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«Hay que tratar a las grandes figuras de igual manera que al resto. El respeto se gana respetando», aconsejó. En primera fila, escuchaban mezclados OscarVicente (director de Petrobrás Energía), José Carlos Cosenza (gerente general de Petrobrás Argentina),Víctor Rosso (Honda Motors) y hasta el corredor de autos Juan Manuel «Pato» Silva.
Un poco más atrás, pero en el sector VIP también, se ubicaron directivos de petroquímicas, Bodega Bianchi, General Motors, Aerolíneas Argentinas y varias estaciones de servicio.
Se organizó en el porteño Lola Membrives, bajo la convocatoria de Petrobrás, y comenzó a las 19. Mientras el público aguardaba al DT, la curiosidad iba en aumento -nadie sabía bien a qué conclusión llevaría la relación entre la estructura empresarial y el equipo de jugadores-.
Impactaron algunos consejos del técnico: «Uno tiene que ponerse la camiseta del lugar en el que está. Se es profesional y al mismo tiempo competidor. Perder no le gusta a nadie».
Antes de empezar, los temas de conversación de los oyentes en el hall se repartieron entre las elecciones porteñas (con predominantes elogios a la gestión de Mauricio Macri en el club) y los comentarios que involucraban tanto a Bianchi como a Carlos Bilardo en conferencias a las empresas sobre psicología y técnicas de conducción. «Es la primera vez que las clases se dan en un teatro, pero no es novedad.
Hace ya tiempo que los técnicos dan consejos en las empresas a directores y trabajadores», dijo.
Después de un espectáculo introductorio del grupo Choque, muy impactante, con pelotas de distintos tamaños en medio de un juego de baile y música, entró Bianchi. Con su habitual humildad, lanzó un discurso simple, sobre la incidencia de la cultura en el interjuego de roles y liderazgo.
«Como hay empresas unas más poderosas que otras, hay equipos mejores que otros», explicó.
Hasta el propio Robert Bales -autor de las teorías más utilizadas sobre grupos laborales y organización empresarial- se hubiera asombrado de las similitudes que Bianchi encontró entre la cancha o la pelota y la capacidad de producción o la materia prima. «Lo que cambian son las dimensiones de la cancha. Los que juegan son siempre los mismos, 11 contra 11», aseguró. «Manejar a los argentinos es bastante complicado. Los franceses escuchan y respetan. El argentino estudia todo y espera encontrar una falla para retrucar», trajo a colación.
Inmediatamente, se proyectó una película con un gol del actual técnico xeneize en 1968, cuando con la camiseta de Vélez sacudió a Amadeo Carrizo. «Es mucho más difícil prepararse para la victoria porque ganar provoca confusiones. Por otra parte, el que dirige tiene que tener un discurso preciso», explicó y agregó: «El discurso de la derrota, en cambio, es mucho más fácil». «Es verdad lo de la oveja negra», «Prefiero repetirme que contradecirme» o «Sólo los imbéciles no cambian de opinión» fueron algunos de los ejemplos.
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