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14 de diciembre 2005 - 00:00

Los estadistas se reservan ensueños

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Evo Morales

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Atucha II es obra inconclusa -aunque bien mantenido lo realizado- desde que en 1995 la empresa alemana Siemens la discontinuó por crisis del gobierno argentino («efecto tequila»). La contratista, Siemens, tiene prohibido hoy en su país establecer centrales nucleares por lo cual es imposible que la continúe, ayudando a salvar el grave déficit energético argentino, aparte de ser una empresa que mantiene un pleito internacional por exigencia de una deuda con nuestro país por la licitación adjudicada y luego anulada de elaboración de los DNI. Siemens es socia minoritaria de la multinacional Framatane que, en el mejor de los casos, terminaría la construcción de Atucha II. Esta firma francesa, a su vez, no puede garantizar lo que construyó Siemens y luego suspendió por lo cual la continuación es una incógnita en cuanto a fecha de reinicio y costo final.

A su vez Yacyretá, construcción conjunta de la Argentina y Paraguay, produce electricidad pero en la cota de 76 a 78 metros sobre el nivel del mar. El proyecto original era llevar esa cota a 83 metros y agregar más turbinas. Por lo tanto también sigue siendo una frustración sobre el verdadero potencial energético que aliviaría déficits a los países socios. Por si no le faltaran males, Yacyretá fue llamada «monumento a la corrupción». Recordemos, también, que la Ruta Panamericana, atravesando verticalmente como una columna vertebral a Latinoamérica, nunca se terminó y que el principal tramo argentino llega a Pilar.

Otras represas argentinas largamente proyectadas, como Corpus y Paraná Medio (represas sucesivas), ni siquiera pasaron nunca de enunciados y obras jamás encaradas por nuestro país. Por eso se piensa en qué derivará este buen deseo de mandatarios del Mercosur sobre el faraónico gasoducto. Es bueno planear e iniciar estudios de factibilidad frente a necesidades energéticas acuciantes pero lo de estos días en Montevideo, en la reunión de presidentes, puede ser como ese festejo fantaseado del inicio del Mercosur por el encuentro entre los ex mandatarios Raúl Alfonsín y José Sarney de Brasil en 1985. Se festejaron los 20 años del lanzamiento desde gobiernos estatistas ambos pero el Mercosur se inició recién en 1991 con dos presidentes que no lo eran, Fernando Henrique Cardoso de Brasil y Carlos Menem de la Argentina y aún hoy sigue trabado y con futuro incierto.

Es respetable que el presidente Néstor Kirchner piense en soluciones grandes a problemas grandes, pero en su provincia y presidiendo el país se ha caracterizado por miniemprendimientos en obras públicas, necesarios pero destinados más a impactar y captar votos. No se le ven antecedentes ni a sus colaboradores como para lanzar una obra faraónica de 8.000 kilómetros de recorrido y costo de 10.000 millones de dólares que, si nos atenemos a lo visto en Yacyretá, podría terminar costando dos o tres veces más.

A poco que la obra igualmente se lanzara, si tiene cabecera de construcción en Venezuela -lo más probable- y se interrumpiera por cualquier motivo, dentro de la tradición de los países nuestros, el único beneficiado sería Brasil que al momento de una suspensión probablemente el gasoducto ya habría penetrado en su territorio, y tendría gas venezolano con transporte financiado por todo el Mercosur, aunque nunca vaya a llegar a la Argentina y Uruguay por ejemplo.





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