3 de enero 2003 - 00:00

Interna del PJ: puja fácil de explicar

Es fácil de explicar la puja entre Carlos Menem y el duhaldismo por la interna del PJ a partir de qué quiere cada uno. Menem quiere volver y está casi asegurado que vuelva, mientras que los duhaldistas no quieren irse y si inevitablemente, como todo parece indicar, deben hacerlo, aspiran a reconfortar su fuerza y llevar al llano el mayor poder político posible. Para ello necesitan dejarle la menor fuerza como gobernante al ex presidente, si asume. O a cualquier otro que no sea de los bonaerenses.

Pensemos siempre que Eduardo Duhalde y el duhaldismo priorizan más sus posiciones personales que el país donde nacieron y viven. Sólo así se explica que, en medio de tremenda crisis, que estará agravada cuando asuma un nuevo gobierno el 25 de mayo, procuren que si gana Menem la Presidencia lo haga con debilidad aunque eso complique y lesione aun más a la Argentina y su posibilidad de recuperación. Con eso intentarán justificar su retorno e inclusive tratarán de hacer renunciar a un Menem presidente con un tipo de nuevo «golpe civil bonaerense», como ya hicieron con Fernando de la Rúa, quien, más allá de sus evidentes e innegables ineptitudes, jamás recibió ayuda para recomponer su alicaída gestión.

Detrás de la discusión sobre ley de lemas, proyecto Romero y proyecto Conte Grand, es bien comprensible hoy, entonces, el porqué de la tenaz y empecinada lucha del menemismo porque haya internas. Sólo un simplista -de cualquier partido-o un ingenuo puede creer que esa disputa es un «juego entre políticos».

Si van a la elección general del 27 de abril los candidatos de todos los partidos, incluyendo cuando menos 4 justicialistas, Carlos Menem se proyecta como un posible ganador (en encuestas serias a la fecha, que podrían variar en cuanto a que se conozca bien el maquiavélico plan en su contra) de 30% (en rigor, 31,44%), aunque en segunda vuelta entre dos candidatos casi seguramente superará 50%.

•Representatividad


En Brasil, al recién asumido Lula se le reconoce, en lo legal y en la prensa, el porcentaje de la segunda vuelta (61%) como a Jacques Chirac en Francia también se le reconoce 82% que, en ballottage, obtuvo sobre Le Penn.

Pero en la Argentina se tratará de decir que por sí solo Carlos Menem representa 30%, uno de cada 3 argentinos. El hombre de La Rioja lo sabe, también algunos gobernadores decisivos que se oponen a Duhalde. Por eso la línea Menem quiere internas donde se defina un candidato ganador -en internas el porcentaje no importa-que con el escudo del Partido Justicialista vaya a la elección general del 27 de abril. Que un Kirchner vaya «por afuera» del partido le importa menos porque no superará, en la proyección actual de intención de voto, 5 por ciento. Pero si también van Rodríguez Saá y De la Sota, Menem corre el riesgo de que en la dispersión quede holgado ganador capaz hasta de sacarle el doble de votos al segundo, pero por debajo de 40% para ir al ballottage. Eso le molesta. A Duhalde le agradaría.

El duhaldismo es tenebroso en defensa de sus intereses. Los intendentes bonaerenses -donde no hay diarios de relieve que los critiquen y controlen-se sienten casi reyes tras ganar una elección. Hacen y deshacen a su antojo y no quieren ceder esos puestos porque saben que el que asuma también se erigirá en un rey todopoderoso. Más aún, se enloquecen con la posibilidad de perder dominio en sus feudos por uno de los postulados que ha lanzado Menem: los impuestos coparticipables de Nación irían no a los gobernadores, sino a los municipios donde pueden surgir formas democráticas hoy inexistentes, aunque se haya ganado con urnas.

•Artillería pesada

El gobierno de Duhalde pelea por debilitar al próximo, mucho más si lo encabeza Carlos Menem. Necesita llevarse artillería pesada al llano político para operar el desgaste del próximo primer mandatario. Por caso, el 31 de diciembre, día del año en que menos se lee el Boletín Oficial, publicó tan secreta y subrepticiamente como lo inventó el decreto del fideicomiso del Ministerio de Economía en base a los ingresos petroleros para beneficio entre otras menores de «empresas culturales». Concretamente Eduardo Duhalde y el que pasó a ser sospechoso ministro de Economía, Roberto Lavagna, le obsequiaron a «Clarín» 400 millones de dólares, nada menos. El fideicomiso comprará las acreencias en divisas de las «empresas endeudadas» siempre y cuando logren una quita de los acreedores de 40% mínimo. Para una deuda de «Clarín» de 1.400 millones significa que el gobierno se la reduce con el obsequio en 560. Si no toda fuera en dólares puede ser el «regalo del duhaldismo» de 400 millones. Además, le da un refinanciamiento a 12 años.

Con esto Duhalde se aseguró prensa para hostigar a un Menem presidente. Aunque históricamente «Clarín» traicionó siempre a quienes le dieron seguidilla de dádivas para «despegarse del favor y pasar a jugar de honrados». Tremenda ayuda -no menos de 40 millones condonados también a «La Nación»- pone al borde del exterminio a toda la restante prensa argentina capaz de informar con objetividad, por imposibilidad de competir, por haber sido cuidadosos y no haberse endeudado como hizo «Clarín», que estaba al borde de la quiebra. La ventaja de «Canal 13», propiedad del mismo monopolio, sobre los restantes de todo el país también será con capacidad de exterminar, luego de tremenda ayuda financiera que le otorgó el duhaldismo.

•Estallido

A toda esa artillería pesada se suma que este gobierno le dejará una economía a punto de nuevo estallido al que lo suceda a poco que tenga inevitablemente que aumentar tarifas públicas hoy congeladas. Eso disminuirá salarios y traerá huelgas e incrementos salariales, demandas piqueteras, por consiguiente inflación.

También le dejará una deuda externa elevada a 149.000 millones de dólares, una inevitable despesificación que eludirá en la Corte para que recaiga sobre el próximo gobierno. Además, planes Jefas y Jefes de Hogar a un costo imposible de mantener sin contraprestación laboral, más allá del breve lapso en que gobernó Duhalde, que los pudo implantar a costa de defaultear a la Argentina no pagando al exterior. La discusión con los acreedores privados de títulos externos -que también dilatará el duhaldismo más allá de formalidades-también complicará el futuro porque reclaman 50.000 millones de dólares. Un acuerdo serio con el Fondo Monetario queda para el próximo gobierno, más allá de un «miniacuerdo» que puede lograr el duhaldismo para los vencimientos hasta el 25 de mayo. Al próximo presidente le exigirán pagos de deuda, algo que nunca hizo este gobierno con sucesivos defaults y especulando con que, por lo efímero de su gestión, no lo iban a castigar cerrándole el mundo. Un dólar «recontraalto» quedará, con lo cual se está desactualizando todo el mantenimiento de las maquinarias industriales y se atrasó la tecnología en el país por lo casi prohibitivo de importar en esa absurda alta paridad cambiaria.

•Debilidad

Por si fuera poco -en realidad, es un panorama catastrófico el que viene, peor que el que recibió Duhalde al asumir porque éste tenía el recurso de no pagar nada y así lo hizo-, el duhaldismo quiere un presidente futuro debilitado políticamente para enfrentar tremenda herencia que le dejará.

De allí que le quiera aplicar ley de lemas o forzar la abstención de otros candidatos a la interna del PJ para dejarlo a Carlos Menem solo o casi solo para ganar esa interna, donde triunfaría holgado según encuestas reales, inclusive si Duhalde se presentara a ellas. Pero el duhaldismo no confronta así. Opta por medios realmente anti-Argentina.

Dejá tu comentario

Te puede interesar