Ibarra presentó a sus compañeros de lista en la boleta oficial, otras agrupaciones lo llevan como candidato a jefe de Gobierno, pero con otros acompañantes.
La campaña porteña, hacia la elección del 24 de agosto, generó en las principales listas de candidatos una guerra interna entre boletas que comparten la misma fórmula. Esta curiosidad criolla se remonta como práctica a una jugada electoral cuya creatividad se le adjudica a Eduardo Angeloz, quien compitió como candidato presidencial en 1989 llevando dos boletas distintas a legisladores, la propia con Juan Manuel Casella para traccionar votos radicales y la de Cristina Guzmán para atraer al voto centrista
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Historia del radicalismo quizá, pero lo cierto es que ese sistema de franquicias dio algún resultado a la fórmula Aníbal Ibarra-Cecilia Felgueras (se recuerda que es la actual vicejefa porteña) en 2000, cuando el frentista sucedió a Fernando de la Rúa. Buscaba Ibarra, como ahora, sumar voto a voto para vencer a su rival de entonces, la fórmula Cavallo-Béliz y hasta cedió impensadamente una franquicia al ucedeísta Julio Crespo Campos.
Tanto Mauricio Macri, el mejor posicionado hoy en las encuestas de Capital Federal para jefe de gobierno, como Ibarra han recurrido para la ocasión a ese sistema de concesión de franquicias.
El jefe de gobierno porteño intenta ser reelecto mediante tres listas distintas. El empresario apuesta a cuatro boletas diferentes con la fórmula Macri-Horacio Rodríguez Larreta (h). Entre esas listas con igual fórmula, pero distintos candidatos a diputados porteños comenzó, de uno y otro lado, la guerra de los membretes. Es una especie de competencia entre sucursales, pero todas en la misma cuadra. Cada una intenta imponer su sello como el único, para ganarle a las otras con el objetivo de ocupar más sillas en la Legislatura porteña. Ese premio mayor tiene aliciente en que la Legislatura, por última vez, remata sus 60 bancas, la totalidad del recinto, y no exige base alguna para ingresar en el reparto con el sistema D'Hont. No es lo mismo para diputados nacionales, donde son sólo 12 los que se renuevan y se impone un mínimo de 3% de votos para entrar en la distribución.
Así, Santiago de Estrada y Lorenzo Borocotó, que integran la boleta del Frente de la Esperanza, acompañando a Macri, pujan por sobresalir en la campaña de Jorge Mercado -Movimiento Generacional-o la de Gabriela Michelli -Compromiso para el Cambio-.
•Ibarrismo
De la misma manera la guerrilla comenzó entre las listas que lleva Ibarra, con la idea de sus diseñadores de campaña de reforzar la publicidad del nombre del nuevo partido de Ibarra, el oficial, y el número de esa lista.
En 2000 gobernaba la fracasada ex Alianza e Ibarra aceptó que otros partidos políticos -Alianza, UCeDé, Generación Intermedia, Jubilados y Juventud...- llevaran la fórmula oficial, lo que desembocó en dos cuestiones: la Alianza perdió la hegemonía en la Legislatura -ya que bajó de 37 a 25 diputados propios-y en cambio una media docena de candidatos extras accedieron a una banca, aunque luego no conformaron el bloque Alianza. Es más, algunos se convirtieron en opositores.
Ahora Ibarra lleva, además de la propia, dos listas más. Una es la que encabeza el cronista Miguel Bonasso como diputado nacional y otra la del Partido de la Ciudad que lleva a Jorge Giorno como primer legislador del distrito.
A diferencia de 2000, el partido de Ibarra, la Alianza UCR-Frepaso, tenía un sello que gozaba todavía de adhesiones y se identificaba con su candidato. En esta votación Ibarra remozó aquel Frepaso y lo llama Fuerza Porteña, como un eslogan más que un nombre partidario al que poco se identifica con su candidato. Por eso los postulantes a la Legislatura local temen al efecto confusión y que el elector termine tomando cualquiera de las listas que lleven la candidatura de Ibarra provocando el efecto contrario: que el postulante a jefe de gobierno traccione la tira de legisladores y no a la inversa que es lo que buscan los candidatos multilistas.
Algo similar sucede con los acompañantes de Macri, quien por ser la primera vez que asiste a una competencia electoral debe imponer el nombre de su partido Compromiso para el Cambio, aunque los candidatos quizá más conocidos para el elector estén en las boletas extra que protagonizan así una campaña electoral subterránea.
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