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23 de mayo 2007 - 00:00

La Garré, una mujer en apuros

Aunque algunos la reconocen por haber custodiado bien a la gente en el pasado, en materia de aviones no gana el mismo prestigio. Tal el sino hoy de Nilda Garré, ministra de Defensa, quien ayer fue vapuleada en el recinto por senadores de la oposición y, mucho más, por la sonora ausencia de legisladores oficialistas que debían defenderla (se fueron con la excusa de asistir a una reunión con Cristina de Kirchner). Más sola que nunca, entonces, con magros argumentos y peores excusas, la funcionaria dejó la Cámara alta mientras le reclamaban a los gritos la renuncia. En su pobre exposición, les echó la culpa a los gremios por la sensación de inseguridad en los vuelos (no le falta verdad en la afirmación), pero debió aceptar que hubo un «cuasi» choque de aviones en Aeroparque mientras siempre se negó oficialmente esa posibilidad. Y todo esto, sin que se conociera en el recinto un documento del Departamento de Transporte de los Estados Unidos, fechado el 3 de mayo, que manifiesta preocupación en la vigilancia argentina de la seguridad operacional de los aviones. También le imputa al gobierno cierta desidia por ignorar recomendaciones de la Federal Aviation Administration. Algo más que un reto y una advertencia para quien falla en cuestiones de seguridad aérea y es responsable de esa área y otras militares con las cuales ni siquiera se compromete con respeto: todavía se comenta que jamás fue a esperar a los sobrevivientes del incendiado Almirante Irízar (bueno, tampoco lo hizo el presidente Kirchner, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas).

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Nilda Garré, seria. A su lado, la senadora kirchnerista María Cristina Perceval ríe nerviosa. La ministra de Defensa no conformó a la oposición durante su exposición de informes sobre la crisis de los radares en la Cámara alta.
La Comisión de Defensa del Senado fue declarada ayer zona liberada durante la visita de Nilda Garré. De los ocho legisladores kirchneristas que controlan hegemónicamente ese cuerpo, estuvo solamente presente María Cristina Perceval, justo una de las candidatas para reemplazarla por su polémico desempeño al frente del Ministerio de Defensa.

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Llamó la atención entonces que el oficialismo dejara a Garré librada a los ataques opositores justo en el peor momento que enfrenta la ex Frepaso desde que asumió su ministerio, acosada por la crisis de los radares, el incendio del rompehielos Almirante Irízar y la caída del avión Mirage III. Consciente de la ausencia de blindaje político, la ministra lució nerviosa y dubitativa. Y entregó, ante el interrogatorio al que la sometieron los senadores radicales, respuestas vagas e imprecisas.

Consultada por la falta de seguridad aérea para viajar en la Argentina, Garré estuvo a punto de quedar atrapada en su propio trabalenguas: «Seríamos, no digo que los principales perjudicados, porque en un accidente aéreo siempre muere alguien, pero seríamos sí los principales responsables. Y no queremos cargar en nuestra conciencia con ningún muerto, salvo que piensen que somos unos monstruos...». A esa frase, que nadie rebatió, siguió un silencio sepulcral que colmó la sala de la Comisión de Defensa. En rigor, el discurso de Garré careció de precisiones técnicas y de respuestas concretas. No alcanzaron sus razonamientos elementales, más ligados a un sentido común poco practicado en la órbita de Defensa, para saciar las críticas de los radicales Gerardo Morales y de Ernesto Sanz.

  • Contradicciones

  • Morales, quien viene reclamando desde hace tiempo la renuncia de la ministra, se encargó también de poner de manifiesto las contradicciones entre el discurso de Garré y el de Néstor Kirchner. «Ministra, hasta el Presidente reconoce que el sistema está colapsado y usted acá afirma que no hay riesgos de accidentes...», bramó el senador jujeño de la UCR. «Si el Ministerio de Defensa no puede defendernos de un rayo, cómo nos va a poder defender de otra agresión», agregó el titular del radicalismo en alusión a la tormenta eléctrica que los primeros días de marzo averió el radar del aeropuerto internacional de Ezeiza.

    A esa altura de la interpelación, el senador kirchnerista José Miguel Mayans ya había abandonada la sala, dejando a Garré con la sola custodia de la cristinista Perceval. Otro dato elocuente sobre la desprotección que sufrió la ministra: la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, que también integra la Comisión de Defensa, faltó a la cita seguramente más preocupada por elevar la intención de voto de Daniel Filmus que por la seguridad aérea.

    Garré brindó un informe de gestión de más de tres horas donde juzgó «sospechoso» que el reciente apagón que se produjo en la pista del Aeroparque metropolitano fuera informado «simultáneamente a los medios de comunicación» y admitió finalmente que el viernes último ocurrió en Ezeiza «un incidente en el que casi colisionan dos aviones».

    La ministra explicó que un controlador habilitó ese día el despegue de una aeronave de Lan Chile cuando estaba en pista otra, de Aeroméxico, lo cual fue advertido por «una compañera que evitó una desgracia». «Se trató de una falla humana que nada tiene que ver con el sistema de radares, pero lo que llama la atención es que sea la misma persona que firma actas que luego sirven para impulsar la instalación mediática de la supuesta inseguridad en los aeropuertos», dijo Garré.

    Durante la interpelación estuvieron presentes el piloto y cineasta Enrique Piñeiro y trabajadoresde los sindicatos aeronáuticos que responden al jefe de la CGT, Hugo Moyano, y a quienes la ministra acusa de impulsar «la instalación mediática de la inseguridad en los vuelos».

  • Propósito

    Sobre el personal aeronáutico vinculado a la campaña mediática de denuncia, Garré mencionó por sus apellidos a César Salas, presidente de la Asociación de Controladores de Tránsito Aéreo, y a Marcelo Paredes, de la misma entidad y suboficial de la Fuerza Aérea.

    La intención original de Garré era realizar el encuentro de ayer hace dos semanas, pero en una unidad militar. Sin embargo, los senadores radicales amenazaron con boicotear el encuentro si no se realizaba en el Congreso.
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