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7 de septiembre 2005 - 00:00

Si de los dos populismos queda uno, gana el país

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Chiche Duhalde

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Es lamentable para el país. Pensemos que el mejor desarrollo hoy de Brasil -que crece en base a exportar más industria y no efectuar más gasto público como nosotros- tiene en su futuro político tres hombres impulsores de la libre empresa y la racionalidad económica: Lula da Silva, si supera esta crisis grave al momento de la reelección (2006); José Serra, intendente de San Pablo, político moderno, propulsor de la economía abierta; y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, dispuesto a repetir mandato. Ningún populista en el país con economía más fuerte de Sudamérica. En cambio en nuestro horizonte político sólo se ven clientelistas para malgastar fondos públicos sin visión de futuro.

Es consecuencia inevitable para el país de dos factores. Uno es la imprevista bonanza que viene desde el sector externo a partir de la gran revalorización de los productos primarios que produce el campo, simplemente porque China sumó 400 de sus 1.300 millones de habitantes, al consumo de alimentos y cierto confort como en Occidente. El segundo factor para que hagamos comicios para elegir principalmente entre populismos es la forma criticable de ser de nosotros, la mayoría de los argentinos: desde 1946, primer populismo, damos preferencia política a los que prometen repartir y no a los que proponen crecer. Así hemos desperdiciado ciclos de bonanza nacional -como el actual- para caer en periódicos infiernos como no poder comer otro pan salvo el de centeno (con Juan Perón de 1952); debilitar el autoabastecimiento petrolero y retrasar la exploración por anular contratos (con Arturo Illia en 1964); dejar semiparalizado al país, dominado por sindicalistas y caer en el «rodrigazo» (con Isabel Perón en 1975); endeudado internacionalmente a las tasas más altas (con el Proceso en 1982); en la primera hiperinflación de nuestra historia (con Raúl Alfonsín en 1989); en default y «corralito» en el reciente 2001. Y todavía no aprendemos a prevenirnos de los ciclos para que no sean terroríficos.

Hoy de nuevo tenemos bonanza, esta vez por China y la soja; en los '90 porque vendimos las empresas públicas. Nos aguarda una futura caída terrible, como las anteriores. Siempre por lo mismo: con la abundancia circunstancial brota siempre en la Argentina el clientelismo hasta una nueva caída al precipicio. Domingo Cavallo pronostica el nuevo traspié para 2011. Algunos creemos que si esta vez no tenemos uno sino dos populismos pugnando desesperadamente por quién reparte más para imponerse al otro, el nuevo estallido económico puede ser antes, aunque nadie lo cree inmediato.

Todo dependerá de la pregunta que hoy más se hacen los sectores productivos, los que actualizan planes de inversión, los sectores moderados de la sociedad argentina. La pregunta es: ¿se unirán o se encarnizarán más el populismo duhaldista y el kirchnerista después de los comicios del 23 de octubre?

Desde ya dependerá de los votos pero, centrados los comicios en estos contrincantes, no parece probable que ningún resultado le convenga al país. Como hoy, comienzos de setiembre, están las cosas pareciera que las «cajas nacionales» repartidoras del gobierno a favor de Cristina Kirchner la pondrían a ésta en votos por encima de la esposa de Duhalde, a la que apoyan pocas «cajas municipales» bonaerenses, los fondos por voto del PJ, y otras vertientes más y la añoranza de los repartos de las «manzaneras». A eso los Duhalde suman la picardía, fiscales en toda la provincia, la habilidad de haber sumado a Luis Patti, la adhesión de Moria Casán desde la Capital, el apoyo indirecto de Carlos Menem. El duhaldismo suma algo más: cierto apoyo, no cuantificado aún pero perceptible, del centroderechismo provincial que no comulga con el clientelismo retrógrado clásico del matrimonio bonaerense, pero mucho menos con el kirchnerismo, con la soberbia de éste, su iracundia constante y su reivindicación exagerada de la subversión setentista. Un centroderecha bonaerense en apoyo que nunca será reconocido por los Duhalde pero que le restará votos a Ricardo López Murphy y también al ARI para concentrarlo en la más visible opción antigobierno, con posibilidad de obtener fuerza en las urnas, que es Chiche Duhalde.

Pese al terrible poder de fuego electoral del gobierno -sólo por retenciones no coparticipables con las provincias puede disponer a su antojo de 15.000 millones de pesos por año- las fuerzas bonaerenses están más parejas de lo que se supone. Un triunfo por arriba o rozando 40% de Cristina Kirchner significaría 20% o menos de la señora Duhalde. No elimina automáticamente al matrimonio y el «aparato» bonaerense. Pelearán pero serán sector político en extinción. Cristina 35% y Chiche Duhalde 25%, o guarismos cercanos, es hoy más probable -todavía sin usar aumento de planes Jefas/ Jefes ni general para todas las jubilaciones- pero sería el peor económicamente. Allí podrían odiarse más ambas parejas pero se necesitarán en el Congreso como primer y segundo bloque, decisivos en votaciones. Además, serán «bloques móviles» porque los acuerdos a cambio de fondos que se hicieron con Kirchner -obviamente no compartiendo ideales ni metas- pueden tornarse fugaces en cuanto vean el poder dividido. Duhalde, además, tendrá la opción del candidato Roberto Lavagna a presidente contra el propio Néstor Kirchner en 2007. Precisamente con la futura candidatura de Lavagna el caudillo Eduardo Duhalde logró cerrar el acuerdo con Luis Patti. Los Kirchner, que hacen política desde la iracundia, no desde el análisis con frialdad, con Lavagna ya están perdidos: si lo sacan lo engrandecen, lo victimizan en el éxito, y le hacen un favor como sería no encabezar desde el Ministerio de Economía el ajuste que hay que hacer en 2006 -sin elecciones- para poder volver a abrir los grifos del gasto público, los subsidios, para 2007. Si lo dejan como ministro del ajuste sumará electores moderados, empresarios y gente de la libre empresa también hacia 2007 en su propio beneficio, al ver «otro» Lavagna.

Más de 40% de Cristina Kirchner, menos de 20% de Chiche Duhalde es hoy el único resultado electoral que salvaría al Presidente de la encrucijada política a que lo llevó su inexperiencia. Con esas cifras terminaría más tarde o más temprano con Duhalde y con la amenaza presidencial de Lavagna. Hasta hoy es ésta de 40% o más, cifras difíciles de conseguir y sólo las dan encuestas pagadas por el gobierno o de oficialistas como «Clarín».



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