13 de octubre 2003 - 00:00

Pendientes por cita con Castro

La Habana, Cuba (especial) - Las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Cuba fluyeron en horas, a juzgar por los resultados de la visita de Rafael Bielsa a La Habana, que se inició con un periplo turístico de bienvenida que condujo Felipe Pérez Roque, canciller cubano.

La recorrida se pautó clásica: hospitales, mercados, museos, pero Bielsa llevaba la pretensión de recorrer La Habana colonial. Lo logró al mediar la tarde, cuando sorprendió a cubanos domingueros y a una nube de periodistas, casi llena por el diario comunista «Granma» -el único que cubre allí estas cuestiones- cuando el Lada ruso de Pérez Roque estacionó conducido por él. No soportó Bielsa la curiosidad de manejar ese modelo exótico de automotor y será por diplomacia que le fue cedido para que se diera el gusto.

A esa altura del viaje, ya había pasado el almuerzo en La Divina Pastora, junto a la bahía, con una mesa de variedades de mariscos y langosta. Fue en esa oportunidad que el canciller, informalmente, como se presentaba la ocasión, le comentó a su homólogo la idea de formar una comisión entre los países para ver cómo Cuba pagará los u$s 100 millones que le debe a la Argentina. También le dijo que existía la posibilidad de emitir bonos de la deuda que fueran licitados en nuestro país para atracción de inversores en la isla.

A Bielsa lo conocen en La Habana de viajes que ha realizado y más recuerdan al último embajador argentino, Jorge Telerman, quien integró la comitiva junto con el otro ex embajador allí, el radical Oscar Torres Avalos.

Por supuesto que viajó el entrerriano Raúl Taleb, quien hoy hará su presentación de las cartas credenciales y se dispondrá a participar de las firmas de convenios oficiales que le corresponde por asentarse en la isla como el delegado diplomático criollo, tras 14 años de ausencia de un embajador argentino allí.

Bielsa
, pasada la media tarde, intentaba resolver problemas comunicacionales, no de su propia habilidad que le es vasta, sino por conseguir un teléfono celular. Es importante, porque por ese aparato esperaba la llamada de Fidel Castro, costumbre del dictador de telefonear inesperadamente a sus visitantes para invitarlos a la entrevista de ocasión, en general extensas por los conocidos discursos del cubano.

La primera visita de Bielsa fue a un policlínico, donde le explicaron que ése es el segundo eslabón del sistema de salud cubano, que empieza con el médico de familia para la atención primaria, sigue con los policlínicos a razón de 400 establecimientos para 169 municipios, que le indicaron que, de ésos, 82 están siendo restaurados para un nuevo modelo de atención en esas salas, a las que siguen en complejidad los hospitales y los centros de especialidades.

Después,
Bielsa, Pérez Roque y toda la comitiva se concentraron en el mercado agropecuario, que es una suerte de centros de abastecimiento que abaratan las mercaderías para los cubanos, lo que llamó la atención del canciller por los bajos precios y se atrevió a comprarse una piña.

Intenso calor

La temperatura llegaba a los 32 grados, subiendo hacia La Habana de oriente, cuando el grupo llegó con Bielsa conductor al centro colonial, por donde paseaban, además de los cubanos en su día de descanso, una troupe en zancos haciendo música y baile dentro de las actividades de promoción cultural de la ciudad.

No estaba en la agenda quedarse ahí,
como tampoco un desvío a la heladería, que les obligó la calurosa jornada, que variaba de 32 a 35 grados y un poco más. Recién entonces, antes de que cayera la tarde, entraron al histórico Palacio de los Capitanes Generales, una de las edificaciones majestuosas que se levantaron a fines siglo XVIII. Por ejemplo, está dentro el Salón de los Espejos, lugar de encuentro de la aristocracia y militares. El Salón Trono tiene las paredes tapizadas en rojo con telas de seda y otras salas que acuñan reliquias, que les describió el historiador cubano Eusebio Leal, sorprendiendo a Bielsa.

Ya al anochecer, el canciller estaba munido de su teléfono celular, pero la cena no fue con
Castro. La comida para terminar el día era anoche una recepción de Ricardo Alarcón de Quesada, el vicepresidente de la Asamblea Popular en una de las casas de Protocolo.

Hoy los visitantes mantendrán una entrevista con el titular del Banco Central y otra con el presidente del consejo de ministro,
Carlos Laje Dávalos, mientras esperan cenar con Castro antes de regresar.

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