El populismo de izquierda de Néstor
Kirchner eliminó en los comicios el
domingo al populismo de derecha del
matrimonio Duhalde. Brotó en los mismos comicios un centroderecha
más consolidado que ranqueó
primero a Mauricio Macri y un
nuevo centroizquierda de socialismo
modernizado, de tipo internacional,
que encabeza el santafesino Hermes
Binner, capaz de desplazar en el dominio
de ese lado de la política al
«progresismo» kirchnerista.
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Ganaron en dos de los cinco principales distritos electorales del país, como son provincia de Buenos Aires (1° del país) y Córdoba (3°) que igualan en calidad política y superan en cifras de votantes a los tres en que perdieron, Ciudad de Buenos Aires (2°), Santa Fe (4°) y Mendoza (5°). Sólo el distrito capitalino, totalmente dominado por Mauricio Macri, puede significar una pérdida hostil. Pero no debería serlo el triunfo del socialista Hermes Binner en Santa Fe ni el del radical Julio Cobos en Mendoza.
Puede dolerles que Carlos Menem haya retenido 40% de la gente de La Rioja sólo con su pasado e insistencia frente al enorme poderío puesto en manos del ahora pro Kirchner Angel Maza que ganó para no asumir (lo hará su hermana pero él hizo la campaña) y hasta haberle sumado al triunfo oficial el exilio forzado de Jorge Yoma. Pero no era de suponer que el ex presidente no llegara al Senado, ni que no lo hiciera Adolfo Rodríguez Saá que alcanzó 63% de los votos en San Luis.
También puede dolerles al matrimonio gobernante y su entorno el enorme esfuerzo -físico con viajes presidenciales y monetario- desplegado contra el nada querido Jorge Sobisch en Neuquén y que éste haya ganado con casi 50% de los votos.
No es común -y menos multitudinario- en países emergentes pero los Kirchner deberían aceptar que al menos existen bolsones de población en toda sociedad que vota con sentimiento y otros con raciocinio y que no todos devuelven en las urnas las prebendas recibidas. En definitiva, revaloriza a un país cuánta de su gente emite sufragio por políticas globales, internas o externas, por encima de los aportes directos del gobernante con fondos disponibles para sustentar su poder. No es sólo una cuestión de ética de la gente sino de desarrollo económico de un país.
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