"Hay que sacar esa ley sobre las tropas norteamericanas, 'Mono'. Inmunidad total". Así fue la orden que le impartió en persona Néstor Kirchner a José María Díaz Bancalari, el presidente del bloque de diputados peronistas, conocido familiarmente con el seudónimo de primate. Díaz Bancalari pareció siempre un díscolo pero sobre todo cuando no formaba parte de un esquema de poder, como sucede actualmente. Por eso refunfuñó, apenas. Claro, no había sido lo conversado con Rafael Bielsa cuando el canciller concurrió a la Cámara y adelantó que «lo conversado con la embajada y con (Roger) Noriega es que se les daría sólo inmunidad funcional».
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La discusión sobre el grado de protección que tendrán las tropas de los Estados Unidos que visitarán el país para hacer maniobras militares condiciona el viaje de esos soldados. Las autoridades de Washington se expresaron a través de distintos canales sobre la imposibilidad de que viajen si no están sustraídos de cualquier riesgo policial o judicial.
Si bien Bielsa había elaborado un proyecto concediendo la impunidad «funcional» (es decir, una protección para no ser juzgados según la ley argentina en hechos que tengan que ver con el ejercicio de su tarea profesional), el secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, corrigió la iniciativa y extendió esa inmunidad a cualquier tipo de hecho.
Anoche, la polvareda de Diputados encegueció a Díaz Bancalari, quien atinó a musitar: «¿Qué les vamos a decir a los muchachos de la izquierda? Nos van a hacer trizas». A ese comentario Kirchner contestó con un «votala igual». «El Mono» se envolvió en la bandera norteamericana de inmediato y con esa indumentaria recorría el Congreso anoche en busca de obediencia.
• Relaciones
La decisión presidencial dará para muchos comentarios. Por ejemplo, algunas acotaciones a la frase del jefe de Gabinete Alberto Fernández, «no tendremos relaciones carnales sino maduras». Lo cierto es que el alineamiento del actual gobierno comienza a resultar llamativo y, según quien lo mire, hasta satisfactorio. Pero también habría que observar alguna incongruencia. Una administración que dudó poco antes de admitir el juzgamiento de militares argentinos según la ley española (tal lo que pretendía Baltasar Garzón) ahora ofrece inmunidades totales a militares extranjeros.
Un lapsus similar se detectó en el general Roberto Bendini. No puso reparos a que sus subordinados sean objeto de «escraches» en España si se los extraditaba; pero llamó por teléfono al agregado militar del Reino Unido en Buenos Aires para que impida el viaje del jefe del ejército inglés a la Argentina para evitarle ese tipo de manifestación adversa. «I was shocked» («quedé shockeado») fue el comentario que este militar y diplomático le hizo a un amigo cuando terminó la conversación con Bendini.
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