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El pasajero acaba de desembarcar del vuelo de United que lo trajo desde Ezeiza a Nueva York, y atraviesa la puerta verde que lo separa de lo desconocido. Del otro lado lo espera una pareja, de ropas tan modestas como las suyas; son las seis de la mañana; el durísimo invierno neoyorquino le da la bienvenida con ráfagas de 30 km/h y un «wind chill factor» (sensación térmica) de -14°C, temperatura para las cuales su jean y su campera de nylon no están preparados.
La pareja lo recibe con semblante sombrío y sin efusiones: El corredor de bienes raíces asegura que
Por eso, dice, muchas veces los recién llegados encuentran dificultades para cumplir con el alquiler.
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