La pena por un error evitable
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Si los hubieran observado pudieron haber tenido curiosidad y puesto toda su atención en estos aspectos decisivos: 1) hay exceso de liquidez internacional y capitales ávidos de ir adónde les ofrezcan alguna rentabilidad, sobre todo fuera de Estados Unidos, mientras la Reserva Federal mantenga tasas tan deprimidas; 2) los títulos argentinos no defaulteados tienen buena demanda interna y externa (el BOCON PRO12, por caso, en 4 meses y medio dio ganancias de 51,3% en dólares y el PRE8 en ese lapso tuvo una suba de 37%, también en dólares -ver nota en pág. 5-). En consecuencia, son apetecibles en este momento internacional tan particular los títulos argentinos que el gobierno paga -los únicos que paga-. Tienen demanda por buenos retornos aún en un país que repudia y castiga a los acreedores de sus viejos títulos (Global 2008 BOCON PRO2).
• Nueva emisión
¿Cuál es la consecuencia de esto o -es lo mismo-qué se habría hecho con un enfoque más racional en el gobierno? Simplemente podría haber sacado una nueva emisión de esos títulos nuevos no defaulteados, BODEN por caso, y recogido mil millones de dólares -monto algo difícil pero no imposiblepara pagos de la «deuda inter-na». Así Kirchner habría mantenido su popularidad porque, con ellos, habría solucionado el conflicto docente en Entre Ríos (su primera medida social derivando un crédito del Banco Mundial) o habría rehabilitado con subsidios los trenes de pasajeros como le agrada. Habría pagado los $ 50 a piqueteros y beneficiarios de planes sociales como «aguinaldo». Habría aumentado las jubilaciones y pensiones como hizo, adelantado el pago de aguinaldo a empleados públicos para que tuvieran felices fiestas, actualizado la devolución del IVA a exportadores (medida no imprescindible dado su buen momento). Pudo también haber inventado -como concretó- una deficitaria empresa estatal de aviación comercial con las ex LAPA y Dinar. Le habría dado los $ 400 millones que acaba de cederle al gobernador Insfrán de Formosa por devolución de favores del proselitismo. Le habría entregado a Julio De Vido, ministro de Planificación, los $ 1.000 millones para que fuerce con obra pública la reactivación desde el Estado. Y pudo más de lo mucho que hizo para satisfacer esa «deuda interna» que con honestidad lo obsesiona, aunque la resuelva equivocadamente.
A su vez, en caso de pedir esos 1.000 millones de dólares al capital privado nacional o internacional y usarlos, con los otros u$s 1.000 millones extra del superávit previsto en el Presupuesto, habría realizado un pago efectivo aunque simbólico -dado el monto adeudado-a los acreedores internacionales. Con eso hoy la Argentina tendría otra imagen en el mundo (además de menos cantidad de peligrosos juicios internacionales).
Pero pensemos que con el trato simple que se da a la economía en Casa de Gobierno se replicaría: si nosotros pedíamos 1.000 millones de dólares, en lugar de usar los nuestros sobrantes, acrecentábamos la deuda externa y pagábamos intereses por ellos. Como usamos nuestra plata, no.
Aquí viene lo que diferencia el enfoque del estadista: igual se acrecentó la deuda pública, externa o interna, en intereses por la situación impaga a nuestros acreedores en los dos últimos años correspondientes al default. Si teníamos el gesto honesto de usar nuestro impensado excedente de ingreso en pagarle al mundo, aunque simultáneamente le pidiéramos prestado con nuestros únicos títulos valorables, tendríamos la misma situación de deuda pero, en cambio, habríamos tenido otros beneficios. 1) Como mínimo, nos podrían haber prestado comprando títulos no defaulteados a una tasa internacional razonable, quizá no muy lejana a 9% anual con que hoy logra di-nero Brasil por respetar a sus acreedores y honrar sus deudas. 2) Estaríamos de nuevo insertos en el mundo financiero internacional. Insertos en el mundo, como hoy no estamos. 3) Tendríamos frenados los juicios internacionales y no habría riesgo de que nos embarguen aviones o edificios oficiales en el exterior. 4) Podríamos ser nuevamente, aunque fuera con cautela, receptores de capitales mundiales porque no olvidemos que el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), con sede en Washington, estimó que 40.000 millones de dólares vendrán este año a Latinoamérica, 28.000 de ellos sólo a Brasil. Los 12.000 restantes, a los otros países de la región, y apenas 150 millones -prácticamente nada-hacia la Argentina, que quedará en enorme desventaja no sólo frente a Brasil sino al resto de Latinoamérica. 5) Por último, volveríamos a tener futuro como nación con la posibilidad de cubrir el actual déficit en inversiones, mal que en dos o tres años trabará cualquier crecimiento alto.
• Una sola economía
Se equivoca el Presidente si, asesorado por vía de Horacio Verbitsky, cree que así piensan «economistas nativos con ideas no tan nativas». La economía racional es una sola, sin fronteras y sin dueño en derecha, centro o izquierda. ¿O, acaso, John Maynard Keynes, usado hoy en la Argentina para incentivar la reactivación desde el Estado, nació en Lanús? En el caso específico de estos 1.000 millones de dólares impensados de superávit, ¿que economía, la racional -nativa o gringa, pero racional-o la de entrecasa, habría sido más útil a la Argentina actual y a su futuro?
La única explicación a que en lugar de nuevo capital privado atraído de los mercados se haya usado el extra de superávit para mejoramientos sociales, perdiendo así nuestra oportunidad de comenzar a reencontrarnos con el mundo, debe ser que el gobierno Kirchner imagine que nunca va a pagar a los acreedores privados. Pero esto ya no es un enfoque errado de economía de entrecasa sino una ingenuidad que, con el tiempo, terminará siendo dramática para varias generaciones de argentinos. Kirchner ingenuo no es.




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