Mutan el nombre, aunque refieren a lo mismo: unos hablan de «moderados»; otros, de partidos moderados de centro. Lo cierto es que -más allá del sello-empezó a construirse de a poco un eje opositor a Néstor Kirchner. El primer paso lo dieron días atrás el neuquino Jorge Sobisch y el bonaerense Luis Patti. La semana próxima, sólo como instancia de acercamiento, el ex policía avanzará otro poco: compartirá una mesa servida con el salteño Ricardo Gómez Diez, interlocutor de los provinciales.
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A futuro, la ronda podría ampliarse al santafesino Alberto Natale y aterrizar incluso en territorio porteño, vía una aproximación todavía prematura a Jorge Vanossi, único electo del macrismo que quedará sin techo, ya que los demás mudarán sus trastos al peronismo.
Por ahora, y sin urgencias, en la velada estarán únicamente Patti y Gómez Diez para comenzar a bosquejar un esquema de coincidencias que les permita mantener más allá del 10 de diciembre (cuando asumen nuevos legisladores) el acuerdo parlamentario actual. Gómez Diez, aliado en abril de Ricardo López Murphy, encarna en el Congreso, en jefatura compartida con Natale, el frente provincial que derivó incluso en la conformación de interbloques en las dos cámaras con un caudal de 20 votos en Diputados y 6 en el Senado. «Es para cruzar opiniones», auspició Patti, que en diciembre abandona la intendencia de Escobar y, con tiempo libre disponible, se dedicará a consolidar su partido, el PAUFE, y a apuntalar el espacio (lo define como centroderecha) que comparte con Sobisch.
Gómez Diez es más pretencioso: «Ante el hegemonismo del peronismo, tenemos que tratar de acercarnos entre las fuerzas moderadas para armar una alternativa», aportó el salteño, que el 16 de noviembre tiene elecciones en su provincia para definir, además de gobernador, 4 diputados nacionales.
No es un detalle menor: recién el 23 de noviembre se clausura el cronograma electoral en el país y los provinciales confían en ampliar su tropa sobre todo en Corrientes, Tucumán y Salta. Igual festejan a cuenta el ingreso del vecinalista cordobés Carlos Rossi en el Senado.
Pero, a medida que se abre el juego y se amplía el universo, asoman las rispideces. Natale, por caso, no simpatiza con Sobisch, por lo que surge allí un factor disonante en la pretensión de unificar, siempre respetando las identidades locales, a los «moderados».
Algo parecido ocurre con Mauricio Macri y con Ricardo López Murphy, distantes entre ellos. Ambos calzan en el molde original, pero sus acoples parecen mucho más engorrosos: no tanto para Macri, que sumó el apoyo de los provinciales en Capital; sí, en cambio, para el economista.
De hecho, López Murphy tiene pendiente un debate con los delegados provinciales que en abril apostaron a su candidatura presidencial y que no le perdonan que en la puja porteña haya competido del brazo de Patricia Bullrich, en vez de contener a Macri. «Tenemos que sumar voluntades», promueve Patti; «hay que armar un espacio lo más amplio posible», apuesta Gómez Diez. Y coinciden en advertir sobre la tendencia hegemonista de Kirchner y, en menor medida, del peronismo.
Quizás en este último punto está la diferencia más espinosa: Patti y Sobisch se declaran peronistas, mientras que los provinciales, en general, huyen cuando escuchan la tonada de Hugo Del Carril.
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