Luiz Inácio Lula Da Silva, comenzó ayer su mensaje ante la Asamblea Legislativa, dejando en claro su preocupación por la situación en Bolivia. El brasileño, pocas horas antes, había acordado con Néstor Kirchner el envío de una misión observadora a ese país que se debate en una crisis política sin precedentes.
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Pero ésa no fue la única preocupación del día en el Congreso. Faltaban pocos minutos para la llegada de Lula y la luz no había vuelto al edificio, producto del apagón que afectó a todo el macro y microcentro porteño. Daniel Scioli y Eduardo Camaño habían ordenado encender el generador de emergencia del Congreso, pero este sólo alcanza para iluminar uno de los recintos a la vez, pero no para mantener el aire acondicionado en funcionamiento. Una experiencia similar se vivió durante el extraño corte de luz producido en medio de la sesión donde se debatía la expulsión de Luis Barrionuevo.
Pero cuando al temperatura ya empezaba a subir en el recinto de Diputados, volvió la electricidad y Lula pudo comenzar su discurso con el aire fresco del sistema en funcionamiento.
Es conocido que el presidente brasileño habla un portugués cerrado difícil de entender, incluso para algunos conciudadanos. Mucho más para los argentinos. Prueba de esto fueron las protestas de los diputados y senadores ayer por la falta de un sistema de traducción simultánea. Muchos de los presentes entendieron poco del mensaje, por lo que decidieron aplaudir sólo en los momentos en que el mensaje les quedaba claro.
No despertó Lula en este viaje la misma pasión que se vio en los legisladores argentinos, cuando el brasileño ingresó al recinto en el acto de asunción de Néstor Kirchner. Incluso se podían ver muchas bancas vacías, algo extraño, tomando en cuenta que en la Asamblea Legislativa se suman los 72 senadores para ocupar las bancas.
El mandatario eligió un discurso distendido al que por momentos quiso darle toques intimistas, al punto de improvisar el último tramo. «Jamás podría haber una disputa de liderazgo, porque somos dos grandes naciones que estamos llamados a desempeñar una tarea decisiva en el continente para crear una región justa y solidaria», dijo con relación a las conocidas rencillas entre los dos países por la supremacía en el Cono Sur, intentando ahuyentar los celos generados en los últimos meses.
«Los gobernantes no nos podemos quedar de brazos cruzados ante la pobreza, por lo tanto, tenemos que asumir la responsabilidad para lograr un Mercosur fuerte, justo y solidario», dijo.
Lula llegó a la Cámara de Diputados acompañado por su esposa, Marisa Leticia, que ocupó un lugar al lado de la presidencia junto a Karina Rabolini, que ofició de primera dama como esposa de Scioli, presidente de la Asamblea Legislativa.
Inició su discurso advirtiendo la necesidad de defender la democracia y los parlamentos frente a las críticas contra las instituciones: «No habrá democracia en un país lleno de contradicciones, de diversidades, pero la democracia nos da la certeza que dormiremos toda la noche y al levantarnos no habrá un policía para aprehendernos», remarcó.
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