El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Odiarlo devenía inevitablemente a tener que solidarizarme con Jorge Fontevecchia, alguien al que considero de los más carentes de derecho a quejarse por sus tropelías históricas. Pero, claro, si lo querellan para castigarlo debe ser apoyado en su derecho a la libertad de opinar, sin duda.
Fontevecchia es editor de medios sólo porque su correcto padre lo era. Si hubiera tenido fábrica de fideos el vástago sería fideero.
Los funcionarios están, además, siempre más expuestos en cualquier país a la crítica severa como resguardo de las formas democráticas.
Convengamos también que, en esta época, editores y periodistas que no se hayan subordinado al gobierno o no sean progresistas tienen escasas garantías de imparcialidad en los estrados judiciales para enfrentar «querellas» porque hay claudicación de parte considerable de la Justicia ante el mismo gobierno actual. Baste pensar qué le pasaría a un hombre de prensa no oficialista que terminara su juicio en esta Corte Suprema.
En este contexto de la prensa en el país hasta alguien como Fontevecchia (h) puede ser víctima.
El editor de «Noticias» anduvo siempre a los empujones pero no en cuestión de ideas. Por ejemplo, hay que tener estómago y una visión muy particular sobre la ética y los valores que debe expresar el periodismo para hacerle una nota crítica al funcionario Albistur porque no le da plata en avisos -algo que está pésimo en el gobierno, desde ya- pero en su mismo medio dedicarle, recientemente, una nota loatoria de varias páginas a Horacio Verbitsky, que usó en el pasado otra plata, la de secuestrados por Montoneros, y apretó el detonador como «comandante Zalazar» de una bomba que mató a transeúntes inocentes.
Esa dicotomía fue siempre el «periodismo estilo Fontevecchia». Por ejemplo, mandarle a revisar para sus revistas los tachos de basura de famosos para descubrirles de su vida privada alguna jeringa. Es vanagloriarse de haber sido duro con «los gobiernos de Menem, De la Rúa, Duhalde», pero no agregar que no por convicciones sino por la incapacidad de no saber hacer otro periodismo que ser «opositor como sea».
Su modo histórico fue ir a pedirle a Carlos Menem que lo ayudara a refugiarse en la Embajada de Venezuela y luego buscar destrozarlo en su gestión no sobre hechos sino sobre intimidades. O publicar la fotografía de algún conocido cuando salía acompañado de su hotel. Usar el sacrificio de la vida de un fotógrafo audaz como José Luis Cabezas para buscar exorcizarse y decenas de bajezas más. Por caso halagar al
Dejá tu comentario