17 de octubre 2003 - 00:00

Kirchner-Lula: del conflicto pasaron a mediar en Bolivia

Ningún documento formal o discurso escrito de los que se produjeron durante la visita de Luiz Inácio Lula Da Silva fue para Néstor Kirchner tan importante como las palabras pronunciadas por el presidente de Brasil en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, cuando ambos terminaban de firmar una declaración conjunta denominada Consenso de Buenos Aires. En esa exposición, informal y espontánea, Lula dijo en público lo que había comentado en privado durante la entrevista que mantuvieron hace menos de un mes en Nueva York, mientras se celebraba la Asamblea General de la ONU: «La verdad es que nunca entendí por qué en algunos momentos históricos las relaciones entre Brasil y la Argentina se estremecieron. Si fuese apenas en el fútbol, lo entendería, pero en la política, en la economía, en el comercio, no hay ninguna razón para que la Argentina y Brasil no sean un modelo de suceso para el resto del mundo». El cometido principal de la visita, despejar con gestos cualquier tipo de disonancia entre los dos gobiernos y los dos mandatarios, pareció cumplido en esa instancia, en un discurso que Lula concluyó llamando a Kirchner «compañero», después de aclarar que ésa es para él una categoría superior a la de «hermano».

•Tema principal

El presidente brasileño habló en esos términos después de reunirse a solas con su colega. Durante el encuentro, se concentraron en un tema principal: la posibilidad de que la Argentina y Brasil se ofrezcan como mediadores en la crisis abierta en Bolivia. En medio de la conversación, se les indicó a los cancilleres Rafael Bielsa y Celso Amorim que dispusieran el envío de dos «observadores» a La Paz para entrevistarse con los principales actores del conflicto. Hoy, temprano, viajarán hacia Bolivia el subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, Eduardo Sguiglia, y el asesor presidencial en Relaciones Internacionales de Brasil, Marco Aurelio García.

Sguiglia y García se entrevistarán con el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a las 10.30, también con el vicepresidente Carlos Mesa y se trasladarán a Cochabamba para reunirse con el dirigente cocalero Evo Morales. En principio, concurren en calidad de «observadores», pero en el gobierno existía anoche la expectativa de que se les requiera una mediación en el conflicto.

Sguiglia y García tal vez terminen haciéndose amigos. La misión que les encomendaron ayer continúa otra tarea en la que estuvieron asociados en los últimos días: la redacción del documento denominado Consenso de Buenos Aires. Ese texto se elaboró sobre la base de un borrador escrito por los dos funcionarios y sobre el que después pasaron las plumas de Jorge Taiana, secretario de Relaciones Exteriores, Amorim, Bielsa y Kirchner.

•Negociación

La redacción de esa proclama, en la que se puede recorrer todo el paisaje discursivo del centroizquierda moderado, fue motivo de una negociación especial acerca de un párrafo dedicado a la «administración de la deuda pública», según publicó ayer el periodista Clóvis Rossi en «Folha de Sao Paulo». El gobierno brasileño reclamó que se suprima del texto una promesa de hacer el máximo esfuerzo por pagar los compromisos externos, pero siempre y cuando eso no signifique agregar sacrificios a las respectivas sociedades. En el esfuerzo por conciliar posiciones, el párrafo alcanzó una redacción irónica -virtudes de la diplomacia-, ya que está al borde de presentar al pago de la deuda como un motor del desarrollo social: «Expresamos que la administración de la deuda pública debe tener como horizonte la creación de riqueza y de puestos de trabajo, la protección al ahorro, la reducción de la pobreza, el fomento de la educación y la salud y la posibilidad de mantener políticas sostenibles de desarrollo económico y social».

La susceptibilidad de Brasil frente al pago de la deuda es comprensible: el gobierno está involucrado en una política económica que evite la cesación de pagos. En cambio, en el caso argentino, ese episodio ya se produjo y ahora el cometido oficial es negociar la quita sobre los bonos en «default».

El resto del texto es tan moderado como ese párrafo. Hasta se despejan algunas incógnitas, como el compromiso de Brasil con el ALCA y con la Ronda de Doha de la OMC. Como se informó en este diario, Itamaraty atraviesa una crisis por la actitud intransigente de los negociadores comerciales brasileños, que tuvieron un papel decisivo en que se frustrara la reunión de Cancún de la OMC. Tanto Amorim como García hicieron en los últimos días gestiones para sofocar el espíritu rupturista del secretario general de la Cancillería brasileña, Samuel Piñeiro Guimaraes. El texto que firmaron Kirchner y Lula fue la última expresión de esa política que vuelve las negociaciones comerciales al carril de la negociación con los Estados Unidos y los demás países industrializados.

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