daniel Filmus, rompió el pasaje ya a punto de embarcar. Roberto Lavagna fue. Además no participó en el proselitismo contra Duhalde y en el acto gigantesco de lanzamiento de la campaña del oficialista Frente de la Victoria, en Rosario, con todos los ministros y todos los gobernadores peronistas; el ministro Lavagna se inventó un acto en China y no concurrió. Además les tocó en discurso público el quisquilloso tema de la «obra pública» con fondos del Estado, algo sagrado para este gobierno que descree en la actividad privada. La «obra pública» -con licitaciones que siempre enfrentan cartelización (acuerdo afuera)- fue consuetudinariamente pilar del kirchnerismo. El ministro Julio De Vido siempre menciona que en una provincia como Santa Cruz con sólo 200.000 habitantes, cuando Kirchner era gobernador, licitaron «obra pública» por mil millones de dólares. La insinuación de corrupción allí, más la del propio George W. Bush en sólo 30 días fue tremenda desde Lavagna.
Lo único que le faltaba al ex ministro era ofender a la esposa para que Kirchner lo «eyectara», como finalmente ocurrió.
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